Un milagro llamado Santo Domingo

por Alejandra Vengoechea/
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José María Aznar inauguró ayer la restauración del Convento de Santo Domingo de Cartagena de Indias, el mayor centro de formación de la cooperación española en Iberoamérica

CARTAGENA DE INDIAS (COLOMBIA). Hasta hace tres años, era el monumento al olvido. Los habitantes de Cartagena, el más popular balneario y puerto del caribe colombiano, no se atrevían a poner un pie en el legendario Claustro de Santo Domingo, por temor a que les cayera de repente una viga de madera carcomida. Todo eran ruinas. Sólo había polvo. Ni siquiera los mendigos, que son muchos en esta ciudad turística, se atrevían a pasar las noches entre las cuatro paredes de lo que antaño fue el espacio de retiro espiritual de los padres dominicos, primeros habitantes de un claustro que empezó a ser construido a finales del siglo XVI y que luego alojó a las tropas de la colonia española e incluso fue blanco del corsario Francis Drake, quien lo atacó en 1586.

«Nada se podía usar. Tuvimos que rehacerlo de nuevo durante los dos años que trabajamos en él. Su ruinosa apariencia y falta de uso lo habían sacado del corazón de los cartageneros», le contó a este diario Alberto Samudio, arquitecto colombiano que, junto al español Luis Villanueva Cerezo, el director del proyecto de restauración del claustro, y que vive en Cartagena hace 12 años, logró mezclar la magia del pasado y la funcionalidad de lo moderno.

Recorrer sus pasillos pintados de amarillo oscuro colonial, revestidos en sus techos con relucientes vigas de madera, con amplias bóvedas y dos centenarios almendros en su plazoleta interior, sobrecoge hasta al más incrédulo. Esos 9.000 metros cuadrados son, desde ayer, la nueva sede del Centro de Formación de la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI), que invirtió 3.5 millones de euros para rescatar de la memoria un lugar que ahora cuenta con una biblioteca, un restaurante y varias salas que servirán para eventos académicos y exposiciones varias. La primera de ellas se abrió ya ayer. Se trata de una retrospectiva de las esculturas del español Xavier Mascaró.

«Aunque la AECI cuenta con dos centros de formación en Iberoamérica -uno en Bolivia y otro en Guatemala-, éste es el edificio más significativo que tenemos. Desde 1993, cuando iniciamos actividades en Cartagena, el centro da un promedio de 80 cursos y seminarios anuales, en temas relacionados con la reforma y la modernización del Estado, el desarrollo económico y social y los procesos de integración, comunicación e información. Nos quedamos pequeños y por eso nos mudamos al claustro. España invierte 30 millones de euros anuales en cooperación», le explicó a ABC Vicente Sellés, coordinador general de la Cooperación Española en Colombia.

Esta obra, sin embargo, fue titánica. Cuando en 1999 el Gobierno español acordó con la Arquidiócesis de Cartagena encargarse de la recuperación total a cambio de que los religiosos le cedieran sus instalaciones durante 28 años, un equipo de historiadores, arqueólogos, diseñadores, ingenieros colombianos y un ejército de 300 obreros empezaron en el 2001 varias excavaciones que arrojaron más de un testimonio histórico. En uno de los corredores, por ejemplo, los arqueólogos que cavaban el piso encontraron enterramientos masivos de niños, al parecer consecuencia de alguna de las muchas epidemias que azotaron la ciudad amurallada durante y después de la Conquista. Pero también aparecieron vasijas en barro, piezas de porcelana fruto del comercio entre Europa y Colombia, un arcabuz, una pipa y una bala.