No sólo de literatura vive Cartagena de Indias

Días de cine en Cartagena de Indias. La ciudad con más encanto de Colombia se engalana hasta el próximo día 7 para celebrar el Festival Internacional de Cine. Sencillez, sobriedad y honestidad son las marcas de la casa. Pasen y vean.

INÉS MARTÍN RODRIGO | CARTAGENA DE INDIAS
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Es una ciudad mágica. Sus húmedos poros respiran oleadas de arte y creatividad se mire por donde se mire. Oleadas que te abofetean con alivio el rostro nada más pisar tierra firme en el Caribe Colombiano. Ya lo dejó escrito Gabo, conocedor de los secretos de sus esquinas y del ensordecedor silencio de sus gentes mejor que ningún otro (“El amor y otros demonios” y “El amor en los tiempos del cólera” podrían ser las “crónicas de una Cartagena anunciada”). Pero ahora le toca el turno a los cineastas, que hay muchos y de calidad a este lado del charco. Basta mojarse un poco, acercar la vista al continente americano y seguir bajando la vista con un poco de precisión para localizar el talento que, a raudales, destila el cine iberoamericano.

Un cine que esta semana, más que nunca, tiene su espacio propio en las calles de Cartagena de Indias. Años atrás fortín de tesoros patrios y ahora resguardo de un pueblo acogedor, cálido y superviviente como pocos. Pero ésa es otra historia, y la que ahora corresponde contar es la que en primera persona vienen protagonizando los cineastas participantes en la 49 edición del Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias, el más antiguo de Suramérica.

Si esta edición previa a sus bodas de plata tiene cierto sabor a nostalgia, pues su fundador, Víctor Nieto, falleció recientemente, el enorme potencial de la Competencia Iberoamericana hace mirar el pasado con orgullo y afrontar el presente del festival con tanta ilusión como su futuro. 16 películas de 12 países compiten por 10 estatuillas con nombre y apellidos, las Indias Catalinas. Lejos de especular sobre favoritos (en las quinielas a buen seguro saldrían nombres como los de Andrés Wood y “ La Buena Vida”, Juan Carlos Tabío con “ El cuerno de la abundancia” y el ya omnipresente José Luis Cuerda por sus “ Girasoles Ciegos”), es preferible dejarse llevar por el compás de la improvisación y trasladarte a todas las estancias (siempre y cuando el tiempo, en todas su variantes, lo permita) que en estos días y hasta que en la noche del jueves se anuncien los ganadores albergan encuentros, proyecciones y sobre todo cine, mucho cine.

A pesar de que dentro de las cintas que componen la Competencia Iberoamericana sólo “Los Girasoles Ciegos” tiene distribución en Colombia, la organización se afana por hacer partícipes a sus compatriotas del festival, involucrarlos y sentir que, de alguna forma, ellos son el motor de todo cuanto sucede en las calles, plazas y centros. Orlando Mora, jefe de Programación del Festival, pone orden al caos calmo que parece reinar en la organización con un rotundo intento de mantener el cinéfilo equilibrio “reuniendo a directores consolidados y a un buen número de óperas primas”. Equilibrio que parece conseguido si se observa la expectación despertada por directores como la costarricense Ishtar Yasin (“El camino”), la brasileña Laís Bodanzky (“Chega de saudades”) o el también brasileño Mauricio Farías (“Verónica”). Todos ellos presentaron sus films el mismo día que José Luis Cuerda hiciera lo propio con “Los girasoles ciegos” (sorprende la mayor gloria que pena que este film ha provocado en Cartagena), y no hubo ni rastro de complejos o medias verdades. Sencillez, sobriedad y honestidad. Eficaces cartas de presentación de películas que practican enérgicamente a la denuncia social sin por ello dejar de utilizar el realismo mágico que dota a las narraciones iberoamericanas de ese sutil halo de divinidad (y eso que el cupo de divinidades parecía cubierto después de que la inauguración corriera a cargo del Che-Benicio).

Paradojas

Y si de sutilezas hablamos, no hay que olvidar la escasa presencia del cine colombiano en su festival patrio. Sólo una cinta, “El arriero” de Guillermo Calle, podrá competir con el resto de títulos iberoamericanos. Lo hará con el tema del narcotráfico como telón de fondo narrativo. El probable síntoma de hastío por parte del espectador no asusta al director: “Si los norteamericanos llevan 100 años haciendo películas de vaqueros, por qué no vamos a hacer nosotros films sobre el problema de la droga en Colombia”. Para gustos hay colores, y para películas muchas veces lo que sobran son ideas y lo que falta es imaginación.... se le podría decir a Calle.

Sólo dos apuntes infantiles para cerrar el diario del festival cartagenero. Roger Príncep (“Los girasoles ciegos”) y Marco Rica (“Verónica”) rivalizan en talento, frescura e inteligencia (son los mayores los que deberían tomar apuntes de los pequeños, es la bella esquizofrenia del cine) en sus respectivas interpretaciones. Dos jóvenes promesas del cine iberoamericano que hoy han empezado a brillar en el caribeño cielo de Cartagena. De nosotros, los espectadores, y de sus jefes, los cineastas, dependerá que año tras año su luz vaya ganando potencia y, sobre todo, que no se apague.