José María Aznar, Mario Vargas Llosa y Mariano Rajoy, ayer en la Casa de América - ÓSCAR DEL POZO

Mario Vargas Llosa, ochenta años de libertad y letras

El premio Nobel de Literatura celebra su aniversario reuniendo a varios expresidentes de España y Latinoamérica

MADRID Actualizado: Guardar
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Si uno midiera su prestigio y su vigencia por las personas que acuden a su cumpleaños, Mario Vargas Llosa (Arequipa, 1936) debe estar en uno de los momentos más dulces de su carrera. Con su novela «Cinco esquinas» (Alfaguara) oliendo a nuevo en las librerías y un momento personal reconocidamente feliz, el Nobel peruano inauguró el seminario «Vargas Llosa: cultura, ideas y libertad», que reunió ayer, y reunirá hoy, en la Casa de América, a presidentes y expresidentes de España y América Latina y miembros de la Cultura de todo el mundo.

El primero en tomar la palabra en esta especie de cumpleaños televisado fue el presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy. En un discurso marcado por la política, Rajoy recordó el prólogo de la segunda parte del Quijote para reforzar la teoría de que Mario Vargas Llosa sigue en plena forma, más allá de lo que diga su DNI: «No se escribe con las canas, sino con el entendimiento, el cual suele mejorarse con los años. Celebramos 80 años dedicados al compromiso, la disciplina, la perseverancia y el trabajo. Su literatura tiene tres principios rectores: la verdad en el concepto, la propiedad en el lenguaje y el rigor en la forma».

Rajoy señaló que el seminario es un merecido reconocimiento al Nobel peruano, «que ha dedicado su vida a hacer de América Latina un pilar fundamental del mundo occidental». De Vargas Llosa dijo que es patrimonio común, y que España puede considerarlo un Nobel «propio» gracias al español, una lengua que lo ha llevado a nuestras estanterías sin grandes peajes, traducciones ni intermediarios. Un privilegio total.

La primera ponencia corrió a cargo de José María Azanar. El expresidente del Gobierno hizo de su discurso una advertencia hacia los problemas de nuestra sociedad, con una mención extensa al terrorismo internacional. Aznar habló del choque cultural y emocional que supuso el 11-S en las generaciones nacidas entre los años 60 y 70. El expresidente ve necesario comprender la magnitud del problema que tenemos en el mismo centro de Europa para poder combatirlo de forma eficiente y proporcionada.

La historia de la libertad

«Seguimos tratando de cerrar con un paréntesis lo que en realidad es el inicio de un capítulo más de la historia de la libertad», acusó. «Creo que en términos abstractos esta ha de ser la principal conclusión a extraer de los sucedido tras el 11-S: no cumplimos ni hicimos cumplir las normas. Nos apartamos de la base que debemos defender y las consecuencias están aquí. Es difícil que puedan producirse procesos ordenados de integración en sociedades que dudan de sí mismas, que no se respetan a sí mismas y que no saben lo que son».

La segunda conferencia corrió a cargo de cuatro expresidentes latinoamericanos, que no olvidan los déficits de libertad que han padecido durante años. Luis Alberto Lacalle, que presidió Uruguay entre 1990 y 1995, hizo una reflexión sobre el poder. Ve justo que los partidos sigan teniendo el poder ejecutivo porque «la legitimidad que viene del voto no la tiene nadie más», pero también ve necesaria una mayor participación de la ciudadanía.

Desfile de veteranos estadistas

En este desfile de veteranos estadistas, Andrés Pastrana, presidente de Colombia entre 1998 y 2002, pidió una solución política para el problema del narcotráfico en su país. Por su parte, Sebastián Piñera, al frente de Chile de 2010 a 2014, demandó una mayor apertura del continente y criticó el exceso de encuentros diplomáticos que celebran en América Latina: «Son cumbres que pretenden integrarnos hacia dentro, pero nos desintegran hacia fuera». En último lugar, Álvaro Uribe incidió en una idea que se repite a menudo también en España. El presidente de Colombia entre 2002 y 2010 dijo que ya no hay que diferenciar entre izquierda y derecha, sino entre «democracias progresistas y democracias regresivas», dijo. «Muchos no han entendido que la seguridad es un valor democrático. Confunden la seguridad con la represión propia del totalitarismo».

Como leer nos hace libres, el seminario pretende recordar la importancia de un mundo leído y bien informado para que la libertad no sea solo un concepto de telediario. En este sentido, el discurso de Vargas Llosa fue brillante. El Nobel supo darle el matiz cultural a un encuentro que hoy tendrá dos mesas redondas; en la primera participarán Fernando Savater, Javier Cercas y Carmen Riera y la segunda será un diálogo entre Orhan Pamuk y Vargas Llosa.