Dos aficionados, ayer en el Salón del Cómic                                      JOB VERMEULEN
Dos aficionados, ayer en el Salón del Cómic JOB VERMEULEN

El noveno arte y el ser o no ser de la viñeta digital

El Salón del Cómic de Barcelona abre las puertas al cómic digital en su 28ª edición

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Pasó con la música, está pasando con el libro y en breve empezará a pasar también con el cómic. El noveno arte afronta una etapa de cambios tecnológicos y una de las tribulaciones del Salón del Cómic que arrancó ayer en Barcelona es cómo afectará a la industria la irrupción del cómic digital. «Hay más preguntas que respuestas, pero mi sensación es que en el mundo del cómic estamos aprendiendo de los batacazos de otros sectores. No podemos quedarnos parados», señala Álex Samaranch. Él es el responsable de Koomic, la primera plataforma española de venta y distribución de cómics digitales. La tienda on-line no estará en activo hasta finales de mes, pero el stand que han montado en el Salón del Cómic lleva todo el día bombeando gente.

«Sobre todo lo que hay es mucha curiosidad», explica Samaranch. Curiosidad por saber qué pasará con el tamaño de las viñetas, el color y la resolución. Y curiosidad también por saber si ese futuro es tan inminente como parece. La respuesta, esta vez sí, es contundente. «Lo que ha frenado el desarrollo del cómic digital ha sido el dispositivo de lectura, pero la aparición del Ipad lo ha acelerado todo», reconoce. Tanto es así que muchas editoriales han empezado a digitalizar sus catálogos, Marvel ya ha lanzado una aplicación para Ipad y Koomic espera estrenarse a finales de mes con un centenar de títulos en formato e-Pub para su adquisición vía web y su lectura en ordenadores y e-readers.

Románticos del papel

Aún así, dando una vuelta por el Salón del Cómic y viendo como los visitantes se manejan con dedos veloces y habilidades de trilero entre cubetas repletas de álbumes, cuesta creer que el futuro llegue a amputar por completo el romanticismo de las tiendas de cómics y ese buscar como si no fuera a haber un mañana tal o cual ejemplar de Batman, Spiderman o La Patrulla X. «El cómic digital es un complemento, no un sustitutivo. Además, el cómic está más protegido, ya que es una experiencia más social en la que la tienda no desaparecerá nunca», asegura Samaranch.

Puede que una buena manera de entender lo que está por venir sea fijarse en webcomics como «Pardillos», un fanzine digital creado por un estudiante de Telecomunicaciones que parodia la popular serie televisiva «Perdidos» y que, pese a ofrecerse en descarga gratuita en Internet, ya ha vendido cerca de 10.000 ejemplares. Precisamente su autor, el madrileño Carlos Azaustre «AZA», aterriza hoy en el Salón de Barcelona para presentar el cuarto volumen de la serie.

Dibujos con mucho ritmo

La realidad, sin embargo, es ahora, y ese ahora sigue empeñado en darle la razón al papel y poniendo énfasis en esos originales que, entre tinta y viñetas, dan vida a  unas exposiciones en las que el cómic potencia aún más su condición de noveno arte. Nada más entrar en el Salón, lo primero con lo que uno se encuentra es con un castillo de cartón piedra que acoge lo enormes originales de Hal Foster para «Prince Valiant». Un poco más allá, entre imágenes de la película «El gran Vázquez», encontramos la reproducción de la mesa de trabajo del legendario Manuel Vázquez y una minúscula puerta en al que puede leerse «Entrada de acreedores». Y al fondo, justo después de pasar frente a la furgoneta del Equipo A y la muestra dedicada a los dibujantes holandeses, la joya del Salón: la exposición «Los ritmos del cómic».

He aquí un punto de encuentro para poner de acuerdo a comiqueros y melómanos en el que guitarras en relieve y gigantescas reproducciones de discos de vinilo protegen deslumbrantes portadas de discos realizadas por dibujantes –de Hugo Pratt para Paolo Conte; de Mariscal para Gato Pérez; de Max para Radio Futura y Los Planetas; de Serge Clerc para los Fleshtones- y viñetas protagonizadas por Johnny Cash,  Frank Sinatra, Lux Interior (The Cramps), Elvis Presely y Duke Ellington. Quizá sea una manera de emparejar formatos y anunciar que, igual que el vinilo, el cómic puede acabar siendo un objeto testarudo y poco amigo de los cambios.