La biblioteca del Ateneo de Madrid conserva las placas de cristal que usó Azaña para ilustrar su conferencia «Reims y Verdún. Impresiones de un viaje a Francia», pronunciada en esta institución el 25 de enero de 1917
La biblioteca del Ateneo de Madrid conserva las placas de cristal que usó Azaña para ilustrar su conferencia «Reims y Verdún. Impresiones de un viaje a Francia», pronunciada en esta institución el 25 de enero de 1917 - ABC

Manuel Azaña, testigo de los horrores de la I Guerra Mundial en Francia

Una exposición en el Ateneo de Madrid evoca el viaje a Reims y Verdún en 1916 del que fuera presidente de la Segunda República

MadridActualizado:

En 1916 todavía faltaban veinte años para el comienzo de la Guerra Civil, pero el futuro presidente de la Segunda República, Manuel Azaña, ya conocía de primera mano los horrores de la guerra. El escritor e intelectual ocupaba por entonces el cargo de secretario del Ateneo de Madrid, del cual llegó a ser presidente pocos años después. La institución le había enviado en un rápido viaje a Francia en el mes de octubre, lo que le permitió ver con sus propios ojos los estragos que estaba causando la I Guerra Mundial en el Viejo Continente.

Una vez de vuelta en Madrid, Azaña terminó por convencerse de que la neutralidad española era un error. Que se estaba dando la espalda a un conflicto que la afectaba. De este modo, no tardó en publicar una crónica llamada «Nuestra misión en Francia» sobre su visita al país galo. También pronunció una serie de conferencias en las que narró su experiencia. La primera fue en el Ateneo, y en ella contó con el apoyo de fotografías cedidas por algunas de las agencias de prensa con las que contaba el ejército francés. Ahora estas imágenes se pueden observar en la exposición « Manuel Azaña en Reims y Verdún. Impresiones de un viaje a Francia (1916)».

En esta muestra, que se podrá visitar en el Ateneo de Madrid hasta el 5 de enero, aparecen recogidas 40 fotografías extraídas de las placas de cristal originales, las cuales fueron halladas en el palomar de la institución después de pasar décadas olvidadas. Las instantáneas están acompañadas, además, por las palabras con las que Azaña las describió durante las conferencias.

Lo que se perdió

Azaña sentía una gran afinidad hacia la causa aliada ya antes de viajar a Francia. Aunque España era neutral a todos los efectos, la I Guerra Mundial no resultaba algo ajeno para la población; al menos no para los intelectuales ni para los políticos y medios de comunicación, muchos de los cuales se encontraban divididos entre aliadófilos y germanófilos. «En el frente él termina de darse cuenta de que la neutralidad es perniciosa para España, de que se trata de algo que la afecta directamente. Estaba seguro de que, si se entraba en la guerra, Francia podría soportar el empuje alemán», explica a ABC el comisario de la exposición, Jesús Cañete Ochoa.

El por entonces secretario del Ateneo fue enviado a territorio galo junto a un comité de escritores en sustitución del presidente de la institución, Rafael María de Labra, que había sido invitado por un grupo de intelectuales franceses que habían pasado por la Península previamente. En Francia encontró las localidades de Reims y Verdún completamente arrasadas, con buena parte de su rico patrimonio cultural reducido a un montón de escombros apilados. También conoció a los soldados franceses, que languidecían cubiertos de barro de trinchera mientras combatían en la peor guerra que había conocido el ser humano hasta entonces.

«La guerra era de una intensidad increíble, de mucha brutalidad. Además de los miles de muertos y heridos de esas batallas interminables se estaba perdiendo un patrimonio europeo muy importante», señala el comisario. Y es que la contienda se cobró buena parte del acervo cultural con el que contaban las dos ciudades francesas. Dentro de este se encuentra, por ejemplo, la catedral gótica de Reims, construida en el siglo XIII y que sufrió gravísimos daños a causa de los constantes bombardeos alemanes. Así describe Azaña en una de sus fotografías lo que vio durante esta primera etapa dentro de su viaje: «(La catedral) tiene todo el frente calcinado, descortezado; las torres, desmochadas, han perdido las campanas, fundidas por el incendio; toda la escultura ha sido barrida por el huracán de hierro; los santos, los héroes, los reyes de piedra han desaparecido de las hornacinas donde vieron pasar los siglos o muestran sus troncos descabezados, mancos o hechos cribas. De alguno queda solamente un tosco muñón de piedra ennegrecido».

Azaña y el resto de la comitiva dejaron atrás Reims y se dirigieron hacia la bulliciosa Verdún, en donde se libraba una de las batallas más salvajes entre las que tuvieron lugar durante la contienda. Un episodio que duró 300 días; tiempo suficiente para que perdieran la vida más de medio millón de personas según las últimas estimaciones. Allí pudo observar la situación de los soldados franceses: «Cada uno tiene una pequeña cosa que hacer, una misión que cumplir, al parecer insignificante, pero que es, en realidad, el núcleo primero de que se compone ese torrente de activa energía que circula por las trincheras».

Dos viajes más

Más tarde, el futuro político republicano tuvo tiempo de observar el funcionamiento de la industria de guerra, que como ocurrió durante la Segunda Guerra Mundial, quedó en buena parte en manos de las mujeres. En las imágenes de la exposición también aparecen hombres, especialmente inmigrantes vietnamitas que se afanan en elaborar municiones y explosivos.

A este primer viaje a Francia le siguieron otros dos durante 1917. En octubre de dicho año el futuro dirigente republicano volvió a abandonar la relativa seguridad de España para conocer, en esta ocasión, el frente italiano. Le acompañaban durante el viaje Miguel de Unamuno y Américo Castro, que ya había formado parte de la anterior comitiva. Más tarde, retorna al país galo para hacer una última visita al frente. «De este último viaje hay, además, unos vídeos de unos 40 ó 50 segundos en los que se puede ver a Azaña junto al resto de sus compañeros visitando los lugares que han sido destruidos por la guerra», comenta Cañete Ochoa.

Unos meses después de la vuelta de Azaña a España, la contienda tocó a su fin. Atrás quedaban 4 años, 3 meses y 14 días de enfrentamientos que redefinieron Europa y, según algunos, supusieron una suerte de prólogo de la siguiente gran guerra. Las fotos que ahora se exponen en el Ateneo, con sus casas demolidas, su patrimonio en ruinas, sus ciudades fantasmagóricas y sus soldados llenos de barro, sirven para recordar aquella Francia rota. Todo lo que se perdió y nunca se podrá recuperar.