Nido de codicia

Por Juan Ignacio GARCÍA GARZÓN
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«Madrugada». Autor: Antonio

Buero Vallejo. Dirección: Manuel de Blas. Iluminación: José Luis López. Escenografía: Amadeo Lemus. Intérpretes: Kiti Mánver, Manuel de Blas, Sonsoles Benedicto, Victoria Alvás, Mariano Venancio, Trinidad Rugero, Francisco Rojas, Celia Trujillo y Noemí Climent. Lugar: Centro Cultural de la Villa. Madrid.

A comienzos de los años 50, era ya Buero Vallejo un autor conocido, con varios éxitos a sus espaldas. El cine había sido sensible al aldabonazo de «Historia de una escalera», trasladada tempranamente a la gran pantalla por Ignacio F. Iquino en 1950, igual que lo sería por Antonio Román, siete años después, esta «Madrugada» fechada en 1953. El dramaturgo se revela aquí en posesión de todas las claves de su oficio, de los secretos menudos de la carpintería teatral, y construye una pieza en la que mezcla con habilidad elementos de intriga, melodrama y crítica social, y que, aunque tal vez no quepa situar entre los trabajos magistrales de este autor indispensable, tampoco sería justo despachar apresuradamente como calderilla, porque hasta los bueros «menores» —para entendernos— son palabras mayores.

«Madrugada» plantea un cuadro feminista insólito para la época al presentar a una mujer, Amalia, que vive, sin estar casada, con un pintor millonario y que cuando éste agoniza llama a sus deudos más cercanos proponiéndoles un curioso trueque: la herencia a cambio de saber quién fue entre ellos la persona que envenenó sus últimos meses de convivencia. Esta Amalia es uno de los más vigorosos perfiles femeninos dibujados por Buero; la encarna Kiti Mánver, muy guapa, en un creación muy completa de matices y presencia escénica.

Incertidumbre en la alta madrugada, donde al olor de los millones hierve un nido de codicias, prejuicios sociales y falsedades, que Buero aprovecha para trazar al trasluz el retrato gris de una época. De Blas, director y actor, maneja con sensibilidad los hilos de la trama, compone con solvencia su personaje de cínico aprovechado y dirige aseadeamente al resto del reparto que cumple con su cometido, con una estupenda Sonsoles Benedicto en su papel de cuñada odiosa. La pertinente escenografía «cincuentera» de Lemus hace lo que puede en el difícil espacio del Centro Cultural, en un interesante montaje que nos trae aromas de otra época.