Medallas de Oro en el Círculo de Bellas Artes

José L. GARCÍA DEL BUSTO
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En este año en el que el Círculo de Bellas Artes de Madrid cumple su setenta y cinco aniversario, renuevo mi admiración hacia esa institución a la que también debo gratitud: muchas horas he pasado en su sede, aprendiendo y disfrutando. A renovar admiración y cariño ayuda no poco el excelente libro de José Luis Temes sobre su historia, recién publicado.

Una de las actividades con las que el Círculo está celebrando sus 75 años ha sido la concesión de Medallas de Oro a destacadas personalidades del ámbito intelectual, creativo y artístico. Al ver en el último número de la revista «Minerva», del mes de mayo, la relación de premiados, algo me ha chirriado: Rafael Azcona (Cine), Juan Hidalgo (Multimedia), José Luis Gómez (Teatro), Rafael Moneo (Arquitectura), Martín Chirino (Artes Plásticas), Emilio Lledó (Humanidades)... y Amancio Prada (Música).

No sé si es muy necesario —aunque lo voy a hacer— aclarar que nada tengo contra Amancio Prada, sino, al contrario, muchos motivos de sintonía: me gusta mucho León (y en especial el Bierzo), admiro a Agustín García Calvo, amo a Cunqueiro y a Rosalía, adoro a San Juan de la Cruz, no me es indiferente la música..., en fin, para qué seguir.

Considero muy justo su éxito y cordialmente le deseo que su sensibilidad y su buen gusto acreditados le sigan procurando aplausos, ventas de discos y premios. Pero ¿no convendría que, a la hora de plantearse unos premios una institución cultural o la hora de proponer unos cursos una universidad o a la hora de organizar sus secciones una publicación, se homologara de una vez por todas la consideración de la música con la que se tiene hacia las demás artes?

Insisto: no trato de decir que Amancio Prada no merezca una medalla de oro del Círculo de Bellas Artes. Lo que digo es que, seguramente, el Círculo de Bellas Artes jamás hubiera dado la de Artes Plásticas o la de Teatro o la de Arquitectura a estupendos profesionales de esos campos cuyo ámbito fuera manifiestamente distinto a aquel en que se mueven Chirino, Gómez o Moneo, mientras que, en Música, éstas son cosas que pasan.