El claustro de Palamós, en 2012
El claustro de Palamós, en 2012 - Inés Baucells

Un nuevo estudio reabre el debate sobre el claustro de Palamós: el 43% de los capiteles son del siglo XII

Un libro publicado por la Universidad de Salamanca defiende la antigüedad de las arcadas de Mas del Vent y su origen en la catedral de la capital charra

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El claustro de Palamós es tan románico como el de San Pedro el Viejo de Huesca y otros monumentos restaurados de cuya autenticidad nadie duda, ya que 19 de sus 44 capiteles (el 43%) son del siglo XII, así como el 37% de los cimacios (molduras que rematan los capiteles) y gran parte del zócalo. Así se constata en el libro « Salamanca, Ciudad Lineal, Palamós. Las arcadas claustrales de Mas del Vent», publicado por la Universidad de Salamanca, que el próximo lunes 18 de febrero se presenta en la capital charra y que analiza con rigor académico uno de los casos más polémicos de los últimos años.

Pocas piedras han suscitado tan enconados debates como las arcadas claustrales de Mas del Vent de Palamós, en Gerona. Desde que los propietarios de la finca las dieran a conocer en 2010 en una revista de decoración, se sucedieron los análisis y discusiones sobre la autenticidad o falsedad del claustro. En 2014, el estudio encargado por la Generalitat y dirigido por el catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Gerona Eduard Carbonell concluyó que era una recreación de principios del siglo XX, el más extraordinario caso de falsificación de escultura románica en España, y no un valioso monumento, con piezas del siglo XII, como defendía Gerardo Boto Varela, director del departamento de Historia del Arte de la misma universidad.

El informe de Carbonell echaba por tierra también la hipótesis de que las arcadas claustrales procedían en origen del antiguo claustro románico de la catedral de Salamanca. Sus autores concluyeron que no existía ninguna base documental, ni material ni artística, que permitiera reconocer la autenticidad de parte alguna del conjunto y tras su dictamen, la Dirección General de Patrimonio de la Generalitat rechazó la protección y conservación del claustro.

Ahora, una docena de expertos en Historia del Arte, Geología o Arquitectura, coordinados por Boto Varela, aportan nuevos argumentos que defienden la antigüedad de un buen número de piezas del claustro y apuntan a su origen salmantino.

«Si lo conservado procede de algún sitio, este es del claustro catedralicio salmantino», afirma «sin la menor duda» Antonio Ledesma, investigador postdoctoral en el CSIC-Instituto de Historia.

El claustro románico de la catedral salmantina se desmontó en 1785 y se desconoce el paradero de aquellas piedras. No fueron reutilizadas en otros lugares, ni se ha encontrado ningún elemento de aquella antigua construcción. Los autores de este estudio sostienen que durante más de un siglo se conservaron apiladas en un almacén situado en Salamanca -todo apunta al Colegio de Calatrava como último punto de depósito, aunque los investigadores reconocen que no es posible saberlo con exactitud- hasta que fueron vendidas, con la autorización del obispo Julián de Diego, al anticuario Ignacio Martínez. Éste las trasladó a Ciudad Lineal, en Madrid, donde a partir de este núcleo de piezas originales volvió a montar el claustro completándolo con más piedra, procedente también de Villamayor (Salamanca), pese a que le hubiese sido más fácil y más económico comprarla de Colmenar. Su intención era tener un conjunto fotografiable para vender el claustro a algún magnate americano con ayuda de Arthur Byne, el celebérrimo intermediario que llevó a EE.UU. claustros y monasterios desmontados por piezas y proporcionó a William Randolph Hearst los artesonados antiguos para su residencia californiana. Pero la muerte en accidente de Byne frustró la operación y finalmente, las arcadas fueron compradas por el industrial alemán Hans Engelhorn, que las instaló en 1958 en Mas del Vent.

Arcadas de Mas del Vent
Arcadas de Mas del Vent - Inés Baucells

Ledesma asegura que «en Salamanca por esas fechas se daban múltiples ventas de bienes culturales y de una envergadura similar a la del claustro (el caso del retablo de Fernando Gallego en la Catedral de Ciudad Rodrigo, los capiteles de su claustro y los del desaparecido de San Juan de Barbalos, ya en Salamanca capital, resultan esclarecedores)».

«Teniendo en cuenta todo el patrimonio salmantino conservado y su entidad, nos podemos hacer a la idea de qué sucedió en la ciudad a orillas del Tormes», señala este experto recordando a Gaya Nuño, maestro de la Historia del Arte, que allá por 1964 dejó escrito que: «precisamente, si el museo de Salamanca, o el de Marsella, o el de Coimbra son tan escasamente llamativos, no es sino porque los fondos que debieran contener son los que han emigrado al estado de Virginia, de Carolina del Sur o de Michigan».

Existen suficientes evidencias, y no solo indicios, que permiten establecer la relación entre Salamanca y Mas del Vent

Por aquel entonces, relata Ledesma, se encontraban en Salamanca realizando transacciones Addison Mizner, León Levi y Arthur Byne entre otros destacados protagonistas. Las ventas no solían quedan reflejadas sobre el papel por razones obvias, pero hay constancia en un asiento contable en la catedral de 1917 de que a Ignacio Martínez se le vendieron dos arquetas de madera y piedra. Es posible, como plantean los investigadores, que del antiguo claustro catedralicio.

«Existen suficientes evidencias, y no solo indicios, que permiten establecer la relación entre Salamanca y Mas del Vent», asegura este experto en la «Catedral Vieja» de Salamanca para quien la ausencia de información por parte de especialistas de la época «es una constante del momento y, por tanto, el ‘silencio’ (al que se referían los autores del informe Carbonell) ni confirma ni desmiente nada». Además, subraya, «la corriente neomedievalista en la ciudad es incapaz de reproducir muchos de los capiteles que vemos en Palamós».

Un capitel del claustro de Palamós
Un capitel del claustro de Palamós - Inés Baucells

Ledesma resalta que su trabajo «no se trataba tanto de determinar la filiación Salamanca-Mas del Vent, como de confirmar o desmentir si este proceso pudo acaecer en ese contexto local y si existían elementos suficientes que lo avalasen» y «la respuesta, por si queda alguna duda, es afirmativa. Con rotundidad».

Para el historiador del arte Juan Antonio Olañeta, cofundador y expresidente de la asociación de Amigos del Románico, «son muy numerosos los argumentos que se presentan en el libro que apuntan a pensar que podría ser auténtico, al menos una cantidad relevante de las piezas que lo componen». A su juicio, en este estudio, «el más riguroso sobre el tema», se da «cumplida y argumentada respuesta a gran parte de las objeciones que se planteaban en los informes oficiales encargados por la Generalitat, entre ellas al argumento ad silentio, es decir, a la ausencia de noticias sobre las piedras».

«Si he de decantarme, creo que es más probable que las conclusiones a las que ha llegado el equipo coordinado por Boto sean las correctas»

«Si he de decantarme, creo que es más probable que las conclusiones a las que ha llegado el equipo coordinado por Boto sean las correctas», afirma Olañeta, a quien también convencen los argumentos sobre la procedencia de las arcadas de Mas del Vent en el claustro catedralicio salmantino. «La acumulación de todos los indicios de los que se dispone, que coherentes entre sí quedan cerca de ser evidencias, parecen apuntar en esa línea», añade este profesor de la Universidad de Barcelona y la Universidad de Lérida, que reflexiona en la obra sobre los protagonistas, posicionamientos y opiniones en el debate sobre el claustro de Palamós.

Olañeta lamenta que en estos momentos el claustro carezca de figura de protección patrimonial y los capiteles situados en el suelo se estén deteriorando a un ritmo acelerado. «Si en un futuro se encuentra la prueba definitiva e irrefutable de que se trata del claustro de la catedral de Salamanca, estaremos ante uno de los mayores ridículos de la historia en lo que se refiere a conservación y protección del patrimonio», vaticina.