De vacaciones en Sant Tropez este mismo agosto
De vacaciones en Sant Tropez este mismo agosto - JACOVIDES-MOREAU/BESTIMAGE
DIOSAS Y MONSTRUOS

Kate Moss, perfectamente imperfecta

La estrella del rock que se cuidó con menú de sirena o la sirena que llevó la mala vida de las estrellas del rock

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Kate Moss ya ha brincado los cuarenta y cinco abriles, y está aún lozana y no lo está, según la portada, donde por lo general ya la adornan de mucho photoshop, que es un achaque más de la edad. Cuarenta y cinco años bien trotados, en una topmodel, que es el título laboral de Kate, resultan una cifra de jubilación, pero ella ahí sigue, más famosa que modelo, o sea, más top que maniquí, como Naomi Campbell, o Claudia Schiffer. La revista «Play Boy», celebrando sesenta años, la colocó de portada histórica, con una pajarita por lencería. Kate ya va quedando para modelo fotográfica, que es el toreo de salón de las que fueron ángeles de tanga en las romerías de Victoria Secret, o similiares. Pero ha sido un tope.

Nunca acabamos de saber muy bien qué tiene, pero eso que no sabemos que tiene no lo tienen las demás. He ahí su misterio, o su gancho, o su estilo. Dice Marc Jacobs, que es autoridad de la moda, que es «la chica más perfectamente imperfecta». Por ahí va la cosa, sí. Parece una estrella del rock que se cuidó con menú de sirena, o una sirena que llevó la mala vida de las estrellas del rock. Quiero decir que no es una belleza de embeleso, ni tampoco un monumento sexual, pero va a quedar ya como una eterna de la moda, que no es sólo ponerse o quitarse cuatro lencerías de oro. Es el «chic» con un whisky de más, una camarera falsa que gusta a los poetas malditos. Mide uno sesenta y cuatro, pero es la más alta de su gremio.

La pasarela la dejó hace ya unos años, y me refiero a la pasarela propiamente dicha y a la pasarela de salir zigzagueante de las juergas de deshora, tras mucho darle al frasco. Hubo un tiempo en Londres en el que vivía en las discotecas. En el 2005 la pillaron dándole a la cocaína, y hasta se publicaron fotos de sus juergas, pero salió rehecha del trance, y hasta con mejor caché. Se arriesga por ahí que es mayor su tarifa, a veces, que la de Cara Delevingne, que es la otra diosa en vigor de las compatriotas del gremio.

De España le ha gustado a Kate Moss Marbella e Ibiza, donde hacía horario de mucho topless y se traía de discotecas a uno de sus novios, Pete Doherty, aquel músico con cara de chaval contento que sólo se privaba del agua mineral. Ha sobrevivido a la anorexia que juró que no tenía y también ha sobrevivido a los noviazgos piratas, empezando o acabando por Johnny Deep. Fueron, Johnny Deep y Kate Moss, la pareja inolvidable de los noventa. Se casó con un guitarrista, Jamie Hince. Tuvo una hija deslumbradora con Jefferson Kack, un dandi del periodismo. Ha sido una chica de lámina adolescente, hasta hace tres tardes, y ahora es casi una señora que se parece bastante a Kate Moss. Viene de superar las tentaciones según el consejo intachable de Oscar Wilde: cayendo en ellas.