José Monleón. ABC

Monleón apoya la pluralidad de lenguas en el teatro frente a la globalización

La próxima primavera está previsto el estreno de «Casandra», que se podrá ver en España, Italia y Portugal, y que responde a un programa del Instituto Internacional del Teatro del Mediterráneo (IITM) que cuenta con el apoyo de la Comisión Europea y para el que se han reunido artistas de cinco países: España, Italia, Portugal, Francia y Eslovenia.

MADRID. Pedro Manuel Víllora
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El objetivo de este programa es la elaboración de un texto dramático colectivo en torno a los Derechos Humanos, escrito por siete autores de estos países y dirigido por tres directores de escena.

«Este es ya el cuarto proyecto en un tipo de actividad que estamos planteando —dice José Monleón, director del IITM—. Cada vez hemos ido introduciendo elementos nuevos, pero dentro de una determinada búsqueda. La idea es que hay que rechazar una homogeneización impuesta por el más fuerte, que la globalización sirva para que las culturas pierdan su personalidad, y las lenguas vayan desapareciendo por las lenguas dominantes. Y hay que rechazar también que para evitar que eso ocurra se atomicen las respuestas, se multipliquen y al final el mundo sean unos rincones enfrentados rencorosamente entre sí. La idea de ser todos ingleses o norteamericanos, o la idea de ser sólo de mi pueblo, me parecen dos cosas tan lamentables que hay que buscar una salida que no sea la una ni la otra. Hay una confrontación entre cosmopolitismo y nacionalismo que a mí me parecen dos respuestas igualmente horrorosas.»

Desde el IITM se han hecho espacios de encuentro durante diez años: «Venía una compañía alemana, una de Israel, una palestina, nos juntábamos en el mismo espacio, hablábamos, unos veían a los otros. Eso continúa, pero nos dijimos: “¿Podríamos exponer nuestro punto de vista desde el mismo escenario, y que se tradujera no en una reflexión teórica o un encuentro, sino en un tipo de teatro que reflejara la posición nuestra?”.»

EL PAPEL DEL LENGUAJE

Ese encuentro de culturas exige preguntarse acerca del papel del lenguaje: «Desde la torre de Babel se nos ha enseñado que las lenguas distintas crean confusión —afirma Monleón—. Primera pregunta: ¿eso es un hecho real o es un hecho ideológico? ¿Es verdad que crean confusión o hay intereses en que la creen? Es significativo que la confusión de Babel la crea el poder para que los hombres no se pongan de acuerdo. Por consiguiente, la idea de sospechar de quien no habla como yo, no es una idea natural; esta es nuestra lectura. Nuestra idea es que la pluralidad de lenguas se puede abordar con un criterio cultural y político que no sea el tradicional. Si por un lado decimos que la unión del universo genera riqueza, y por otro sospechamos de lo que es diverso, hay una contradicción de la que hay que intentar salir, y aquí lo vemos encima de un teatro con una experimentación. Son actores de diversos países, manteniendo cada actor su propia lengua. Inicialmente se diría que es un caos, pero entramos en un tema que la lingüística ha explicado muy bien, y es que el lenguaje hablado es un elemento de expresión que está imbricado en un sistema cultural más amplio. Lo interesante era que no teníamos que convocar las lenguas, sino los sistemas culturales: su conciencia ética, su experiencia personal, su posición crítica...»

DERECHOS HUMANOS

Según, Monleón, el teatro es especialmente positivo para esta aventura: «El lenguaje escénico es por definición un lenguaje hecho por una suma de códigos: el gesto, la voz, el cuerpo, el comportamiento físico, la luz... Esto no quiere decir que no entendamos que la palabra es fundamental, por eso cuando a veces un actor dice algo que cree que es importante, él mismo en el transcurso del espectáculo pide que le traduzcan. Es ideal entender las palabras, pero estamos trabajando sobre la base de que el teatro de la incomunicación ha demostrado que en una misma lengua se producen incomprensiones radicales. Entonces hay perfecto derecho a buscar otros espacios de comunicación.»

«Casandra» parte del problema que plantea el que cada cultura tenga su propio concepto de Derechos Humanos: «El problema es cómo en determinados contextos unos se excluyen, otros se acentúan, y empieza a ser materia opinable. Como creo que en el espacio internacional, para crear espacios públicos, se parte de la base de que los Derechos Humanos son internacionales, la gran pregunta es cómo se van a aplicar los Derechos Humanos en todas partes, si desde cada realidad cultural consideran lógico o ilógico, justo o injusto, una cosa distinta. Nos ha parecido que era interesante llamar a autores de distintos países y pedirles que escribieran un texto sobre Derechos Humanos desde su experiencia personal y su experiencia histórica.»