Más música viva en la Academia

Leopoldo HONTAÑÓN
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Como se adelantó en esta sección, la tarde del domingo fue solemnemente recibido en la Academia de Bellas Artes de San Fernando el compositor Ramón Barce (Madrid, 1928). Elegido para cubrir la plaza ocupada hasta su muerte por Joaquín Rodrigo, le correspondía la lectura del discurso de recepción que le convertía de electo en académico de pleno derecho. Y ésta pretende ser somera reseña del acto.

Vaya por delante que acudieron a él, con muy pocas excepciones, todos los que de verdad sienten interés por nuestro acontecer musical de hoy. Luego, que tal sesión discurrió con la altura y el interés que los intervinientes hacían presagiar. La profundidad pensadora, el rigor constructivo y la cuidada formalidad verbal del discurso de Barce, nos condujo, con apoyatura en ideas de todas las épocas y tras los agradecimientos y recuerdo a la gran figura de Rodrigo, a los presupuestos de la creación musical más vivos y actuales. Si su título era «Naturaleza, símbolo y sonido», bien demostrado nos dejó cómo no es aquélla la que puede explicar la obra de arte, sino que es la música la que puede explicar la naturaleza. Un estudio detallado de los parámetros del sonido —«el nivel inferior de organización de la música»—, le lleva a la conclusión de que «el simbolismo del sonido no apunta, como el de los materiales plásticos o literarios, a entidades concretas y unitarias, sino a las formas y procesos abstractos de esas entidades».

El discurso de Barce fue contestado con otro, sencillamente perfecto, del también académico por la sección de música Antonio Gallego. No faltó en él ni la exacta semblanza humana y artística de aquél, ni las sutiles apostillas a su intervención, ni la más sincera enhorabuena a la Academia por la entrada en ella «no sólo de un compositor, sino también de un doctor en Filosofía y Letras, un catedrático de Lengua y Literatura, un crítico musical, un organizador y dinamizador de la música contemporánea, un hombre de cultura, instalado ya en la historia de la música española de nuestro tiempo». La música viva y de ahora mismo. Y con un ejemplo de ella, un estreno absoluto del propio Barce —el de su «Sonata número 2», apoyada en sus tres secciones en el «sistema de niveles» por él ideado en 1964—, la excelente pianista catalana Eulalia Solé cerró en triunfo la muy completa sesión. Conocedora profunda del pensamiento del compositor madrileño, del que acaba de grabar en Cd la colección completa de sus «48 preludios», cohonestó admirablemente en su versión la abstracción y el humanismo