Nicholas Negroponte, fotografiado en un hotel de Madrid tras su entrevista con ABC
Nicholas Negroponte, fotografiado en un hotel de Madrid tras su entrevista con ABC - MAYA BALANYÁ

Nicholas Negroponte: «Pensamos en el capitalismo como sinónimo de democracia, pero no es así»

El estadounidense, una de las mentes más lúcidas de la sociedad contemporánea, analiza el momento que atraviesa el periodismo, la política y la economía con motivo de su visita a Madrid para participar en un nuevo foro

MadridActualizado:

Como aquel anuncio que hizo furor tiempo ha, Nicholas Negroponte (Nueva York, 1943) vino del futuro. Pero no nos trajo lejía, sino unas cuantas predicciones de los que nos esperaba a la vuelta de la esquina, sobre todo en materia tecnológica. Algunas de ellas se cumplieron (todo el entorno digital en el que hoy nos movemos se lo sabía al dedillo antes siquiera de que la Web fuera Web). Otras, afortunadamente no (el periodismo impreso sigue vivito y coleando, y lo que te rondaré, morena). Hoy, casi 35 años después de fundar el MIT Media Lab, sigue convencido de que se puede seguir innovando. Y lo ha venido a contar a Madrid, donde ha participado en el foro «Cruce de Caminos», organizado por Banco Caminos y Bancofar.

Usted, que ha estado tantas veces en el futuro, ¿se muestra optimista con respecto al presente?

Sí. Visitar el futuro es como visitar un país, y sí, me siento muy optimista con respecto al presente. Estamos viviendo momentos muy confusos en países como Estados Unidos, pero técnicamente sigo igual de optimista que siempre.

Teniendo en cuenta esa confusión reinante en tantos sitios, ¿cuáles son los retos fundamentales a los que se enfrenta la sociedad?

El reto fundamental ahora mismo es el resultado de treinta años a lo largo de los cuales les hemos dicho a nuestros hijos que sólo deberían preocuparse por ellos mismos. La avaricia se ha descontrolado, y estamos pagando las consecuencias. Por eso escuchamos a los jóvenes diciéndonos que debería preocuparnos más el «nosotros» que el «yo». El daño que el «yo» ha hecho ha provocado cosas como Trump o el Brexit, un mundo en el que recompensamos a aquellas personas que hacen cosas únicamente por su propio interés y no por el interés general. Pero estamos en una situación general de recuperación, vamos a recuperarnos.

Pero, ¿cómo?

Una de las cosas que nos fuerza a ello es el cambio climático, porque es mucho mayor, mucho más importante que todos nosotros. Fíjese en quién lucha contra el cambio climático.

Los jóvenes, sólo ellos.

Claro, porque son ellos quienes lo van a sufrir, yo ya no estaré ahí. Pero no sólo se trata de la voz de los jóvenes, sino de hacer que la gente se replantee lo que es importante. Pero estoy decepcionado de que hayamos tardado tanto en darnos cuenta y hayamos pasado por un periodo tan largo, una escuela de negocios tan avara.

Los jóvenes luchan por el cambio climático mientras Trump lo niega.

Sí, pero no hay que ser muy inteligente para darse cuenta de que realmente Trump no lo cree, lo dice porque piensa que le va a ayudar en los negocios, pero no engaña a nadie. Simplemente, es decepcionante que haya personas que nieguen el cambio climático y, sobre todo, que algunas de esas personas estén en el poder, pero eso no va a durar mucho tiempo.

Eso espero... Admiro su capacidad analítica, de invención e ingenio, pero no sé si, precisamente, la tecnología que usted tanto defiende nos está haciendo un poco vagos desde el punto de vista creativo.

No nos hace más perezosos, no. Es algo que ha pasado con todas las tecnologías: con la escritura hubo gente que pensó que al poder escribir ya no seríamos capaces de memorizar; con las calculadoras se pensó que nos harían más débiles, porque no haríamos cálculo mental... Pero ha sucedido justo lo contrario: tenemos una sociedad mucho más creativa que antes, y eso viene de la capacidad de poder expresarnos de formas que antes no existían. Hay un cambio que ha facilitado eso.

Pero todos los cambios asustan.

A usted no le dan miedo los cambios, estoy seguro.

No, por supuesto que no.

Es verdad que según nos hacemos mayores nos deja de gustar el cambio, la gente se siente más cómoda cuando las cosas no cambian. Pero ha habido un cambio en nuestro punto de vista sobre el cambio, estamos más preparados para el cambio. Piense, por ejemplo, en los matrimonios del mismo sexo; hemos llegado a todo eso en apenas diez años, un periodo muy corto de tiempo. Hemos cambiado nuestra perspectiva del cambio, y eso va a seguir.

Siguiendo con los cambios, ¿cómo afecta la sobreabundancia de información a nuestra memoria? Se lo pregunto porque a mí cada vez me cuesta más recordar un nombre, el título de un libro, de una película, y es porque sé que internet me va a dar la respuesta.

Pero no pasa nada, ¿qué tiene eso de malo? La posibilidad de poder buscar algo en internet no tiene nada de malo. Yo creo que la memorización está sobrevalorada.

En eso estamos de acuerdo.

Lo importante es tener el mayor número de experiencias posibles, cientos de ellas. Antes era un gran privilegio viajar, y ahora todo el mundo puede hacerlo, y tener experiencias incluso sin necesidad de viajar. Ahora vivimos un momento de consumo mucho más rápido. Yo hoy puedo hacer en un sólo día lo que mis padres hacían multiplicado por tres o por cuatro, y eran personas muy cultivadas, no se apoltronaban en el sofá. Ahora todo está entretejido, al alcance de tu mano, en tu teléfono.... Antes todo el mundo vivía en el pasado, era como un huevo frito, todo estaba muy separado, y ya no es así, ahora está todo mezclado, como una tortilla francesa.

¿Cómo se puede compatibilizar el respeto a la ética y la privacidad con la comercialización de nuestro datos personales en internet? ¿Es posible alcanzar un equilibrio?

Mire, si ahora sale del hotel y le atropella un coche, viene una ambulancia y en ese momento no le preocupan sus datos personales; es más, lo que quiere es que lo sepan todo sobre usted. Pero todos sus datos tienen que estar en algún sitio para que puedan sacar de ahí la información que necesitan. Todos comercializamos nuestra información personal a cambio de ciertos servicios de calidad. Si alguien lleva mucho tiempo trabajando contigo y has alcanzado un grado de confianza que con sólo decir una palabra sabe a lo que te refieres, esa persona tiene tal conocimiento sobre ti que si la raptan tiene mucha información sobre ti que podría usar. El mundo digital es un poco lo mismo: estamos comercializando nuestros datos a sabiendas de que lo hacemos, no nos engañemos. Gmail funciona gratuitamente porque comercializan anuncios, y tú llegas a ese acuerdo, lo aceptas, así que protestar es un poco contradictorio, un poco falso, porque nos ha funcionado muy bien, nos ha ayudado. Lo interesante es que, gracias a eso, intentas vivir una vida donde no tengas nada que ocultar, por lo tanto no está tan mal, porque incluso hace que nos comportemos mejor. La regulación tiene que salir de uno mismo, debemos regularnos a nosotros mismos, y no es un precio muy alto a pagar.

Es curioso, porque Trump es un gran defensor de las redes sociales, las usa como altavoz, especialmente Twitter, pero se muestra muy crítico con los medios de comunicación tradicionales. Son sonadas, por ejemplo, sus broncas con la CNN.

A Trump no le tomo en serio. No puedo llegar a describir la enorme vergüenza que siento porque sea el presidente de Estados Unidos. Hace que Berlusconi parezca Winston Churchill. Es increíble.

Pues parece que tendrá un segundo mandato…

Yo no estoy tan seguro de eso… La única forma de que Trump no sea reelegido es que los jóvenes voten; aunque sólo votara un 35% de la población entre los 18 y los 31 años, ese porcentaje sería suficiente, porque es el que no fue a votar. Lo único que hay que hacer es movilizar a los jóvenes para que voten, ya está.

De hecho, muchos de ellos se están involucrando en la política. Fíjese en el caso de Alexandria Ocasio-Cortez.

¡Es fantástica!Ella es una de esas personas que te hacen sentir más optimista. Ni Biden ni Sanders, los más mayores no te hacen sentir así.

Hace unos años, usted no se mostraba especialmente optimista con respecto al futuro de la prensa en papel. ¿Cómo lo ve ahora, qué futuro nos espera a los periodistas?

Siempre he dicho que la creación de palabras, de historias, es una de las profesiones más nobles, es una vocación, la gente lo hace por motivos muy nobles y yo lo admiro mucho. Pero el envío de un papel me parece que no tiene sentido. La idea de que se convierta en algo electrónico cambia la naturaleza de la distribución, ahora todo es accesible en todo el mundo. Está claro que algo ha cambiado, pero yo siempre he sido un gran admirador de los periodistas, de todas esas personas capaces de digerir la información, entenderla, y trasladarla a una línea editorial.

Pero no cree que todo el mundo pueda ser periodista.

No, y te das cuenta rápidamente si alguien lo es o no, si tiene ese espíritu.

Sí, basta con leer ciertas cosas…

Sí (ríe).

Esta semana, Facebook ha presentado una moneda propia. Me pregunto si estamos preparados, desde el punto de vista económico y social, para lo que está por venir.

Yo soy un gran defensor del bitcoin. Hasta ahora, ha sido el equivalente al oro. Pero no ha tenido éxito en términos de transacciones, y a lo mejor Facebook lo consigue, y eso es interesante, con poco coste o incluso cero coste. Por ejemplo, con los micropagos, que nunca hemos podido ejecutar. Le pongo los periódicos como ejemplo: yo utilizo Flipboard, una página web que te permite agregar periódicos que publican historias; pero los periódicos te obligan a suscribirte y yo no quiero hacerlo. Sí pagaría por una historia en concreto, pero no quiero suscribirme. Déjame pagar por una historia con un micropago. Quizás la moneda de Facebook nos permitirá hacer eso, y eso sería fantástico. De ese modo, periodistas como usted o periódicos como el suyo podrán recibir pagos; no es todo o nada, estar suscrito o no. A lo mejor la moneda de Facebook cambia eso.

Cada vez que entrevisto a un pensador, a un filósofo, todos coinciden en destacar que la desigualdad es uno de los rasgos más definitorios de la fase del capitalismo en la que nos encontramos.

Oh, es que es un capitalismo sin ningún tipo de limitación. Tendemos a pensar en el capitalismo como sinónimo de democracia, y no es así. Ha llegado a un punto en el que tiene que cambiar, y sólo hay una forma: con los impuestos, haciendo más por la sociedad civil. Y no me refiero sólo a los ricos, todo el mundo tiene que participar más en la sociedad civil. No es tan difícil cambiar eso. Pero pagar impuestos no es algo que sea muy popular.

¿Y por qué, si al cabo es algo que revierte en la sociedad?

En Estados Unidos, y creo que Europa tiene su propia versión de esto, el concepto de pagar impuestos es contradictorio con todo el espíritu del país. Hay personas que creen firmemente que no se deberían pagar impuestos. Ronald Reagan y Margaret Thatcher convencieron a muchas personas de que el mejor gobierno era un gobierno pequeño, un no gobierno.

Es la esencia del liberalismo.

Sí, puede llegar tan lejos como eso.

Pero fíjese la situación en Europa, donde la extrema derecha tiene una presencia cada vez mayor.

La extrema derecha está en auge, es cierto, pero en las últimas elecciones europeas no subió tanto como se esperaba. Pero en Europa sí tienen el problema de los refugiados, que lo está haciendo aún más difícil. En Estados Unidos no tenemos un problema de inmigración, aunque Trump pretenda hacer creer que sí. Si algo no tenemos es un problema de inmigración, y la falsedad de todo eso, lo sorprendente es que te lo pintan como si hubiera una guerra en la frontera sur.

Pero mire lo que Trump ha conseguido de México.

No está tan claro que haya conseguido algo. Pero la idea de utilizar aranceles para negociar es terrible, es algo que va más allá del odio.

Me interesa mucho cómo la cultura, las humanidades, pueden y deben dialogar con la tecnología, con la ciencia, y usted es un buen ejemplo de que ese diálogo puede ser muy fructífero. Sin embargo, me descorazona ver cómo las humanidades desaparecen de los planes de estudio.

Estoy de acuerdo con usted. Todo el concepto de colegio, del aprendizaje, se tiene que replantear, reconsiderar. Lo mejor que puedes hacer, si tienes la suerte de tener padres que puedan ser un ejemplo, es aprender de ellos… La empatía no es algo que se aprende en la escuela, se aprende en la vida.

¿Por qué siempre nos tienen que hacer elegir entre ciencias y letras?

Bueno, Leonardo da Vinci no tuvo que hacerlo. Pero es una dicotomía falsa. Por ejemplo, piense en la relación entre la música y las matemáticas, tienen un acoplamiento muy básico, muy palpable, muy natural. Yo siempre fui bueno en letras y matemáticas, y decidí estudiar arquitectura, porque me parecía una buena combinación de ambas. Muchos años después, me di cuenta de que la combinación de ambas, de las artes y las matemáticas, era la informática, y eso fue posible cuando los ordenadores fueron más visuales, porque en un momento dado no lo eran.

Para terminar: ¿queda algo por inventar, señor Negroponte?

Sí, muchas cosas. Pero no será una extrapolación de más internet, más informática, más ordenadores. Va a ser más biológico, biología sintética. Los seres humanos hemos sido capaces de hacer cosas que son cada vez más pequeñas; antes, sólo la naturaleza podía llegar hasta ahí: células, genes… Y, de repente, podemos hacerlo nosotros, y estamos haciendo cosas que son artificiales y reales a la vez. Por ejemplo, en el MIT Media Lab nunca podría haber imaginado que diseñaríamos ratones, y ahora lo hacemos y estos ratoncillos están corriendo por ahí; ¿son reales o artificiales? Deben ser reales, pero no existían antes de que creáramos esta ingeniería, por lo tanto también son artificiales. Todas las cosas emocionantes que pasarán en el futuro tienen que ver con que ahora somos capaces de mejorar la naturaleza.

¿Podemos hacerlo?

Por supuesto: podemos eliminar enfermedades, las discapacidades… La respuesta es: sí, podemos. Y eso es lo importante, lo interesante, por ahí pasará el futuro.