La música de hoy se queda con la copla
Una escena del musical «Enamorados anónimos», basado en coplas populares /ABC

La música de hoy se queda con la copla

JULIO BRAVO |
MADRID Actualizado:

No son pocos los que siguen asociando la copla con tiempos pretéritos y considerando este género como algo caduco, decadente y agotado. No obstante, la realidad es que la copla vive en nuestros días un brillante renacimiento, y no hay sino que remitirse a las pruebas: Plácido Domingo acaba de lograr el grammy latino al mejor disco clásico por «Pasión española» (Deutsche Grammophon), en el que interpreta temas como «La falsa moneda», «Ojos verdes» o «La bien pagá»; en diciembre se emitirá un especial televisivo producido por Emilio Aragón y basado en este disco, en el que el tenor madrileño tendrá a su lado a artistas como Martirio, Soledad Giménez, Diego el Cigala, José María Gallardo o Clara Montes. La propia cantante gaditana trabaja actualmente en su nuevo disco, que será un homenaje a Rafael de León; el poeta sevillano es el protagonista de un documental del que Clara Montes ha sido su directora musical. La malagueña Diana Navarro ha editado ya «Camino Verde» (Warner / Dro), un disco que incluye clásicos como «Campanera», «Vino amargo» o la que da título al disco. También Dyango —que se recupera de un infarto sufrido hace unas semanas— ha vuelto su mirada al género con un trabajo titulado «Coplas» (World Music Factory) en el que se pueden oir canciones como «La zarzamora» o «Me embrujaste». Concha Buika, una maravillosa heterodoxa, peleó hace unos días por el grammy latino al mejor álbum del año y a la mejor producción del año con un trabajo, «Niña de fuego» (Warner / Dro), en el que además de la copla que da título al disco canta «La falsa moneda». Incluso la griega Eleftheria Arvanitaki ha incluido en su nuevo disco, a punto de publicarse, «Sto Palati Tis Kardias Sou», versión griega de «Cárcel de oro», de Quintero, León y Quiroga.

Teatro y televisión

En el teatro Rialto de Madrid se puede ver estos días, además, «Enamorados anónimos», un musical creado en torno a la copla, que cuenta con dirección musical de Javier Limón y dirección escénica y coreografía de Blanca Li. Canal Sur se vio sorprendida la temporada pasada por el éxito de «Se llama copla», un programa concurso que se convirtió en su primera temporada en un auténtico fenómeno, lo mismo que la gira de conciertos que realizaron a continuación por Andalucía los participantes. La segunda edición del concurso cuenta con una audiencia media del 32 por ciento, datos espectaculares dentro del mundo televisivo actual.

Concha Buika, uno de los grandes fenómenos recientes de la música española, ha cimentado buena parte de su éxito en coplas clásicas, a las que ella ha teñido de su inimitable sello. La cantante balear ha logrado que la copla escale hasta el número 40 de la lista general de Amazon, tercer cliente de ventas de música en Estados Unidos, y ha liderado la lista de música latina tanto en el citado portal como en iTunes. Buika, que asegura que la copla es la música de sus recuerdos, la que circula por su sangre y su memoria, y ha dicho que «la copla es como el arroz, a todo el mundo le sienta siempre bien».

También es la copla que ha llevado dentro siempre Diana Navarro. «Desde los quince años es la música que más me ha influido», asegura la cantante sevillana, que acaba de publicar «Camino verde», en el que ha querido, asegura, darle su color personal a canciones clásicas a través de arreglos contemporáneos, con tintes mediterráneos y orientales.

Diana Navarro coincide con Clara Montes y el productor Javier Limón en el diagnóstico de las causas que han hecho que la copla fuera durante mucho tiempo un género menospreciado —cuando no despreciado y vilipendiado— en el mundo musical y cultural español. «La copla fue la banda sonora de la guerra civil y la posguerra», asegura; por eso se ha ligado, de manera injusta, a un régimen político Pero la copla fue un género revolucionario con una extraordinaria altura poética y musical». «Además de asociarse con el régimen franquista —añade Javier Limón—, la copla es un género muy español; el alma del flamenco es Andalucía, pero por la copla circulan sentimientos de toda España. Y eso ha chocado con determinados nacionalismos».

Pero no son sólo razones sociopolíticas las que han motivado el menosprecio de la copla. También las hay artísticas; por una parte, la falta de evolución —que sí ha tenido un género afín como el flamenco— y su estancamiento tanto creador como interpretativo. Y por otro, la saturación que hubo en determinados momentos, dice Javier Limón, «en los que parecía que no había otra música en España más que la copla. También ha habido un coqueteo con la prensa sensacionalsita por parte de algunos de los artistas que la interpretaban y la representaban, y eso la contaminó de cierta manera».

Clara Montes confiesa que llegó a la copla ya mayor, pero que durante el último año se ha «emborrachado» del género. «Me pidieron que me ocupara de la dirección musical de un documental sobre Rafael de León, y he investigado mucho sobre él y sobre su trabajo. Quedé fascinada. Es cierto que a menudo la copla ha quedado cubierta de polvo y de caspa, pero hace ya un tiempo que se le está quitando. El primero fue Carlos Cano, que descubrió a muchos unas canciones que se habían oído de manera distinta». Y es que en los temas de Quintero, León, Quiroga, Solano, Freire, Perelló o Valverde, entre otros, está, dice Clara Montes, «la primera canción protesta; ahí está todo lo prohibido, todo lo que vivía la gente: el hambre, las angustias. Fue un género musical muy concreto, muy ligado a su momento histórico, y eso hizo que entrara hasta la médula en el público de la época».

La televisión fue uno de los principales escaparates de Diana Navarro, que cree que concursos como «Se llama copla» son siempre positivos para descubrir talentos y promocionar el género. «Todo lo que sea apoyar la música es bueno; desgraciadamente, los cantantes no tenemos muchos espacios en televisión donde presentar nuestro trabajo. Y programas como ese han animado a la gente joven y han gustado a la gente mayor».

¿Qué tiene que hacer la copla para adecuarse a estos tiempos? Diana Navarro asegura que hay muchas maneras y que una de ellas es adaptarlas a la situación actual y darles una nueva vida con cada interpretación. «Yo tenía claro, a la hora de crear este disco, que quería cantar coplas que no hubiese cantado antes una mujer». La malagueña coincide con Clara Montes en que autores como Serrat, Sabina han creado una nueva copla, pero que la responsabilidad de otorgar a la clásica el brillo que merece es de los jóvenes intérpretes: «Si nosotros la tratamos con respeto y le damos su sitio habremos dado un paso adelante. Tenemos la obligación de contar lo que ha significado y de darle nuestra personalidad musical», dice Diana Navarro.

Valor cultural

«La calidad de muchas de las canciones exige que se reconozca su valor cultural, creativo y artístico —añade Clara Montes—. Hubo un secuestro de la copla por parte del régimen franquista, pero lo hizo precisamente porque era un género muy popular, porque era la música del pueblo, y nosotros, los intérpretes de ahora, tenemos la obligación de devolvérsela».

El universo de Falla, Lorca, Debussy... está en las raíces de la copla, dice Javier Limón. «Hay más de un centenar de canciones de un nivel altísimo tanto en la letra como en la melodía», dice el productor musical. Y uno de los «trucos» para que funcione en nuestros días, sigue, «es el ritmo. La música española tiene ahora una fuerte influencia racial (Cuba, África) y de músicas con mucho ritmo. Y las melodías de las coplas clásicas tienen la capacidad de engarzar con esos nuevos ritmos, que son también a su vez un enganche con los nuevos tiempos y los nuevos públicos».