Montserrat Iglesias, exdirectora general del Inaem
Montserrat Iglesias, exdirectora general del Inaem - Rafa Martín

«En el ministerio hubo mucha precipitación con respecto a la fusión del Real y la Zarzuela»

Montserrat Iglesias, exdirectora del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (Inaem), hace balance de su gestión

Entre los asuntos pendientes, la construcción de un teatro nacional para la danza, del que deja un proyecto muy avanzado

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Ha estado prácticamente cuatro años al frente del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (Inaem) -fue nombrada por José María Lassalle y ratificada por Íñigo Méndez de Vigo, de quienes no se quiere olvidar en el momento de la despedida-, y exhibe con orgullo sus poderes («y los de mi equipo», se apresura a decir). Algunos son cuantificables, como el número de espectadores a los espectáculos de los distintos centros artísticos del Inaem (las antiguas unidades de producción), que se ha elevado un 8 por ciento. Y otros no son tan tangibles, como la apuesta por los programas pedagócios, socioculturales y de inclusión social.

«Estoy desbordada con los mensajes de despedida que he recibido de las gentes del teatro, de la música, de la danza -dice Montserrat Iglesias, ya exdirectora general del Inaem-... El sector ha sabido valorar el trabajo que hemos llevado a cabo en estos cuatro años. y eso reconforta». También tiene palabras de agradecimiento para José Guirao: «creo que es una persona muy preparada, con formación y experiencia y un talante muy sosegado y conciliador».

Teatro Real
Teatro Real

Montserrat Iglesias cede el testigo del Inaem a Amaya de Miguel tan solo unas semanas después de haber pasado por uno de los momentos más complicados de su gestión, la polémica en torno a la fusión entre el Teatro Real y el Teatro de la Zarzuela. «Ha sido un momento muy difícil y emocionalmente complicada para todos los implicados. En el Teatro Real -que tiene una excelente gestión y cuyo presidente, Gregorio Marañón, ha hecho una labor encomiable y difícil de superar- ya existía desde su apertura la idea de un único teatro lírico y tenía toda la legitimidad para plantearlo. Pero por el lado del Ministerio hubo mucha precipitación, hay que reconocerlo y, como consecuencia, los trabajadores se vieron en una incertidumbre incómoda para todos».

La reforma del Inaem es un estribillo al que se vuelve periódicamente en el organismo. «Es verdad que necesita una reforma; nosotros la tenemos muy estudiada, muy analizada, porque los instrumentos jurídicos, económicos y administrativos que rigen el Inaem no son aplicables a gran parte de nuestras actividades. Hemos mejorado mucho la gestión. A finales de 2014 quedaban 2,5 millones de pagar en facturas, y en 2016, a pesar de que hubo un cierre contable adelantado al mes de julio que obligó a muchas direcciones a ejecutar un 40 o un 60 por ciento de su presupuesto; el Inaem, sin embargo, ejecutó el 94 por ciento. Eso demuestra lo mucho que trabajó el equipo del Instituto».

«La reforma del Inaem es una necesidad que se plantea desde todos los sectores, y el ministro ha sido claro al decir que la va a poner sobre la mesa»

Precisamente la fusión frustrada ha servido para volver a llamar la atención sobre esa necesaria reforma del Inaem. No cree que vuelva a plantearse su conversión en agencia, como se pensó en su día, «pero el actual ministro -dice Montserrat Iglesias- ha sido claro en que hay que poner esa reforma sobre la mesa, y que reunirse con los sindicatos, con otros ministerios para abordar una necesidad que se plantea desde todos los sectores».

Hay, reconoce, varios escollos importantes: «la intervención previa complica muchas cosas, porque nosotros, por ejemplo, producimos obras donde hay cambios constantes; se compran pelucas, se cambian zapatos, se contrata a músicos y bailarines a última hora... Parece una tontería, pero no lo es. Y con el ritmo lento de la Administraciones estas cuestiones son difíciles de abordar: para pagar a los actores, por ejemplo, tardamos más de lo debido porque se considera servicio y no contrato, y esto tiene unos tiempos en la Administración que debemos cumplir. Esas disfunciones habría que solventarlas».

Hay más dificultades: los convenios. «Se arrastran algunos antiguos que arrastran a sus trabajadores a situaciones que no corresponden con su trabajo real y que plantean dificultades para que las compañías giren -pese a todo, lo hacen, y mucho más de lo que se dice-. No es lo mismo la actividad y las necesidades, por ejemplo, del Teatro de la Zarzuela que las de cualquier departamento del Ministerio de Hacienda o de Administraciones Públicas».

Helena Pimenta, Íñigo Méndez de Vigo y Montserrat Iglesias, en el Teatro de la Comedia
Helena Pimenta, Íñigo Méndez de Vigo y Montserrat Iglesias, en el Teatro de la Comedia

En lo personal, la mayor satisfacción que ha tenido Montserrat Iglesias ha sido poder reabrir el Teatro de la Comedia después de catorce años cerrado. «Nadie creía que íbamos a terminar las obras y a abrirlo, pero con un esfuerzo increíble de todas las partes implicadas se pudo abrir en un tiempo récord y el resultado está ahí; es un teatro mágico».

Cree que se vive, contrariamente a lo económico, un momento artístico extraordinario en los centros artísticos del Inaem, y se confiesa satisfecha de haber renovado a varios de los directores heredados del anterior gobierno. «Se han mejorado también -presume- muchos procedimientos de gestión, que no son atractivos externamente para el público o para la prensa, pero que en el día a día son funcamentales». Y pone un ejemplo: «el ascensor y el montacargas del Teatro de la Zarzuela, que llevaban años pidiendo, y que son fundamentales para el bienestar del público y de los trabajadores».

«Estoy particularmente satisfecha de nuestras relaciones con el Liceo de Barcelona en un momento políticamente muy complicado»

Montserrat Iglesias está contenta también con su relación en estos cuatro años con el sector. «Ha habido mucho diálogo, he tratado de escuchar a todos e implicarme con todos los sectores. He recibido muchísimo cariño y muchísimo apoyo».

Y, en estos momentos de tensión con el Gobierno catalán, la exdirectora general quiere destacar las relaciones que su departamento ha mantenido con el Liceo barcelonés. «Siempre hemos trabajado muy bien tanto con sus responsables como con los de las Administraciones de las que depende; incluso en los momentos más difíciles políticamente. Y me hace mucha ilusión la etapa que inicia ahora el Liceo, con el nuevo director general».

Ballet Nacional de España
Ballet Nacional de España

Ha habido por su parte, admite, un cuidado especial para con los bailarines de la Compañía Nacional de Danza y del Ballet Nacional de España. «Desde el principio he entendido siempre sus reinvindicaciones y he tratado de mejorar esa situación en la medida de lo posible. Hicimos un convenio con el Consejo Superior de Deportes para atender a los bailarines como a los deportistas de élite, encargamos un informe sobre el bienestar de los bailarines y la prevención de lesiones. Y me queda sin hacer, y espero que se pueda llevar a cabo, que se pudiera utilizar ese informe en los Conservatorios, aunque dependen de las Comunidades. La del bailarín es una profesión muy corta y muy exigente, y me hubiera gustado dar una solución mucho más estable a su situación laboral; no he tenido tiempo, pero hemos hecho lo que hemos podido. Es el colectivo de artistas más vulnerable».

El trabajo se ha dirigido también en otras direcciones. Una de ellas, la creación de un teatro para la danza. «Hemos localizado un espacio espléndido, y espero que en el futuro pueda ponerse en marcha ese proyecto, que está muy avanzado». Este teatro, según el plan del Inaem, ese teatro sería algo similar al Auditorio Nacional: albergaría la sede de la Compañía Nacional de Danza y del Ballet Nacional de España, que programarían allí sus estrenos y sus espectáculos, y al mismo tiempo estaría abierto a los promotores y las compañías privadas para presentar sus propuestas. La danza necesita un lugar de referencia en España».

Montserrat Iglesias ya sabe cuál es su destino. «Voy a dirigir un think tank con un grupo editorial, un foro de debate y de ideas culturales sobre la relación entre arte, ciencia y humanidades; algo que tiene que ver con mi actividad docente y de investigación».