Muñoz Molina: «La novela es el reino de los que no tienen lugar en el mundo»

«No sé inventar novelas en las que no cobre presencia el pasado y en las que no se escuche la voz de aguien que cuenta algo que vio o que vivió hace mucho tiempo», sostuvo ayer Antonio Muñoz Molina al inaugurar el X curso académico de la Fundación Duques de Soria, institución que rindió un emotivo tributo a sus patronos Ernest Lluch y Epifanio Ridruejo

SORIA. Milagros Hervada
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En el Quijote, relató el novelista, la Historia es un rumor lejano: «En algún momento se habla de la amenaza de una nueva ofensiva marítima de los turcos en el Mediterráneo, pero es tanta la lejanía y la irrealidad de esos hechos que don Quijote los incluye sin vacilación en los mecanismos de su desvarío; propone que el rey, en vez de arruinarse costeando navíos y ejércitos, convoque a un grupo de los más esclarecidos caballeros andantes, los cuales vencerán fácilmente al enemigo». El sarcasmo es mayor, subrayó el escritor, «porque Cervantes, más de cuarenta años antes de narrar este episodio, había sido soldado en una batalla real, había participado en un hecho histórico que él consideraba con orgullo “la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, presentes, ni esperan ver los venideros».

Para Cervantes, la Historia está en el pasado de su propia vida, pero no es menos prodigiosa o increíble que las novelas de caballería. Muñoz Molina se detiene en Julien Sorel y en Stendhal y vindica: «Ahora que están tan de moda las ciegas lealtades vernáculas, resulta muy saludable el vigor con que Stendhal detestaba su tierra natal, el entusiasmo con que fue siempre atraido por lo desconocido y lo nuevo y su decisión de atribuirse una identidad póstuma». A destiempo, Stendhal inventa héroes y heroínas que quieren romper los límites espaciales y temporales de las vidas a las que han sido condenados. «Desde ahora mi destino es atreverme a todo», sostiene una de las grandes damas a las que Stendhal da voz. La novela, explica el autor, es el reino de los que no tienen un lugar seguro en el mundo ni un tiempo que les parezca suyo, «los a destiempo y los dislocados». Lázaro de Tormes es, para el académico, el primer héroe verdadero —es decir, antihéroe— de la literatura moderna. Pero a Muñoz Molina, como lector, personalmente no le gustan las novelas históricas: «Aunque también es cierto que en casi todas las novelas que más me gustan hay una presencia más o menos visible de la Historia». La fuerza gravita sobre las vidas y «las historias del pasado, recordadas en voz alta por quien las vivió, se convierten en hermosas ficciones en la imaginación de quien escucha». Tal vez por eso confiesa que no sabe inventar novelas en las que no adquiera presencia el pasado.