Celebración del Día de los Pueblos Indígenas en Los Ángeles, donde se ha abolido el Día de Colón
Celebración del Día de los Pueblos Indígenas en Los Ángeles, donde se ha abolido el Día de Colón - ABC

La lucha contra la Leyenda Negra en Estados Unidos continúa

El revisionismo contra Colón o Fray Junípero Serra convive con el olvido de la aportación española a la historia del país

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Somerville (Massachusetts), un suburbio de Boston, no ha celebrado este año el Día de Colón, el festivo nacional dedicado a la gesta del Descubrimiento de América. El aniversario se conmemora desde 1892, cuando el presidente Benjamin Harrison lo celebro con motivo del cuarto centenario de la llegada al continente de la expedición española. En 1934, Franklin Delano Roosevelt lo convirtió en festivo de seguimiento nacional. Desde 1971, se celebra despegado del 12 de octubre, siempre el segundo lunes de octubre, para hacer un puente festivo.

No es que los funcionarios, los maestros o los empleados de banca de Somerville fueran a trabajar el pasado lunes. Su ciudad solo cambió de nombre al festivo. Desde este año, celebran el Día de los Pueblos Indígenas. La decisión está dentro del revisionismo histórico rampante que vive EE.UU. y que tiene en Cristóbal Colón a una de sus principales víctimas. Se han vandalizado estatuas; se ha tratado de retirar algunas emblemáticas, como la de de Columbus Circle, en una de las esquinas de Central Park, en Nueva York; y una docena de ciudades -entre ellas, urbes importantes, como San Francisco o Cincinatti- han cambiado el nombre del festivo por el de los Pueblos Indígenas. También ha habido Estados enteros que han promovido el cambio, como Minnesota, Alaska, Oregón o Vermont. Hawaii celebra el Día de los Descubridores, para evitar mencionar a Colón, mientras que Dakota del Sur ha elegido el Día de los Nativos Americanos.

Fray Junípero de Standford

De forma reciente, la revisión ha llegado a otras figuras históricas. Entre ellas, la de Fray Junípero Serra, el franciscano que a finales del siglo XVIII fundó asentamientos que fueron la base de lo que hoy es California, que desarrolló junto a los nativos de la región, y al que parte del revisionismo historiográfico le acusa de abusos contra los indios. Varias estatuas del evangelizador de California han sido vandalizadas en este Estado, mientras que, el mes pasado, la Universidad de Stanford decidió quitar su nombre a las calles y edificios en su campus.

«El Día de Colón es una reliquia de una versión trasnochada y simplificada de la historia», aseguró el alcalde de Somerville, Joe Curtatone, para justificar su decisión. Para otros, sin embargo, esto es un ejemplo más de revisionismo histórico anclado en la Leyenda Negra española-el relato condenatorio y distorsionado sobre la presencia española- y aderezado de corrección política contemporánea.

«Hay una narrativa que responde a intereses ideológicos, a reescribir la historia, que no afecta solo a EE.UU.», explica Daniel Ureña, presidente del Hispanic Council, un “think tank” que promueve las relaciones entre la comunidad hispana de EE.UU. y España. «Se le atribuyen a Colón cuestiones que no tienen nada que ver con la realidad, como matanzas en lugares en los que no estuvo».

Con motivo del Día de la Hispanidad, el Hispanic Council organizó en Washington esta semana una mesa redonda sobre la participación hispana en la historia de EE.UU. Entre los ponentes estaba Miguel Pérez, profesor de la Universidad de la Ciudad de Nueva York e impulsor de «Patrimonio Hispano Oculto», una web que saca a la luz la participación española en la construcción de EE.UU., tan amplia como desconocida para sectores del país. «Por desgracia, existe un revisionismo negativo para España y para la verdad. Yo siempre digo que la leyenda negra está viva», explica a este periódico Pérez, periodista y académico estadounidense, de origen cubano.

La idea de Colón como un genocida «es una distorsión enorme» que, sin embargo, ha calado en EE.UU. -donde el Almirante no puso el pie en su territorio continental, frente a lo que piensan de forma equivocada muchos estadounidenses- y que fundamenta el cambio de nombre de la festividad. «Estoy muy de acuerdo en que tengamos un día festivo para conmemorar los pueblos nativos. Pero, ¿por qué quitar el de Colón? ¿por qué no celebrar los dos días?», cuestiona Pérez. Él considera que buena parte del problema es «ideológico»: «La extrema izquierda de EE.UU. es la misma gente que piensa que Colón era un asesino y que el Che Guevara, responsable de los pelotones de fusilamiento en la revolución cubana, es un modelo».

Quizá la mayor tragedia es que es una visión con mucho arraigo también en la comunidad hispana de EE.UU. «Hay una parte que tiene una percepción negativa del Día de Colón porque están bajo la impresión de que la conquista fue un choque sumamente violento», explica Octavio Hinojosa, director ejecutivo del Consejo Nacional Corporativo Hispano, una organización que busca impulsar la presencia hispana en el tejido empresarial estadounidense. «No tienen en cuenta cómo los pueblos indígenas fueron tratados por otras civilizaciones: ingleses o franceses».

Miembros del Hispanic Council junto al cuadro de Ferrer-Dalmau sobre Bernardo de Gálvez expuesto ahora en Washington
Miembros del Hispanic Council junto al cuadro de Ferrer-Dalmau sobre Bernardo de Gálvez expuesto ahora en Washington - ABC

Frente al relato dominante en EE.UU. del abuso y del exterminio de los españoles hacia los indígenas, otras visiones apuntan a que la presencia hispana supuso la pervivencia de los nativos durante la formación del país. Para el presidente de la Fundación Civilización Hispánica, Borja Cardelús, la penetración española desde Florida a California «propició la salvación de las tribus indias. El asombroso cuerpo jurídico de las Leyes de Indias ordenaba respetar e incluso aumentar las tierras indias de cultivo, velaba por que nunca fueran explotados laboralmente sino con salario justo, por que se les hiciera justicia y por que se elevara su nivel de instrucción en todos los niveles».

Los abusos que se produjeron en algunas misiones no esconden la labor de los misioneros -como Fray Junípero Serra- en su relación con los indígenas, que se formaron como carpinteros, ganaderos o agricultores, lo que les permitió integrarse en la sociedad cuando los angloamericanos ocuparon sus tierras. «Gracias a esta labor misionera española, las tribus indias han sobrevivido en EE.UU», asegura el autor, en una realidad que hoy se percibe en el país: en los territorios al Este del Misisipí, la presencia de tribus indias es anecdótica, mientras que sí han pervivido al Oeste del gran río americano, en los territorios que controló la Corona española.

Cardelús lo explica así en uno de los ensayos del catálogo de la exposición «Memorias recobradas», que recoge las importantes aportaciones españolas a la historia estadounidense. La muestra, que acoge estos días la antigua residencia de los embajadores españoles en Washington tras haber pasado por el Cabildo de Nueva Orleans, repasa figuras clave para la independencia de EE.UU., como Bernardo de Gálvez o Luis de Gardoqui, cuyas contribuciones fueron indispensables para el éxito de los revolucionarios. Sus historias, como las gestas de exploradores como Hernando de Soto, Pedro Menéndez de Avilés o Juan de Oñate, son desconocidas para el gran público y distorsionadas por la caricatura del conquistador violento y codicioso.

«No es que no tengamos héroes, es que no se conocen», explica Miguel Pérez. «Gálvez tendría que ser considerado un héroe tan estadounidense como George Washington». Para Octavio Hinojosa, es un problema educativo y político: «La comunidad hispana todavía no tiene la fuerza política para imponer el lugar que merece en la historia del país». La próxima oportunidad será dentro de menos de un mes, en las elecciones al Congreso de EE.UU.