José Antonio Muñoz Rojas, ayer, en Sevilla. Efe

Muñoz Rojas, premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana: «El silencio es fundamental para un poeta: de ahí sale todo»

Labrador de versos, el poeta antequerano José Antonio Muñoz Rojas, a sus 92 envidiables años, obtuvo ayer el premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. El autor de «Las cosas del campo», que con 89 años ganó el Nacional de Poesía, revela que el silencio es fundamental para el poeta.

ANTONIO ASTORGA
Actualizado:

MADRID. El jurado, reunido en Salamanca e intregado, entre otras personas, por el duque de San Carlos; Ignacio Berdugo, rector de la Universidad de Salamanca; Carlos Fuentes, José Saramago; el subdirector de ABC, poeta y director de la Real Academia de Extremadura, Santiago Castelo; Darío Villanueva, Ignacio Chaves, del Instituto Caro y Cuervo de Colombia; Luis Alberto de Cuenca, Miguel García-Posada, Julio Martínez Mesanza y el poeta malagueño Álvaro García, destacó la vitalidad y capacidad de trabajo de un hombre al que se le deben las primeras traducciones al castellano de la poesía metafísica inglesa. Su candidatura fue presentada «in voce» por el Jurado, ya que su nombre no figuraba entre los 87 candidatos al premio, dotado con 36.000 euros. Sofía de Mello y José Emilio Pacheco resultaron finalistas. Muñoz Rojas es la historia de la literatura española del siglo XX. A él le debemos «Las cosas del campo», un libro -escribió Alfonso Ussía, conspicuo admirador del poeta- «tan lírico, tan llano, tan impecablemente profundo y bello, que leerlo una sola vez es como perder el sentido de la medida. Es el libro del descanso, el prodigio a mano». Hablamos con el prodigio del poeta en Sevilla, donde recibe la noticia.

«Como no sea por los años...»

-A los 89 años ganó usted el Nacional de poesía con «Objetos perdidos» y a los 92, el Reina Sofía. A la vejez, viruelas, don José Antonio. ¿Cómo recibe el premio?

-Pues nada, con mucha gratitud, aunque la verdad uno a esta edad...

-¿Cómo anda de ánimo?

-De ánimo, hijo mío, estas cosas se agradecen mucho, aunque uno se pregunta: ¿Por qué? Y se responde: pues como no sea por los años... Han sido unos premios muy inesperados para mí, desde el Nacional de Poesía de hace cuatro años a éste.

-¿Es usted un poeta que ama y declama el silencio?

-Bastante, sí es verdad; lo cierto es que cuando ocurren estas cosas uno se sorprende y lo agradece.

-¿Qué es el silencio poético?

-El silencio es muy fundamental, porque de ahí sale todo.

-El campo ha sido un elemento esencial en su obra.

-Completa y totalmente. Porque he vivido de él, con él y en él.

-¿En su Literatura cómo se incardina el campo?

-Como resulta que uno ha nacido de él y vive de él, pues de una manera muy natural.

-¿Cómo ha sido su vida?

-He sido muy afortunado en la vida, he tenido mucha suerte, incluso con el campo, y no hago más que dar gracias a Dios.

-Usted conoció todas las generaciones desde el 27 en adelante...

-Yo soy del 36, pero del 27 para acá los he conocido a casi todos, quitando los nuevos con los que ya he perdido contacto.

-¿Se ha transmutado mucho la poesía desde entonces?

-El cambio es inevitable en la vida, en la poesía y en todo.

-Junto a Ridruejo, Laín Entralgo, Rosales participó en la revista «Escorial», ¿tal vez para escardar y sacar a flote la poesía en tiempos difíciles y terribles?

-Aquél era un grupo muy sano y bueno; estupendo. Pienso que «Escorial» fue una revista que en su momento tuvo un papel fundamental. Creo que la acción de la gente de «Escorial» fue estupenda.

-Cantar los aperos de lo cotidiano, trillar la palabra poética y cosechar lo auténtico incardina la obra de Muñoz Rojas tras la guerra civil. ¿Cómo la vivió?

-Yo no me puedo declarar un paciente de la Guerra Civil, por razones especiales. Pero el sentimiento general de la Guerra Civil fue tremendo, tremendo, tremendo. Y el de la posguerra.

-¿Cómo se siembra la amistad?

-Con mucho placer, naturalmente.

-¿Ha cerrado ya su recado de escribir?

-No tengo nada preparado. Hace unos años que he dejado de escribir.