Lola Greco, una diosa en Mérida

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POR JULIO BRAVO

MÉRIDA. Fedra ha vuelto a Mérida de la mano de Miguel Narros, Enrique Morente y Lola Greco para abrir la LV edición de su festival de teatro, uno de los más atractivos sobre el papel de los últimos años. Es ésta una Fedra flamenca y actual, con la que se ha querido rendir homenaje a una de las grandes artistas del baile flamenco del siglo XX: Manuela Vargas. Fue ella quien estrenó, hace casi veinte años y también en Mérida, esta visión del mito puesta en pie por Miguel Narros y Enrique Morente. Entonces dio que hablar el atrevimiento estético del montaje, con los bailarines embutidos en pantalones vaqueros y uno de los protagonistas, Hipólito, atravesando el escenario subido en una potente motocicleta. Hoy esa visión contemporánea ha perdido su capacidad de sorpresa, y el espectáculo conecta de manera directa con el público -novecientas personas el día del estreno, más desangelado que en otras ocasiones-, gracias a una lectura clara del mito -Narros se ha basado en las lecturas de Eurípides, Racine y Séneca-, a la onírica y evocadora música de Enrique Morente, a la inteligente y teatral coreografía de Javier Latorre, y a la interpretación de sus protagonistas, donde sobresale la figura de Lola Greco.

Fedra amanece arrastrando su dolor por el suelo y se desvanece después en la oscuridad en la misma postura; Lola Greco se ha convertido ya en ese momento en una serpiente que se agita inconsolable y herida. Y es que el baile de Lola en esta Fedra es fiero y magnético. Es difícil apartar la vista de esa figura inquieta y nerviosa, dominante, que se hace presente incluso cuando no está. La Fedra de Lola Greco, la gran trágica del baile de nuestros días, es visceral y animal, porque ella misma es una especie en vías de extinción, una artista que baila hasta con las pestañas, una hechicera que desaparece dentro de sus personajes o de sus coreografías. El suyo es un baile que nace de la tierra y se enreda en sus entrañas antes de cruzar el foso y clavarse en los espectadores. Las piedras romanas de Mérida tienen ya una nueva diosa. Con ella, un sobrio y vigoroso Alejandro Granados y un vibrátil e intenso Amador Rojas.

Manuela Vargas

Tras la función, Lola Greco confesaba haber tenido presente todo el tiempo a Manuela Vargas... «Sobre todo lo que decía, su generosidad, su gentileza...» También Miguel Narros y Enrique Morente, que ha cambiado prácticamente toda la música que escribió hace veinte años -«yo ya soy otra persona»-, recordaron a la desaparecida bailaora sevillana. El cantaor ha incluido en la partitura una petenera -«hay que acabar con esos falsos mitos de la superstición»- que le cantaba a Manuela Vargas y que ha grabado junto a su hija Estrella. «Es de la familia -bromeó- y un día pasaba por la cocina, que está encima del estudio, y la convencí».

«Fedra» ha abierto -gala de inauguración al margen- un festival que su director, Francisco Suárez, ha querido renovar por dentro con la profesionalización del equipo; y por fuera, con una decidida apuesta, que ya empezó en la pasada edición, por la producción y la creación. Tras «Fedra», que estará en cartel hasta el domingo, vendrá «Tito Andrónico», con dirección de Andrés Lima. Posteriormente, y hasta el 30 de agosto, pasarán por Mérida espectáculos como «Los gemelos», de Plauto, con dirección de Tamzin Townsend, o la esperada «Medea» del esloveno Tomaz Pandur y la madrileña Blanca Portillo.