Mendoza recibió un emotivo abrazo de su amigo Mario Vargas Llosa. Chema Barroso

Los Libreros de Madrid entregan el premio Libro del Año a «La aventura del tocador de señoras», de Eduardo Mendoza

El Gremio de Libreros de Madrid entregó ayer el premio Libro del Año, entre 50.000 editados, a «La aventura del tocador de señoras», de Eduardo Mendoza. El escritor agradeció emocionado el galardón y recibió el entrañable abrazo de Mario Vargas Llosa, ganador en 2001 del galardón.

A. A.
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MADRID. Con un pabellón Carmen Martín Gaite repleto de creadores, amigos y admiradores de Eduardo Mendoza (en primera fila se encontraban, entre otros, Pere Gimferrer y Mario Vargas Llosa), Eduardo Mendoza recibió emocionado, con la entrañable timidez de la que hace gala, el premio de los libreros a la mejor obra editada por «La aventura del tocador de señoras». Mendoza recordó que, en cierta ocasión, un lector le preguntó: «¿Usted vive de lo que escribe?». El autor de «El laberinto de las aceitunas» le respondió: «No señor; yo vivo de lo que vendo. Y esto, claro, sólo es posible gracias a los libreros». «Sólo quiero reiterar mi emoción -añadió Mendoza-, mi satisfacción y no quiero ver la lista de los finalistas, porque no me parece que eso sea lo que tiene de importante el galardón. El premio, para mí, es que una serie de libreros, de personas relacionadas con el libro y con un criterio totalmente independiente han decidido por razones que ellos sabrán votar mi libro. Quiero dar sinceramente las gracias a todos los que me han homenaje, a Seix Barral y a todos los que por su gusto estarían aquí, los libreros, pero que no pueden estar porque están en las casetas al pie del cañón».

Mendoza se considera «muy parsimonioso» en los dos sentidos de la palabra cuando se le pregunta por su próxima obra: «Voy despacio y no me prodigo. No me gusta publicar un libro hasta que no he terminado con él y esto a veces requiere reescribirlo. Hay libros que he escrito y que he decidido no publicar porque no me gustaban. El hecho de que tenga un libro en marcha no quiere decir que cuando lo acabe lo vaya a publicar. Al final el promedio es bastante bueno. Me parece que vengo saliendo a un libro cada dos años y medio, que ya está bien. No hay que fatigar al lector». Sobre el hipotético fin de la novela, el escritor vaticina: «Soy muy contradictorio como todo el mundo y ando vaticinando el final de la novela convencional, pero al fin y al cabo yo soy un productor de novela convencional. Creo que habrá un cambio, pero seguramente no seré yo quien lo haga. Así que sigo con lo único que sé hacer, dando palos de ciego».

Para el autor de «Una comedia ligera», la novela, tal como la entendemos, funciona básicamente por identificación: «El lector se identifica con la historia y la vive como si fuera suya. En «La aventura del tocador de señoras», ya desde la primera frase, digo que no va a funcionar este sistema. Es otra cosa. Propongo un juego, que no es el juego de la novela, aunque sí está hecho en la forma de la novela, un juego al que el lector tiene que apuntarse. Hay quien piensa que la renovación tiene que venir por la vía de la dificultad. No necesariamente». Hace años que Mendoza no pisaba la Feria del Libro. Espera, dice, que ésta no se convierta en la «Feria de las vanidades»: «Siempre que no se vaya la cosa de las manos, pues está bien».