Konchalovsky: «Dirigir a Prokofiev es tan difícil como poner en escena a Shakespeare»

Esta tarde se levanta el telón en el Teatro Real para ver una ópera espectacular y poco representada, «Guerra y paz» de Prokofiev, inspirada en la novela de Tolstoi. Llega a Madrid en coproducción entre el Teatro Mariinsky de San Petersburgo y el Metropolitan de Nueva York, dirigida desde el foso por Valery Gergiev, y en lo escénico por el prestigioso director de cine Andreij Konchalovsky.

MADRID. Susana Gaviña
Actualizado:

Más de cuatrocientas personas, entre solistas, figurantes, acróbatas y músicos se darán cita desde hoy y hasta el próximo 3 de mayo para interpretar «Guerra y paz», monumental obra en la que Prokofiev invirtió más de diez años de su vida y cuyas magnitudes han impedido su presencia continuada en las temporadas operísticas. El reto ha sido asumido, en esta ocasión, por el Teatro Mariinsky de San Petesburgo, que ha aportado la parte artística y humana con el Coro y Orquesta titulares del teatro ruso, y su director general y artístico, Valery Gergiev, al frente, y el Metropolitan de Nueva York, «cuya intervención se ha limitado más al aspecto financiero» (el presupuesto de la coproducción asciende a 257 millones de pesetas), según explicó ayer a ABC el ruso Andreij Konchalovsky, prestigioso director de cine, que ha hecho carrera tanto en su Rusia natal, donde goza de un enorme prestigio, como en Estados Unidos.

Hijo de un poeta y de una pintora, y hermano del oscarizado Nikita Mikhalkov, Andreij Konchalovsky (Moscú, 1937) no llegó a la ópera —en la que debutó en 1986 en la Scala de Milán con «Un ballo in maschera» de Verdi— de una manera premeditada sino que se cruzó casualmente en su trayectoria. «Fue una oferta de trabajo más», detalla.

CINE Y ÓPERA

Se sumó a este proyecto de «Guerra y paz», por la oportunidad de trabajar con Gergiev, a quien considera un «genio». «Si me hubiera ofrecido cualquier otro título —asegura—también lo habría hecho, ya que su genialidad se suma a la de otros dos grandes genios: Tolstoi y Prokofiev». Aunque las influencias cinematográficas estuvieron presentes en este título desde sus inicios —el cineasta Eisenstein aconsejó al compositor ruso cómo escribir el libreto—, Konchalovsky se muestra muy tajante a la hora de separar ambos géneros. «El cine y la ópera no tienen nada en común —subraya—. El cine refleja la vida y la ópera los símbolos. La vida es asimétrica mientras que la ópera es simétrica». Sin embargo, el libreto fue concebido casi como si se tratara de un guión cinematográfico, lo que dificulta de alguna manera su traslación a un escenario lírico. «Está escrito como si fuera a ser filmado, lo que sucede es que en el cine lo puedes montar pero aquí ni lo puedes montar ni cortar. En la ópera tiene que verse de manera fluida. En el cine hay constantes cambios de espacio, algo que es difícil de conseguir aquí. Esa sensación de movimiento, los distintos puntos de vista de los diversos personajes hay que coordinarlo de tal manera que el espectador los pueda apreciar». Para Konchalovsky, el público que está sentado en la butaca «no debe pensar en nada», sino que tiene que «emocionarse», ya que si uno sólo utiliza su cerebro, en su opinión lo único que está haciendo es «practicar el onanismo intelectual».

El cineasta considera a Valery Gergiev uno de los máximos especialistas en la obra de Prokofiev. «Tiene un gran instinto. Prokofiev es un compositor complicado ya que a menudo ofrece una falsa impresión del ritmo, y es muy fácil interpretarlo de una manera mecánica. Sin embargo, Gergiev sabe sacar la emoción que contiene esta música. Dirigir a Prokofiev es tan difícil como poner en escena a Shakespeare. Muchos lo hacen pero pocos lo hacen bien».

Konchalovsky es un hombre inquieto y versátil, con una amplia trayectoria en el cine, y un gran renombre en su país natal, donde ha ejercido como director, actor y guionista en el cine y en la televisión. Pero un buen día también quiso dar el salto a Estados Unidos, y entre su filmografía americana se pueden encontrar títulos como «Tango y Cash». «Pedro Almodóvar —recuerda— me confesó que se desilusionó mucho cuando trabajé en América. Incluso dejó de saludarme. Al parecer —yo no lo sabía— seguía muy de cerca mi trayectoria en Rusia, y cuando me fui a Estados Unidos pensó que me había vendido al imperialismo y no es así. Tan sólo fue curiosidad».

UN GUIÓN PARA BANDERAS

Testigo de dos maneras de hacer cine, Konchalovsky afirma que en Rusia se realiza «cine de autor» mientras que en Estados Unidos, «un país donde han desarrollado poco el idioma, cuanto más dinero se invierte en una película «menos original resulta ésta». Cuando baje el telón en el Real, el próximo 3 de mayo, Konchalovsky tiene previsto llevar este montaje a Parma, donde acaba de presentar «Un ballo in maschera». La ópera, sin embargo, no le aparta de su carrera cinematográfica. Actualmente se encuentra inmerso en un guión sobre Hernán Cortés para Antonio Banderas. También tiene previsto realizar una película que se desarrollará en un manicomio de Chechenia. Antes de despedirnos, nos desvela otra de sus grandes pasiones, el circo, género en el que le encantaría trabajar. «Me emociona mucho, presenta grandes posibilidades. En él, todos son como niños», bromea.