Maruja Mallo, la gran transgresora del 27, regresa a la Academia
ABC Maruja Mallo (izda) y Josefina Carabias, junto al lienzo «Antro de fósiles», que acaba de reaparecer después de medio siglo

Maruja Mallo, la gran transgresora del 27, regresa a la Academia

N. P. | MADRID
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Con el ingenio que le caracterizaba, Salvador Dalí la definió «mitad ángel, mitad marisco». Fue la gran transgresora de la generación del 27. A través de su relación con Dalí, con quien coincidió en la Academia de Bellas Artes, mantuvo amistad con toda aquella generación: Lorca, Buñuel, Miguel Hernández, Alberti... Con este último mantendría una más que estrecha relación, que acabó rompiéndose. Hay referencias a Maruja Mallo en «La arboleda perdida». Logró que personalidades de la talla de Ortega y Gasset, Neruda y Breton se fijaran en ella. Imposible no hacerlo. Con el primero colaboró intensamente en la «Revista de Occidente», con el chileno viajó a la Isla de Pascua en el 45; el maestro surrealista francés le compró una obra, «El espantapájaros». Exiliada en Argentina durante 25 años, regresó a España en 1961. Murió en el 95.

Gallega universal

Fue pionera no sólo en lo artístico sino en otras muchas facetas. Frecuentaba, como recordó ayer la ministra de Cultura, junto a otras adelantadas a su tiempo como Victoria Kent o Clara Campoamor, centros culturales y tertulias en los cafés, a los que acudía sin sombrero, luciendo pelo a lo garçon y fumando cigarrillos sin filtro. Era una mujer fascinante, carismática, pintoresca en su aspecto físico, entre pitonisa (todo el arte es presagio) y artista de varietés (pintó atletas, bailarinas, máscaras): iba muy pintada -especialmente los ojos y la boca- y solía vestir colores chillones. Nunca pasaba desapercibida. Antonio Bonet Correa, que la conoció, recordaba ayer a esta gallega universal como «una mujer rebelde, sin complejos, pionera en el arte moderno y en el feminismo», que jugaba con Dalí en el patio de la Academia de Bellas Artes dando vueltas hasta que ambos caían al suelo.

Ana María Gómez González (verdadero nombre de Maruja Mallo) regresa a la Academia donde estudió, con su hermano Cristino, entre 1923 y 1925, pero esta vez para exhibir su obra en la mayor retrospectiva que se le ha dedicado hasta el momento (más de 130 obras, entre óleos, dibujos, fotos y documentos), organizada por la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales y la Fundación Caixa Galicia. Los comisarios, Juan Pérez de Ayala y Fernando Huici, repasan más de cinco décadas de trabajo: de sus telas más coloristas a las más lúgubres, del surrealismo al constructivismo, de los «Retratos bidimensionales» a sus «Naturalezas vivas»... Un mundo de fantasía, propio del realismo mágico, poblado por una fauna hipnótica. Se ha editado un documental sobre su vida y su obra, dirigido por Antón Reixa.

Sólo pintó entre 90 y 100 lienzos en una larga carrera de casi 60 años. A algunos de ellos se les había perdido la pista. Es el caso de «Antro de fósiles» (1930), que halló el galerista Guillermo de Osma en una sala de subastas de París (la primera impresión cuando lo vio en el almacén le dejó bastante frío). Lo compró en noviembre y lo tiene sólo desde hace 15 días. Cuelga en la muestra. De Osma prepara, junto a Juan Pérez de Ayala, el catálogo razonado de la artista.

Academia de Bellas Artes. Alcalá, 13. Horario: de martes a sábados, de 10.00 a 14.00 y de 17.00 a 20.00 horas. Domingos, de 10.00 a 14.00 horas. Lunes cerrado. Hasta el 4 de abril