Nueva York exhibe los tesoros de Afganistán salvados del terror

Nueva York exhibe los tesoros de Afganistán salvados del terror

ANNA GRAU | CORRESPONSAL NUEVA YORK
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En 1978 los arqueólogos que trabajaban en en Tillya Pepe, al norte de Afganistán, descubrieron tumbas de antiguos nómadas que nadie había perturbado durante dos mil años. Contenían los restos de un jefe nómada y de cinco mujeres, todos ellos cubiertos de suntuosos adornos: coronas, espadas y ropas con aderezos de oro. Era un hallazgo impresionante y representativo como pocos del cruce de culturas en Asia Central. Todo ello fue al Museo Nacional de Kabul.

En 1988 dicho museo no parecía el sitio más seguro para alojar ni este ni ningún otro tesoro arqueológico. La guerra civil y la jihad campaban por sus respetos. Las autoridades del museo escondieron todo lo que pudieron en el Ministerio de Información, en la cámara acorazada del Banco Central e incluso en el palacio presidencial.

Las personas que custodiaron los tesoros hicieron juramento de confidencialidad y devinieron «guardianes de las llaves», a menudo poniendo en peligro su propia vida. Particularmente, a partir de 2001, cuando los talibanes lanzaron una brutal ofensiva de destrucción cultural. Encontraron algunas de las piezas ocultas en el Ministerio de Información, pero, las que desde 1989 estaban en el Banco Central y en el palacio presidencial se salvaron. Volvieron a salir a la luz en 2003, coincidiendo con la caída del régimen talibán después de la ofensiva estadounidense.

Hoy esos tesoros se exhiben en el Metropolitan Museum de Nueva York. Del 23 de junio al 20 de septiembre se podrá visitar una muestra apasionante por lo que contiene y por la emocionante historia de su conservación. «Cuando admiramos estas obras tan frágiles, de factura tan delicada, no podemos menos que asombrarnos de su supervivencia», afirma Thomas Campbell, director del Metropolitan. La exhibición incluye un documental de 13 minutos que narra el descubrimiento de las piezas y su dramática recuperación, realizado por el autor afgano-americano Khaled Hosseini, producido por National Geographic.

¿Está o no está el mundo lleno de contrastes? En el mismo país donde un juez del estado de Florida tiene que ordenar a los cazatesoros de Odyssey que suelten su presa y devuelvan la carga del galeón español Nuestra Señora de las Mercedes, se exhibe y se honra un tesoro salvado por el heroísmo anónimo -y completamente gratis- de un puñado de afganos. Capaces de preservar el orgullo y el legado cultural de su país a través del más oscuro de los tiempos.

Said Tayeb Jawad, embajador de Afganistán en Estados Unidos, expresa ese orgullo en estos términos: «Afganistán ha sido siempre el corazón de Asia. La centralidad de Afganistán en la Ruta de la Seda creó un rico mosaico de culturas y civilizaciones. Aunque este mosaico se hizo añicos por la guerra y el terror, tanto el espíritu del pueblo afgano como nuestra herencia cultural han sobrevivido. Estos objetos de incalculable valor son el testamento de los valientes y generosos afganos que los preservaron y son también un testimonio de la colaboración global de nuestra antigua nación con la comunidad internacional y nuestros amigos los Estados Unidos».

Cuatro colecciones

La exposición se articula en torno a cuatro colecciones. La primera son vestigios de la Edad de Bronce de Tepe Fullol, al norte de Afganistán, que incluyen vasijas de oro de una significativa riqueza. La segunda se centra en Aï Khanum, una de las mayores ciudades de influencia griega fundadas en esta parte de Asia, conquistada por Alejandro Magno. Destacan un retrato en piedra del director del gimnasio de la ciudad -construido al más puro estilo helénico-, una escultura en bronce de Heracles (la forma griega de Hércules) y una placa de plata dorada con la diosa Cibeles.

La tercera parte procede de las excavaciones en Begram, ciudad fortificada por Alejandro Magno que llegó a ser la capital de estío del Imperio Kushan. Nuevamente encontramos objetos cotidianos de una gran riqueza material y repletos de influencias tanto orientales como occidentales.

La cuarta colección es la de los hallazgos en Tillya Tepe, con restos de las tribus nómadas que invadieron Bactria y acabaron con los reinos greco-bactrianos. Los objetos recuperados incluyen una exquisita corona y otros objetos regios de oro macizo con incrustaciones de turquesas y granates. El oro se ignora de donde pudo proceder, pero las turquesas se cree que venían de Irán y las otras piedras incluso de más lejos. En los adornos se funden influencias nómada, griega, india y china.