Martín Garzo y Vázquez Figueroa, de impostores y malas novelas

FELICIANO TISERA. SANTANDER.
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Gustavo Martín Garzo y Alberto Vázquez-Figueroa participaron en una mesa redonda en la UIMP. Bajo el título «Escribir y ser leído», estos dos autores tan diferentes han relatado diversas experiencias. Así, Martín Garzo, vallisoletano nacido en 1948, psicólogo, escritor y periodista, dijo que siempre se ha «sentido como un impostor» en el papel de escritor, especialmente viendo sus libros en los escaparates «al lado de los de grandes escritores». Relató una anécdota: el primer texto suyo leído en público fue en la escuela, y como él no podía escribirlo, su madre lo hizo por él. Cuando lo entregó, copiado con su propia letra, al profesor, éste dijo que era el único de los alumnos en quien reconocía a un futuro escritor, por lo que ya desde temprano sintió esa sensación de impostura. Por eso dice que «cuando escribo siempre trato de convocar a otro». Por su parte, Vázquez-Figueroa, tinerfeño nacido en 1938, dijo que se dio cuenta de que estaba «loco» al intentar ser escritor en España, «un país con 40 millones de habitantes en el que todos son más o menos aficionados a escribir», y en el cual «te hacen la competencia los escritores muertos, los escritores vivos, los aficionados que intentan que les editen sus obras, y hasta aquellos que pagan por que alguien se las edite». La relación con los editores no podía faltar en este «XVIII Encuentro sobre la edición». Martín Garzo dijo que «la relación entre editores y escritores ha sido muy fecunda en la historia, y se ha hablado mucho de ella». Dijo que un escritor siempre «se siente muy inseguro» con sus obras, por eso es necesaria la relación con un editor, «un lector privilegiado que le puede dar al escritor esa sensación de seguridad que necesita.Entonces es normal que el escritor ande en busca de un editor, aunque no siempre lo encuentre». En especial hoy, «cuando el mercado editorial se rige como cualquier otro mercado», y en el que la relación más humana entre ambos «se ha perdido un poco». Vázquez-Figueroa dijo que su relación con los libros «es cada vez peor. Cuando te vas convirtiendo en un escritor cada vez más profesional, pierdes esa magia» de los comienzos. Además, cree que «uno aprende mucho más de las novelas malas que uno lee o escribe que de las buenas. Creo que mi única novela buena, que vale la pena, es «Tuareg». Y está tan bien que ya no la puedo repetir. En cambio, soy especialista en escribir novelas malas. Tengo como 30 ó 40 novelas malas. Ésas son las que te enseñan los errores que no debes volver a cometer».