«No he tomado heroína ni cocaína. Sí he probado lo demás»

BERLÍN. E. J. Blasco
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La pregunta era de esperar. «¿Qué drogas consume usted y los miembros de su equipo?», quiso saber alguien en la rueda de prensa posterior al pase de «Traffic». Steven Soderbergh intentó una evasiva, pero al final debió responder. «No he tomado ni cocaína ni heroína. Sí he probado lo demás». Al director norteamericano no pareció molestarle en exceso esa pregunta tan directa. Al fin y al cabo lo que pretendía con su película era provocar el debate sobre la droga: sobre su presencia tan cercana en la vida diaria, a pesar de que se presenta como algo que debe combatirse lejos, y sobre la corruptibilidad den algunas autoridades que hacen permeables las fronteras.

Según Soderbergh, «todos estamos expuestos a este problema, pero existe un gran silencio». Por eso quiso rodar esta película, a pesar de que «existe la creencia de que los filmes con mensaje político no se venden bien».

Para llamar la atención sobre el problema de la droga y llevar al cine a personas que prefieren no entrar a discutirlo, Steven Soderbergh buscó el reclamo de actores conocidos, como Michael Douglas y Catherine Zeta-Jones, según confesó. Además, eligió nuevas técnicas de rodaje, con movimientos de cámara y cambio de color de las escenas, con el fin de que a través de la renovación formal el asunto central de la película no pareciera desgastado y demasiado visto.