Leopoldo María Panero: «Yo violento no soy, pero asesino lo soy a fondo»

En el encuentro de poetas que se celebra en el Auditorio de Zaragoza, Leopoldo María Panero se ha convertido en el símbolo de la libertad expresiva. Nadie como él ha llegado a descubrir la belleza a través de esa amarga catarsis del propio sufrimiento, siempre en la orilla del más puro lirismo y la enajenación mental. Por eso prefiere la cárcel al manicomio, del que «no se sale nunca».

TULIO DEMICHELI
Actualizado:

ZARAGOZA. Yo no sé si Leopoldo María Panero está loco o si miente cuando afirma que un poeta tiene que ser asesino para salvar la vida. Lo cierto es que a Panero ayer se le acercaban muchos jóvenes asistentes a este encuentro de poetas que se celebra en el Auditorio de Zaragoza para que les dedicara sus libros. Panero, si no está loco, y eso no lo saben ni en Canarias, al menos es uno de los más queridos habitantes de la antología de Castellet.

«Soy el más cobarde»

Se han ido quedando algunas conversaciones en el magnetofón, que a lo mejor encontrarán asiento durante el fin de semana. Por ejemplo, con Jenaro Talens, que llegaba ayer de Ginebra; con Guillermo Carnero (a quien la Real Academia Española le concedía el premio Fastenrath, antes dotado con una peseta, por su libro «Verano inglés»); o con el editor Jesús Munárriz, que regresaba a Madrid por la mañana. Panero llegó el jueves a la hora de la cena junto con Orestes, de quien no sé si es el enfermero del poeta o un compañero de hospital. En fin, ayer se hablaba de Panero en las sesiones de «Poéticas novísimas». En un descanso, pese al asedio de sus admiradores, logramos conversar un buen rato en la cafetería del Auditorio. Panero enarca sus pobladas cejas y mira fijamente la brasa del cigarrillo: «Yo prefiero la cárcel al manicomio. De la cárcel se sale, del manicomio no se sale en la vida».

Salvado de la pena capital

-¿Qué tiene que ser un poeta de hoy?

-Chistoso para salvar la vida.Yo no he tenido nunca la menor gracia. Me salvaron de la pena de muerte, que está abolida hace siglos en España. Hubiera sido una ejecución sin mediar juicio. «Matar ratones no es correcto», como ya decía yo en un poema. Será pecado, pero delito no lo es. La imputación de un delito dará lugar a un procedimiento oficioso. Por lo visto, un poeta tendrá que ser asesino para salvar la vida. Macho, para salvar a la poesía. Yo no tengo nada de macho, soy el más cobarde del mundo. Yo hago un libro de poemas míos en tres cuartos de hora y son cien mil pesetas.

-¿Cuándo publicará su próximo libro?

-Voy a sacar un libro de memorias en Huerga & Fierro. Se llama «Prueba de vida». Los guerrilleros de Cristo Rey me probaron a punta de pistola en 1977. Ocurrió en Barcelona. Fue cuando se fundó la masonería en una librería del Paseo de Gracia. Bueno, no fueron los guerrilleros, en realidad fue toda Barcelona. Fue un «lynch» y punto. Por eso, no me atreví a ir a la comisaría. Yo violento no soy, pero asesino lo soy a fondo. Por poco me cargo a Julio Anguita, porque quería una Izquierda Unida libre de orgía y sangre.

Poetas y camareros

-¿Qué poetas de hoy le gustan?

-Los poetas de hoy día son todos una mierda. Bueno, Gimferrer me gusta. Y los camareros, que son poetas.

-¿Y Francisco Brines?

-Es amigo mío y dueño del hotel Luz Palacio. Yo no creo en la poesía confesional.

-¿Cuál es el poeta más grande?

-Gimferrer. Vaya pandilla de tipejos de televisión que me putean sistemáticamente: «Panero no mates más». Aparte de que no hay ningún delirio de persecución: la paranoia es verdad, aparece en el sueño diurno y la tiene todo el mundo. Una tía de ETA me decía en el manicomio de Mondragón que era una muñeca y que estaba metida en una casa de muñecas. Y no estaba loca, porque era de ETA y estaba acompañada. Yo no he estado loco en mi vida, sino que me dejé internar por mi madre. Hasta que empezó esta moda del golpe de Estado, yo no había visto a un psiquiatra en mi vida. En Barcelona, pacté con el diablo y dibujé una cosa en el espejo. Como decía Montaigne: «La vida depende de la voluntad de otros; la muerte, de la nuestra». Yo lo que más odio son los zapatos estos. Me recuerdan a Fernando Pessoa y la poesía acabo por odiarla. Me voy a dedicar al esquizoanálisis. Creo que la psiquiatría es la consideración no humana de lo humano.

(Evidentemente, ni le falta ni le asiste la razón. Así son las cosas de Panero).