El libro pone sus ojos en el espectáculo

FRÁNCFORT. RAMIRO VILLAPADIERNA
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Un tomo de fotos sobre un boxeador pretende ser el acontecimiento editorial y se propone el cine como una inmejorable salida para la literatura: estamos en la 55ª edición de la mayor feria del libro, donde se cierran el 80 por ciento de todos los tratos literarios. El propio Paolo Coelho, que no se puede quejar de ventas, dijo ayer confiar en una buena versión cinematográfica de «El Alquimista», con Laurence Fischburne («Matrix») en el papel estelar del pastor andaluz, además de realizador y guionista: la escritura y el cine admiten el ventajoso matrimonio en esta edición de Fráncfort y la actuación de Madonna -ojo, que también escribe- ayudará a la imagen del filme, por si acaso. Nada que ver con los 900 ejemplares que vendió el primer «Alquimista».

Harry Potter es el otro salvador del libro según la feria, «lo importante es que se lea», concede el presidente de los libreros y editores, «sin complejos»; J. K. Rowling confía asimismo en el cine y en virtudes mediáticas, como adelantar el primer capítulo del siguiente Potter, por medio de la caridad de ofrecérselo gratis a varias revistas de parados y «sin techo» en el espacio germano. Los de Viena, muy a la antigua, se lo han devuelto: que se promocione con su varita y no con sus miserias.

Los «anillos» y la cajaLa feria, que para eso la dirige ahora un ex hombre-Bertelsmann, tiene este año como tema especial el cine y la televisión como transmisores de literatura, aceptando que es el modo por el cual la mayoría de ciudadanos ha oído hablar de «Anna Karenina» o de «Las uvas de la ira». Hollywood tardó en leer a Tolkien, pero 70 años después «Los anillos» han pasado por pantalla y por caja. Hoy estos fenómenos parecen centrar parte de las esperanzas de ambas industrias. Ahora sí, todos verán «Soldados de Salamina» y ya hay edición de cómo se escribió, de cómo se rodó y tal vez la habrá de cómo se proyectó.

No sólo el cine no mata sino que puede ser salvavidas del libro, se asegura ahora. La feria tiene hoy un cine con 450 butacas que proyecta ininterrumpidamente clásicos que saltaron a la pantalla; el país invitado, Rusia, también proyecta su cine; una tercera sala en la ciudad celebra «La Literatura en el cine», y un foro debate, el asunto. En este clima lector-visual se premia como el mejor del año el cómic mafioso «Cinque è il nummero perfetto», del dibujante italiano Igort, presentado como auténtica novela y lo mejor desde la sobrecogedora «Maus» de Art Spiegelman. El otro libro de la mañana fue de fotografías: «Marco Polo. Un viaje maravilloso», esto es, el que ha hecho el fotógrafo Yamashita tras las huellas del extraordinario veneciano. Si hay quien escribe pensando en la película, hay quien lo hace pensando en la competencia: Los críticos, según denuncia el pontifice aquí, Reich-Ranicki: «No escriben para el lector todos esos vocablos en latín o en griego, sino para presumir ante sus homólogos».

En la línea de no publicar para el lector sino para hacer caja y, atendiendo a que todo el mundo tiene una biografía tras dos meses en Operación Triunfo, algunas editoriales se han lanzado y chapotean más que imprimen: Allí la Montiel, allá Beckham, aquí Dieter Bohlen y sus mujeres.