«Mayumana», fiesta del ritmo

Por Julio BRAVO
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«Mayumana». Creadores: Eylon Nuphar y Boaz Berman. Diseño de escenario: Erez Yaniv y Boaz Berman. Diseño de luces: Eyal Tavori y Eylon Nuphar. Diseño de sonido:Amir Shor. Diseño de vestuario:Lulu Liam, Norma. Madrid. Teatro Coliseum, 21 de abril de 2001.

Se han puesto de moda, en los últimos años, los espectáculos que, como «Mayumana», están basados en el baile y en la percusión, en el ritmo, sin historia que contar. No es difícil comprender su éxito en todo el mundo: presentan un escenario urbano fácilmente reconocible (al fin y al cabo, se trata de la escenificación del marasmo sonoro de las grandes capitales); su lenguaje, el ritmo, es universal; es muy vital, sus números enormemente contagiosos y llenos de desenfado; y, sobre todo, tienen intérpretes que a lo largo del espectáculo realizan un irresistible desgaste de energía.

La visita previa de «Stomp» y «Tap dogs» reduce el elemento sorpresa en «Mayumana». Lo que se ve en el escenario es inocultablemente parecido (al menos en líneas generales) a las dos propuestas antes mencionadas. Pero no por ello deja de atraer. Y no por ello deja de tener una acusada personalidad como espectáculo. Sobre las tablas, diez intérpretes inclasificables (cinco mujeres y cinco hombres) desarrollan durante la hora y media que dura el espectáculo sus «destrezas» (que eso significa «Mayumana»), con las que conquistan al espectador. Al igual que sus «hermanos», este espectáculo usa de los palos, de los bidones, de los contenedores de basura, de las latas, y de los propios cuerpos de los artistas para su despliegue percusivo, en un entorno lleno de tubería y andamiaje. Hasta aquí, nada nuevo (pero, insisto, sí atractivo). El principal elemento diferenciador estriba en el sentido del humor, verdaderamente eficaz como desengrasante del esfuerzo de los intérpretes y relajante para el espectador. Hay «gags» dignos del mejor espectáculo de mimo.

«Mayumana» es una fiesta del ritmo, y hay que descubrirse ante el enorme talento de los diez artistas que lo ejecutan. Ellos son la columna vertebral de un espectáculo cuidadísimo en su producción, con unas luces extraordinarias y un vestuario desenfadado y eficaz, lo mismo que la escenografía. Sólo habría que pedirle un mejor ritmo en determinadas transiciones, y un ajuste algo más fino en el atractivo número de los balones fosforescentes. Nada que pueda bajar nota, en todo caso, al espectáculo.