Luisa Castro presenta «El secreto de la lejía»

MADRID. Rosa Valdelomar
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Los personajes que pueblan la última novela de Luisa Castro, «El secreto de la lejía» (Planeta) ganadora del último premio Azorín, emergen de la intensa y desazonante trama en los que les sumerge su autora «limpios y purificados pero, a la vez, corroídos». La colaboradora de ABC cree en el «poder blanqueador de la literatura; en el arte como mediador entre el bien y el mal. No hay que limpiar al mundo del desastre sino limpiarnos de manera puntual a lo largo de nuestra vida, aunque siempre salgamos algo tocados de esa limpieza. Solemos rechazar el mal, la locura, la confusión... pero quizá estamos condenados a encarnar eso que despreciamos para poder salvarnos».

Eso es precisamente lo que les ocurre a los dos personaje principales de esta novela, África y Piedad, que encarnan respectivamente la pureza y la ingenuidad frente a la locura, el caos y el desenfreno. África, una joven poetisa gallega, conoce durante su primer viaje a Madrid a Piedad. Pero intentando huir del mundo de las pasiones que representa esta última sólo consigue reproducir en su vida la historia de su amiga. «Es importante que el caos en el que cae África sea lo que le permite renacer a Piedad. Es como si una parte de nosotros, nuestra parte oscura, fuera necesaria para que el otro polo emerja», asegura Castro.

OSCURA TRAMA

«De un tirón» se leyó José Manuel Caballero Bonald «El secreto de la lejía», que apadrinó ayer, y al que alabó fervientemente porque «ya no se escribe como lo hace Castro: con soltura y sin falta de precauciones formales. Uno de los mayores atractivos del texto es su simplicidad con la que ha logrado marcar, no obstante, fronteras precisas entre la prosa y la oscura trama de la novela. Esta obra es un conjunto de cabos sueltos, que engrosan una madeja complicada en cuyos enrededos la protagonista vive una situación extraña que la lleva a cambiar su ingenuidad en entereza».

Luisa Castro, que tiene a sus espaldas varios premios como el Hiperión y el Juan Carlos I, no tiene dificultades en compaginar la poesía, con la novela y los artículos periodísticos: «No soy una escritora rápida que hace las cosas con facilidad y escribo en cada momento lo que me hace falta. De momento no me voy a sumergir en otros géneros, aunque el que más me tienta es el teatro, pues es donde está el origen de todo: de la novela, de la posesía. La literatura es representación».