Marina Castaño: «El que quiera sacar algo de la Fundación estaría robando»

«Cela, continente y océano». Bajo este título, y en forma de un cariñoso homenaje al desaparecido Nobel de Literatura, se inauguraron ayer en Iria Flavia los VII cursos de verano de la Fundación Camilo José Cela, en los que la viuda del creador, Marina Castaño, y el escritor peruano Alfredo Bryce Echenique hicieron frente común en defensa de la obra celiana.

C.ROMERO/G.DE SANTIAGO
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IRIA FLAVIA/EL ESCORIAL.La jornada inaugural de los VII cursos de la Fundación Cela en Iria Flavia se convirtieron en un homenaje  al escritor Bajo el título «Cela, continente y océano», Marina Castaño abrió la jornada, presidida por la directora del curso y hermana de Camilo José, Ana Cela, y que reunió a Alfredo Bryce Echenique y al profesor de la Universidad de Miami Joaquín Roy. La viuda del escritor se encargó de hacer un repaso por la trayectoria de esa «criatura incansable, perspicaz y dotada por el don de la ubicuidad» que fue su marido.Marina Castaño recordó cómo la «realidad contundente de su obra» hizo que Cela superara las vicisitudes económicas y sociales a las que tuvo que hacer frente en su vida, yendo su «carrera literaria y proyección en ascenso hasta el último día».

Aunque evitó hablar sobre la herencia de Cela, señaló que su esposo dejó en herencia todo su legado a la cultura española y apuntó: «Fue así de generoso, porque nunca vendió nada, lo regaló todo en lugar de venderlo y el legado de esta Fundación está cifrado en bastantes millones de euros». «De aquí (se refería a la Fundación) nadie puede sacar nada -precisó-. Y así va a ser siempre, porque esta Fundación tiene entidad propia. El que quiera sacar algo de ella estaría robando». Marina Castaño expresó su intención de «darle más vida» a la Fundación: «Es algo vivo, no un museo muerto». Por ello, anunció que el próximo año, además del curso de verano, se celebrarán actividades durante todo el año.  

Campesino burro y filósofo

Bryce Echenique centró su intervención en «La familia de Pascual Duarte», presentando una relectura de la novela del «campesino burro y filósofo» que fue Pascual Duarte. En su opinión, hay «un antes y un después» de Cela, cuya literatura sigue siendo muy actual, «fresca, con un lenguaje que queda para siempre».

Por su parte, Camilo José Cela Conde, hijo del Nobel, inauguró ayer en El Escorial el curso «Cela y su obra: un testimonio histórico». Explicó a ABC que no ha leído el polémico libro de Umbral, «Cela: un cadáver exquisito», sobre la figura de su padre, y admitió que entre ellos existió una «simbiosis especial que les hizo seguir caminos paralelos, aunque con distinto reconocimiento, y eso propició que Umbral tuviera en mi padre una especie de hermano mayor». Sobre la acusación de plagio de «La Cruz de San Andrés», rechazó que se basara en otro libro: «Mi padre se quedó en Quevedo y no leía nunca literatura contemporánea».

Cela Conde señaló dos acontecimientos que cambiaron la vida de su padre, el Nobel y su operación: «Después de eso mi padre decidió vivir la vida regalada que encontró». ¿En qué manera influyó ese cambio en su trayectoria literaria? Cree que se puede hablar de dos «celas»: «El cuerpo principal de su obra literaria la escribió antes del Nobel». No quiso pronunciarse sobre la polémica del testamento de su padre. «Está en manos de mis abogados», concluyó.