Stanley Kramer, junto a Sidney Poiters, fotografiados en 1998. Reuters

Muere Stanley Kramer, productor y director marcado por la polémica

El cineasta estadounidense Stanley Kramer, productor y realizador de numerosos filmes, falleció el pasado lunes, a los 87 años, según se supo ayer. Enfermo de neumonía, había sido ingresado en el Motion Picture & Television Hospital de Woodland Hills, California. Kramer nació en Manhattan (Nueva York) el 29 de septiembre de 1913 en el seno de una familia judía.

César SANTOS FONTENLA
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A los ochenta y siete años, y tras veinte alejado de toda actividad cinematográfica, primero en Seattle y luego, a comienzos de los noventa, de regreso a Hollywood en busca de nuevas oportunidades, que nunca se materializaron, ha muerto el productor y realizador Stanley Kramer, un hombre al que siempre, en vida, acompañó la polémica.

Si cierto es que en los primeros y mejores años de su etapa como productor independiente acaso su nombre fue excesivamente jaleado, no lo es menos que, tras su decisión de dirigir él mismo los filmes que producía, los ataques de que fue objeto, al margen de que muchos de ellos obtuvieran Oscar en distintos apartados, fueron excesivos y sistemáticos. Parafraseando los títulos españoles de dos de sus películas más emblemáticas, «¿Vencedores o vencidos?» («Judgement at Nuremberg», 1961), que dirigió, y «El ídolo de barro» («Champion», 1949), que se limitó a producir y Mark Robson dirigió bajo sus auspicios, sobre un guión de su entonces colaborador habitual y socio Carl Foreman, cabe, pues, decir que ni fue Kramer un salvador del cine ni tampoco fue la suya una reputación usurpada. Fue el suyo, sí, un cine asumido y esencialmente «contenutista», o «de mensaje», términos uno y otro muy empleados y casi siempre en sentido laudatorio. Pero, pese al casi medio siglo transcurrido desde su llegada a las pantallas cargado de Oscar, ¿cuántos son hoy capaces de renegar de «Solo ante el peligro» y de considerarlo entre sus westerns favoritos? Sensu contrario, ¿cuántos de quienes abominaron en su día de «Los 5.000 dedos del Dr. T» no lo consideran hoy un filme de culto? Pues uno y otro los produjo Stanley Kramer. Que dio su primera oportunidad ante la cámara a un joven actor teatral llamado Marlon Brando, al que volvería a contratar para «¡Salvaje!», la primera película de moteros que se recuerda, dirigida por Laslo Benedek, al que Kramer ya había llamado previamente para rodar una más que notable versión de la «Muerte de un viajante» de Arthur Miller.

Llegado el momento de dirigir sus propias películas, a partir de 1955, y siempre con una gran compañía detrás de la suya, «independiente», que, aunque él simpre lo haya negado, coartaba sus libertades e imponía a sus «superstars» en los repartos, Kramer siguió cultivando temas «importantes», aunque de modo, por así decirlo, «descafeinado». Pero, con todo, conviene no olvidar que, pese a todo, mientras el «maccarthysmo» y la «guerra fría» sembraban consignas y prohibiciones, mejor o peor, pero, por lo común, Stanley Kramer hablaba en sus películas del racismo («Fugitivos», 1958), de la amenaza nuclear («La hora final», 1959), del darwinismo («Inheril the wind», 1960), del Proceso de Nuremberg («¿Vencedores o vencidos?», 1961) o de los matrimonios interraciales («Adivina quién viene esta noche», 1967). Lo hacía, en ocasiones, sin excesiva fortuna, sin demasiado coraje. Pero lo hacía. Fue, pues, un hombre honesto. Y un artesano eficaz. Lo que no es poco.