El Teatro de La Fenice recuperará todo su esplendor en diciembre próximo después de siete años de silencio

Muerte y resurrección en Venecia

TEXTO: JUAN VICENTE BOO
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El Ave Fénix de Venecia hará por fin honor a su nombre y resurgirá de sus cenizas el próximo 14 de diciembre con un programa especial, dirigido por Riccardo Muti, para festejar la reconstrucción del edificio destruido en 1996. Mientras La Fenice resurge, Venecia llora el cierre de su último cine, el Rossini, por ruinas. Pero Venecia muere poco a poco y su «Mostra» de Cine también

ROMA. El drama del teatro de La Fenice, devorado por el fuego hasta los cimientos, sin que los bomberos fuesen capaces de encontrar agua en la ciudad de los canales, conmovió al mundo y provocó una inmediata riada de donativos para su reconstrucción. Sin embargo, lo que debería haber sido un proyecto de tres años se convirtió, sobre todo por culpa de los tribunales, en una tortura para los amantes de la ópera y los enamorados de un teatro dos veces centenario. Ha sido muy doloroso ver, año tras año, los plásticos sobre el cadáver del teatro y el deterioro de unos andamios cada vez más corroídos, sin que el trabajo de verdad empezara hasta 2002.

Una portavoz de La Fenice ha confirmado que «la fecha de reapertura ha sido fijada para el 14 de diciembre de este año. El director de orquesta Riccardo Muti participará en ese concierto de reapertura del histórico teatro. Mutti ha expresado su satisfacción por participar en el evento, en el que dirigirá la orquesta del teatro veneciano con un repertorio de «música coral y sinfónica». «Me resultaba increíble y muy doloroso que la Fenice no volviese a la vida -dice-. La destrucción del teatro fue una herida profunda en el corazón de todos los italianos». El director musical de la Ópera donde cantó Enrico Caruso será Marcello Viotti.

«Venecia ha perdido su alma»

«Venecia ha perdido su alma», comentó desolado Luciano Pavarotti ante las imágenes del teatro destruido por un incendio que, precisamente por ser culpable, dejó los muros calcinados en manos de los tribunales. A los caprichos del proceso penal siguieron los pleitos entre compañías constructoras, y el resultado fue que Italia se moría de envidia en 1999 al ver la reapertura del Liceo de Barcelona cinco años después de su incendio, mientras las obras de La Fenice seguían sin empezar al cabo de tres años y las del teatro Petruzzelli de Bari, otro de los escenarios más amados de Italia, seguían esperando al cabo de ocho años desde que un «capo» de la mafia local lo redujo a pavesas en 1991.

La Venecia que reabrirá su famoso teatro de ópera es muy diferente a la que lo vio arder ante la impotencia de los bomberos debido a la avería de las tomas de agua y la falta de motobombas para extraerla de los canales. El alcalde filósofo Massimo Cacciari ha sido sustituido por Paolo Costa, un hombre mucho más practico, mientras que el nuevo titular del Ministerio de Cultura, Giuliano Urbani, goza de un peso en el Gobierno que faltaba a sus efímeros predecesores.

La Fenice se está reconstruyendo según un proyecto de Aldo Rossi, inspirado en el principio de «todo como era» en lo que se ve, pero «todo a la última» en cuanto a la nueva maquinaria de tramoya y los servicios generales del teatro. Por supuesto, la nueva Fenice contará con un gran depósito de agua bajo sus cimientos para los casos de incendio, ya que, paradójicamente, las pequeñas lanchas de los bomberos en la ciudad de la laguna tienen dificultad para llegar rápido y son mucho menos capaces que los clásicos camiones de bomberos.

La Mostra, el Lido y el hangar

Venecia se muere poco a poco bajo la mirada cansina de sus ciudadanos y el hastío de sus autoridades, que llevan veinte años saboteando el proyecto de diques móviles para frenar las invasiones de «agua alta». Mueren, poco a poco, trozos de su cerebro y de su corazón ante la indiferencia general. Aunque la imagen de Venecia es la isla y los canales, la «Mostra» se celebra en el Lido. Pero tampoco allí las cosas van bien, y su director, Moritz de Hadeln, advierte que este año no hay dinero para levantar la gran tienda que acoge la gala. Su propuesta para esta sexagésima edición es celebrarla en el hangar del aeropuerto del Lido. Los problemas son muchos y antiguos.