Luis G. Martín. Chema Barroso

Luis G. Martín: «El lado oscuro de las personas no siempre es negativo»

¿Por qué «El alma del erizo»? Porque detrás del caparazón espinoso que llevamos, dice, se esconden las debilidades. Él muestra ese alma en sus singulares, autenticos, impulsivos personajes. Un autor en busca de lectores inteligentes que no teme meterse en lo más tórrido de los deseos humanos.

ABC
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MADRID. Luis G. Martín ha vuelto al cuento. Su nuevo libro, «El alma del erizo» (Alfaguara) reúne nueve relatos de alta calidad literaria.

-Sus cuentos están dominadas por un fuerte ingrediente sexual.

-Hay temas que me persiguen. Estaban en mis libros anteriores, están en este, estarán en el siguiente... Uno de ellos es la sexualidad, entendida no como acumulación de escenas sexuales, pues en eso suelo ser bastante parco, no hago literatura pornográfica, sino como tratamiento de diversas perturbaciones o perversiones que hay detrás de los sentimientos, o detrás de dos personas. Creo que hay en todos nosotros un lado oscuro en el que me gusta hurgar, que tiene que ver con la sexualidad.

-Ya trató la belleza física en su novela «La muerte de Tadzio»...

-Aquella novela hablaba sobre la belleza física, su decadencia y decrepitud, y la búsqueda de ese absoluto en la belleza física de los demás. Y ese tema, evidentemente, vuelve a estar presente aquí. Hay cuentos en los que trato la búsqueda de la belleza perfecta, o reflexiono sobre la belleza física, temas que siempre me interesaron o perturbaron en especial.

-¿Por qué siempre se centra en ese lado oculto de sus personajes?

-El lado oscuro siempre es más interesante porque es oscuro. Al lado claro ya lo vemos. Creo que es la parte oscura la que muestra con sinceridad y autenticidad lo que somos, porque en el lado claro, el de las apariencias, la cara que socialmente usamos (incluso hacia nosotros mismos) está siempre impostada, marcada por lo que necesitamos aparentar; y realmente al liberarnos es cuando aflora ese lado oscuro, que a veces no es negativo, sino sólo «prohibido» por distintas morales. Entonces me parece más auténtico. Si me interesa es porque me produce muchísima curiosidad esa duplicidad que hay en todas las personas: «¿Qué hay detrás de esta persona que estoy viendo?

-Su escritura no sigue una tradición «española»...

-Es que cuando crecí como lector, los latinoamericanos mandaban en lengua castellana. Y en cuento mis maestros son Cortázar, Borges, y en cierta medida, Benedetti.

Cuentos de origen variado

-¿De dónde surgen sus cuentos?

-Hay de todo: unos nacen de una noticia en prensa un día, otros nacen de ideas. En el segundo cuento, por ejemplo, alguien conoce a otro en el extranjero y, mirando un álbum de fotos que éste le enseña, descubre que él está en una foto. Eso me surgió en la Puerta del Sol, al cruzarme delante de unos turistas que hacían una foto. Me pregunté en cuántos álbumes del mundo estará mi cara y cuántos extraños hay en los míos... Cada cuento tiene diferente origen.

-En el primer cuento, ¿realiza una crítica a los «reality shows»?

-Es curioso, pero a ese cuento lo escribí hace cuatro años, para un libro de arquitectura en donde querían cuentos ambientados en Hilversum, un complejo televisivo holandés (donde asesinaron a Fortuyn). En aquél entonces no existían «El Gran Hermano» y ese tipo de «reality shows». Pero leí que una chica norteamericana se hizo rica instalando una cámara para que se la vea, pagando, en Internet, en cosas que para mí no tenían ningún interés: dormir, estudiar, leer... Pero literariamente me interesaron mucho las posibilidades ilimitadas que la tecnología brinda para desarrollar esa capacidad de «voyeurismo».