Maha Akhtar: «Sentí que mi padrastro me vendía como un caballo»
Maha Akhtar, durante la entrevista

Maha Akhtar: «Sentí que mi padrastro me vendía como un caballo»

JESÚS ÁLVAREZ | SEVILLA
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A Maha Akhtar (Beirut, 1965) fue ayudante del grupo musical The Cure y mano derecha en la CBS del periodista norteamericano Dan Rather. Actualmente es articulista de «Departures» y del periódico «The Times» en la India, país donde de pequeña aprendió a bailar el kathak, antes de descubrir el flamenco y convertirse en bailarina profesional. Bailó en Nueva York con el sevillano Juan Polvillo y en el Teatro Central con Manuela Carrasco, para la que ha compuesto varias coreografías. Habla seis idiomas y vive entre Nueva York y Sevilla. Su libro autobiográfico «La nieta de la maharaní» (Roca Editorial), que ya ha agotado los 35.000 ejemplares de sus dos primeras ediciones, narra de forma vibrante el trágico destino de algunas de las mujeres de su familia en un mundo como el musulmán, aún muy cerrado para ellas, pero en el que se atisban esperanzadoras nubes de cambio.

-Después de leer su biografía parece usted el mejor ejemplo de que la globalización es imparable.

-(Risas). Yo me he quedado con un poco de todo lo que he visto y vivido, pero he disfrutado mucho de este camino tan multicultural. El mundo de hoy es así de global e internet nos está acercando cada día más.

-¿El nacionalismo exacerbado y el fundamentalismo religioso se curan viajando?

-Depende del ambiente en que uno crece y en lo que uno cree y también de uno mismo. Yo he vivido en muchas culturas diferentes y me siento mucho más multicultural.

-Su abuela fue de Málaga a la India, cuando se prometió a su abuelo, y usted ha hecho el camino inverso, desde allí hasta Sevilla.

-Sí. Es curioso pero yo no puedo explicar lógicamente por qué ha sucedido esto. Yo supe quién era mi abuela hace muy pocos años y no sabía que ese secreto me iba a conducir a Sevilla.

-A usted le concertaron su matrimonio con 15 años, igual que a su madre, pero ella lo aceptó y usted no...

-Mi madre fue muy infeliz y tuvo una vida muy desgraciada, muy trágica, porque no pudo estar con la persona que amaba. Mi destino lo decidió por mí mi padrastro. Es él quien decidió quién iba a ser mi novio y con quién debía casarme. Al principio lo acepté porque era muy pequeña, aunque siempre sentí que me habían vendido como un caballo. Pero luego me rebelé.

-Usted se ha declarado votante de Obama, pero ¿calificaría como él de tolerante la religión islámica, como hizo en su histórico discurso en El Cairo?

-Si uno lee el Corán, comprueba que no tiene mucho que ver con la percepción que se tiene en muchos países de una religión intolerante. La religión ha cambiado mucho a través de los siglos y todas han cometido excesos. Los Papas vivían hace algunos siglos como unos maharajás, rodeados de lujos y mujeres, y eso nada tiene que ver con la religión católica.

-¿Pero la sumisión legal y social de la mujer al hombre que refleja en su libro no es una imposición religiosa del Islam o de la cultura musulmana?

-Depende de cada sociedad. Yo reflejo en el libro una historia personal, la de mi madre, que es reflejo, sin duda,de temas más universales. Pero podemos decir que aquí en España el maltrato es también un tema conocido y extendido.

-Trabajó 15 años en la CBS junto a Dan Rather, uno de los periodistas más populares y respetados de EE.UU.

-Tuve momentos muy buenos, regulares, malos y terribles junto a él. Pude pulir mi vocación periodística y mi curiosidad profesional. Y pude viajar por todo el mundo y ver pasar la historia desde la primera fila. He visto las guerras de Bosnia, Kuwait e Irak. He estado en Calcuta cuando murió la Madre Teresa. Estuve en Cuba cuando la visitó el Papa. Viví en primera fila todo lo sucedido con el caso de Monica Lewinski. Fue un gran privilegio para mí trabajar junto a él y ver cómo hacía los reportajes y las entrevistas.

-¿Una noticia no es verdad hasta que sale en televisión... aunque sea mentira?

-La televisión es un instrumento muy poderoso que ha seducido a muchas personas pero que en malas manos puede resultar muy peligroso. Lo peor de la televisión actual es que el entretenimiento ha invadido el campo de la información, pervirtiéndola.

-Dice que Sevilla no es una ciudad famosa por abrirse a los extranjeros, pero que a usted sí se le abrió. Sin embargo, le pusieron cristales en los zapatos el primer día que actuó aquí...

-Bueno, eso fue por envidia y celos, pero pudo pasar también en la India o EE.UU. Antes de venir aquí, tenía amigos que me decían que Sevilla era muy cerrada, pero no lo fue para mí. Mi afición por el baile fue decisiva para que viniera a esta ciudad y decidiera comprarme una casa aquí. Esta afición me viene desde muy pequeñita, porque cuando mi padre gritaba a mi madre, recuerdo que yo me aislaba en el cuarto de al lado bailando y escuchando música.

-Aprendió kathak de un maestro indio, y flamenco en Nueva York con una profesora puertorriqueña. ¿Es por su sangre española por lo que le atrajo tanto?

-Lo que más me gusta del flamenco es la actitud orgullosa que tiene su baile. Una mujer que no es guapa puede ser una gran bailaora si lleva compás y tiene personalidad. Y eso sale de dentro. Es lo que me pasa a mí cuando bailo.