Un turista visita Chernóbil
Un turista visita Chernóbil - ABC

La miniserie «Chernobyl» provoca una avalancha de turistas al lugar de la catástrofe

Tan solo el año pasado la denominada «zona de exclusión» recibió la llegada de más de 60.000 visitantes, con un incremento en la demanda del 40 por ciento

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Las visitas organizadas y guiadas a la central atómica de Chernóbil, cuyo reactor número 4 provocó hace 33 años la mayor catástrofe en la historia de la industria nuclear civil, hace tiempo que se realizan. La fatídica infraestructura y lo que se extiende dentro de la llamada «zona de exclusión», incluida la ciudad fantasma de Prípiats, que es en donde vivían los trabajadores de la planta, fueron visitadas por 60.000 personas el año pasado, en su inmensa mayoría turistas.

Ahora, tras el éxito obtenido por la miniserie de HBO «Chernobyl», las reservas en las agencias que organizan el tour se han disparado. Los operadores SoloEast y Chernobyl Tour reportan incrementos en la demanda de excursiones al lugar del desastre de hasta el 40 por ciento.

Y eso que, pese a que los programas de «desactivación» y limpieza de los sectores más contaminados del entorno de la central se vienen llevándose a cabo sin cesar desde el minuto uno tras las dos explosiones que se produjeron en la madrugada de aquel 26 de abril de 1986, viajar a Chernóbil no está exento de riesgos para la salud.

Prueba de ello son las numerosas precauciones que los organizadores aconsejan observar a los visitantes: no salirse de los itinerarios marcados, llevar mangas y pantalones largos, cubrir la cabeza, utilizar calzado con suela gruesa, no tenderse ni sentarse en el suelo, no comer ni beber al aire libre, no penetrar en edificios abandonados y menos aún en vehículos, no llevarse ningún objeto de la zona como recuerdo y ducharse bien al regresar al hotel, además de lavar la ropa y los zapatos que se emplearon durante el recorrido. Hay que firmar además un documento eximiendo a la administración del complejo de toda responsabilidad por cualquier perjuicio a la salud que pueda ocasionar la estancia en Chernóbil.

Hay en la «zona de exclusión» lugares que conservan todavía alto niveles de radiación, por ejemplo, un gran agujero abierto en el suelo en donde se sepultó todo el material utilizado durante las primeras horas de lucha contra el escape nuclear. Hay excavadoras, camiones y los utensilios empleados por los llamados «liquidadores» en su titánico esfuerzo para taponar la fuga nuclear. También es peligrosa la explanada en donde se tuvo que talar el «bosque rojo», los pinos y abetos a los que mató la radiación por su proximidad con la central. Pero nada de eso está incluido en la excursión.

Lo que sí se ve y comporta cierto riesgo una exposición continuada es la zona del descomunal «sarcófago» en forma de arco que cubre herméticamente el reactor accidentado para aislar el magma en el que se convirtió el combustible atómico al fundirse, y la localidad de Prípiats, quizá lo más impactante de la visita. El subsuelo de esta tenebrosa ciudad mantiene isótopos inestables de las sustancias que escupió el reactor.