Así nació la leyenda de la Cruz de la Victoria de Oviedo

El relato que vincula la joya de la catedral ovetense con Pelayo y la batalla de Covadonga nació en el siglo XII, cuatro antes de lo que se pensaba

OVIEDOActualizado:

La leyenda de la Cruz de la Victoria, que según la tradición Pelayo enarboló en la batalla de Covadonga, se remonta al siglo XII, cuatro antes de lo que se pensaba, según una investigación de la Universidad de Oviedo publicada en la revista Journal of Medieval Iberian Studies.

La Cruz de la Victoria fue donada a la Catedral de Oviedo por Alfonso III el Magno, en el año 908, como objeto destinado a la liturgia. La leyenda de que Pelayo la enarboló en la batalla que marcó el inicio de la insurrección cristiana contra los invasores musulmanes nació con el paso del tiempo, a medida que los reyes y la iglesia asturiana lo necesitaron. Así se desprende de la investigación de la Universidad de Oviedo, que ha arrojado luz sobre esta joya de la Cámara Santa de la catedral ovetense.

Hasta ahora se sabía que el mito se generalizó en el siglo XVI y se pensaba que la conexión con la batalla de Covadonga habría comenzado también entonces, pero el nuevo estudio adelanta su surgimiento en cuatro siglos, hasta el XII. Se habría iniciado como reivindicación de la importancia de la sede episcopal asturiana ante el intento de arzobispados como el de Toledo -recién liberados en la Reconquista y con afán de expansión- de integrarla bajo su dominio.

Un códice del Corpus pelagianum

Raquel Alonso, profesora titular del Departamento de Historia del Arte y Musicología de la Universidad de Oviedo, ha localizado una representación de la Cruz de la Victoria enarbolada por Pelayo en un manuscrito del siglo XIV, copia de un códice del siglo XII, que forma parte del llamado Corpus pelagianum y se conserva en la Biblioteca Nacional de España.

Éste se incluye en un conjunto de códices encargados por el obispo Pelayo de Oviedo en el siglo XII y aunque no se conservan los originales, sí hay algunas copias medievales, como esta.

«La leyenda reactualizó el objeto al insertarlo en un contexto nuevo», señala Raquel Alonso, según recoge Efe, tras incidir en que Asturias se convirtió en sede episcopal en época de la monarquía asturiana -no lo había sido en las épocas romana y visigoda-, y que tenía necesidad de potenciar su prestigio.

La Cruz de la Victoria se convirtió en un objeto vinculado a la lucha contra el Islam y en un objeto con una significación religiosa y política que ha persistido hasta la actualidad.

El estudio conecta también la otra gran cruz de la Cámara Santa, la Cruz de los Ángeles, con la mencionada operación memorial que recontextualiza la Cruz de la Victoria. «Fue el obispo Pelayo de Oviedo (1101-1153) quien creó, partiendo de algunos interesantes materiales previos la memoria de su diócesis y, con ella, la de Asturias. Y lo hizo a través de un impresionante conjunto literario de naturaleza fundamentalmente histórica recogido en el Liber Testamentorum Ecclesiae Ouetensis y el Corpus pelagianum», escribió Alonso en su estudio «El origen de las leyendas de la Cruz de los Ángeles y la Cruz de la Victoria (catedral de Oviedo): cruces gemmatæ al servicio de la propaganda episcopal».