Josep Caminal, director del Gran Teatro del Liceo. ABC

Josep Caminal: «En presupuestos estamos a la cola de los teatros europeos del nivel al que aspiramos»

Director del Liceo en 1993, en enero de 1994 el buque insignia de la lírica española desaparecía pasto de las llamas. Desde entonces y, a pesar de haber presentado su renuncia indeclinable, Josep Caminal se convirtió en el artífice de su reconstrucción. Hoy se enfrenta a una nueva etapa como responsable de uno de los pilares de la ópera en España.

BARCELONA. Pablo Meléndez-Haddad
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Fue un regreso anunciado. Cuando a finales de julio se confirmó el regreso de Josep Caminal a la dirección del Liceo después de capitanear el Gran Teatro desde una posición nada cómoda (siempre con su renuncia aceptada, pero retenida por la presidencia de la Generalitat), se confirmaron las quinielas vociferadas por los diversos grupos políticos. Caminal se mantiene en el cargo debido a la presión que recibió desde todos los flancos al ser considerado —de manera consensuada— como el único candidato. No niega encontrarse cansado. «Siempre supe que estaría en el Liceo de paso. Quiero mucho a este teatro porque he sido partícipe de su renacer, pero llevo muchos años a bordo —afirmó a ABC—. En todo caso, esta nueva etapa está llena de proyectos y acepté siempre y cuando tuviese la libertad de poder moverme, de contrastar nuestra realidad con la de otras latitudes».

—Ahora se encuentra ante una gestión diferente. Ya no es el director de la reconstrucción, sino de un teatro de ópera.

—Los objetivos son diferentes, ya no tenemos como único horizonte la inauguración. Tenemos que ser capaces de optimizar los niveles de calidad de los productos de la casa, algo que aún no hemos logrado completamente; todavía tenemos puntos en los que no estamos funcionando del todo bien, y este es el reto. Debemos consolidar no sólo el espectáculo operístico o pedagógico, algo que estamos consiguiendo, sino el de la divulgación y agilizar nuestro poder organizativo para maximizar la explotación de los espacios del teatro. La temporada 2001-02 —la tercera del nuevo Liceu—, se presenta con un considerable crecimiento de títulos —alcanzando un número, trece, que me parece óptimo— y de cantidad de funciones. La próxima temporada creceremos sólo en número de representaciones, no de títulos.

CALIDAD INDISCUTIBLE

—¿Cuáles son las prioridades del Liceo como teatro público?

—No sólo cerrar un ejercicio cumpliendo con los presupuestos, sino comprobar que se ha podido llegar a mucha gente con nuestros productos. La principal prioridad de esta etapa es la de ofrecer un producto de calidad indiscutible, moldeable para que pueda llegar a diferentes sectores de la sociedad. No podemos poner paredes al Liceo, se tiene que abrir a todos. Este es un objetivo nada fácil de conseguir, que se apoya en la obligación moral que tiene el Liceo, en la deuda que tiene con la sociedad por su historia más reciente. Hasta la fecha contamos con 18.000 abonados y nos hemos propuesto llegar a los 20.000 la próxima temporada, pero dejando entradas libres para quienes quieran ver un espectáculo puntual. No podemos inaugurar la temporada con espectáculos agotados, como nos ha sucedido y como sucede en otros teatros de España. Debemos superar la crisis de crecimiento que estamos sufriendo y evitar convertirnos en un club privado. Hay que encontrar la manera y las fórmulas para que el teatro pueda recibir más públicos. La proyección de producciones liceístas de años anteriores en la sala grande es una idea, como también aumentar la oferta de funciones a precios populares y seguir creciendo en la programación de nuestro servicio educativo.

—¿Se puede crecer con menos de 7.000 millones de presupuesto anual?

—El presupuesto que recibe el Liceo es muy limitado. Como gestor debo reconocer que nuestro discurso programático está teniendo eco internacional, pero no podemos hacer milagros. En presupuestos estamos a la cola de los teatros europeos del nivel al que aspiramos, y el Teatro Real también, aunque reciba casi mil millones más que nosotros. Mi contradicción queda patente cuando asumo que gestiono la infraestructura pública que recibe más recursos en el contexto de España y Cataluña. Pero el esfuerzo que el Ministerio de Educación y Cultura realiza para que el Real y el Liceo colaboren y reciban un trato igualitario hay que destacarlo.

—Pero, como gestor del Liceo, esa diferencia favorable al Real en algo le molestará.

—Si miro en una única dirección sólo me queda decir «deme más dinero», algo que podría hacer con argumentos, porque el mercado operístico internacional es el que es y los precios son los que son. Nuestra relación calidad-precio es reconocida. Tengo argumentos. Pero no puedo olvidarme de la realidad cultural española. Hay lo que hay. En el siglo XXI el reto ya no es la globalización, sino cómo la asumimos y cómo podemos hacer frente a la desnaturalización del proyecto, cómo podemos ser más solidarios con nuestra oferta, con los contenidos del discurso estético. Se debe apostar fuerte por la cultura, la educación y la investigación. En el futuro inmediato los políticos deberán reorientar los presupuestos, deberán poner el horizonte en estas prioridades, porque esto ahora no se está haciendo ni en España ni en la Europa Comunitaria. De los esfuerzos presupuestarios que han hecho las Administraciones en materia de cultura destacan las aportaciones municipales, más que las autonómicas o las del Gobierno central.

BÚSQUEDA DE NUEVOS LENGUAJES

—¿Cómo se han recibido en el interior del Teatro las críticas recibidas a la política de programación?

—La búsqueda de nuevos lenguajes en el mundo del arte no debería pasar sólo por la descontextualización de títulos y que la novedad no está en sentar a cuatro señores en el water. Pero tenemos que apostar por nuestros talentos, es la única manera de cultivarlos y de descubrirlos. Soy consciente de que hay muchos que no apoyan que las temporadas se configuren según un discurso determinado y que prefieran hacerlo según los nombres propios, según la agenda de ciertos divos. La verdad es que celebro que nuestra temporada no sea la de un puñado de nombres y no estoy dispuesto a admitir que la nómina de los grandes cantantes me la fijen las discográficas. Admito la contestación obtenida por el estreno absoluto del «D. Q.», pero es nuestra obligación como teatro público abrir el discurso intelectual y presentar nuevas tendencias, aunque nos equivoquemos. Lo que no se puede es responder con planteamientos petulantes ni que se valgan de la confianza del teatro para revalorizar una carrera artística, como tampoco la actitud de aquellos que iban a ver el «Ballo in maschera» dispuestos a armar un escándalo como para reventar las funciones. Ni intolerancia ni petulancia intelectual.

—¿Cuál es la cifra final de las obras de reconstrucción? Si se había hablado de algo más de 17.000 millones, ¿se llegará finalmente a los 22.000 que, dicen, costó el Real?

—No, ni pensarlo, aunque hay que ser prudentes a la hora de hablar de cifras sin que todo esté cerrado. Seguimos en un proceso de saneamiento y las cifras finales se presentarán el 13 de marzo. Estamos en la fase final de discusión con las empresas adjudicatarias, lo que finalizará a finales de febrero. Ya se han hecho todas las recepciones definitivas de obras. Lo que es verdad es que así como estamos viviendo con un presupuesto comparativamente bajo en el entorno europeo, también ha sido muy bajo el coste de la reconstrucción si se compara con los otros teatros europeos, y eso que muchos sólo han sido reformados. Nosotros estamos a pleno rendimiento y consiguiendo éxitos artísticos tal y como lo recoge la prensa internacional especializada.

LEY DE MECENAZGO

—¿La comercialización de un DVD producido por el Liceo es el primer paso de una nueva línea de productos?

—Tenemos que amortizar nuestras producciones, nuestras infraesctructuras y ser capaces de consolidar una marca a nivel internacional. Al «D. Q.» le seguirán esta temporada un DVD interactivo de divulgación de «La Flauta mágica» y el «Giulio Cesare» que se estrena en junio. La próxima temporada haremos dos o tres nuevos DVD y también la primera grabación mundial de «La Fattucchiera», de Cuyàs.

—¿Cómo se explica que un teatro del siglo XXI tenga butacas sin visibilidad, o con acústica deficiente,