Literatura comparada

JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN
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Con sucintas referencias sobre los personajes, Pau Miró traza en «Llueve en Barcelona» un paisaje humano desgarrado y seco que ilumina con unas briznas de desamparada ternura, un mapa de sombras que trasciende el callejero de una ciudad concreta y se instala en cualquier tumultuosa encrucijada urbana donde la lluvia nunca es suficiente para lavar las culpas ni aliviar el desamparo. Por ejemplo, el Raval donde se desarrolla la obra, o Lavapiés, donde ahora se representa; un límite, como escribe el autor en el programa de mano de la función, donde se topan «los espacios de la cultura oficial y los espacios de la marginalidad». En apenas una hora de función, Miró sirve unas cuantas lonchas de vida precisas, concretas, palpitantes, para poner en pie una historia triangular sencilla, arañada por descargas de duro lirismo, y cuyos vértices ocupan una joven prostituta, su chulo y su cliente preferido.

Lali tiene las hechuras encantadoras de una Holly Golightly suburbial entreverada de choni, su biblioteca es una caja de zapatos donde guarda envoltorios de bombones con frases o versos y su Tiffany's una hamburguesería. Carlos es un macarra enteco como un navajazo, un tipo pasivo y entrañable que cuando su chica recibe visita se esconde bajo la cama para hacerle compañía. David, un librero culto y obsesivo de pulsiones fetichistas cuya mujer está en coma, busca en la puta casi adolescente un atisbo de frescura y la necesidad de sentir que de algún modo depende de él; comenta con la joven un verso de Pere Gimferrer —«Tiene el mar su mecánica como el amor sus símbolos»— y asistimos a una clase de literatura comparada con la vida.

Francesco Saponaro, que dirigió una versión italiana ambientada en el Barrio Español de Nápoles, pone en pie un montaje hiperrealista, nervioso, muy eficaz, en el que los actores se mueven y desarrollan sus personajes de forma muy fluida. Impecable Toni Cantó como el librero solitario, adorable la debutante María Valverde y soberbio el Carlos eléctrico de Víctor Clavijo. Una pequeña joya teatral.