Cala de Granadella
Cala de Granadella - ABC
CIUDADES ILUSTRADAS

Jávea, a este lado del Paraíso

Esta ciudad, leal a los Borbones en la Guerra de Sucesión, hogar de pescadores, de cultivadores de la pasa, conserva unos lugares mágicos

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Cada lugar tiene su historia y su presente, y tal y como va la cosa, ya veremos qué lugar tiene su futuro. Jávea tiene una historia, bien jugosa, pues entre el 800 y el 480 a. De C. los griegos crearon Hemeroskopion (Jávea) que significa algo semejante a atalaya del amanecer porque es en Jávea (Xàbia) y en el Cap de Sant Antoni donde se encuentra el punto más al este de la vieja Península Ibérica y donde surgen las primeras luces del día. Un presente, pues gracias a un milagro –salvo dos depresivas torres, una en Aduanas del Mar y otra en el Arenal– conserva una línea en el horizonte única en todo el Mediterráneo español, solo comparable a algunas poblaciones griegas del Egeo; y un futuro, y es el compromiso de todos cuantos llevamos allí cerca de cincuenta años de mantener, sin fisuras, ese entorno único, lo más cercano al Paraíso que uno pueda contemplar en el Este español. Así, sí. Una atalaya en la que no sólo el amanecer es una fiesta, sino, como señaló el escritor Manuel Vicent desde la ladera de Denia, y siempre con vistas al imponente, y mágico, Montgó, «aquí a los atardeceres los aplaudimos». Jávea es un torrente de luz, una luz que brilla de manera especial esos días claros que desde la Cruz del Portitxol se contempla Ibiza allá en el confín del Levante.

Jávea, leal a los Borbones en la Guerra de Sucesión, heroica en su resistencia a la invasión napoleónica, hogar de pescadores, de cultivadores de la pasa, del almendro, conserva unos lugares mágicos. Uno de los últimos en descubrir ha sido En Caló, una cala secreta a la que sólo se accede a través del mar, situada entre las dos calas más fascinantes de Jávea: Ambolo y Granadella. Casi uno siente cierto pudor al contarlo no vaya a ser que la magia se rompa de repente; uno querría ocultarlo, guardarlo como un descubrimiento privado, tal es el entusiasmo que contagia este lugar: «Ni calor per Sant Joan, ni fres fins Nadal», un verano sin fin, un tiempo que se revela inmóvil ante los acontecimientos de la Historia.

Cruz de Portixol
Cruz de Portixol

¿Qué hacer en Jávea? Nada de nada, el ideal, o solo mirar emocionado el paisaje, bañarse en las calas, tomarse el aperitivo en Estapatí en el Arenal, alguna paella de leña en Mezquida, unas copas al atardecer en La Esquina y cenar en una terraza que de maravillosa parece un trampantojo, El Tangó. Y como broche, las inevitables copas en La Siesta, o en el Molí Blanc, o los más audaces en la Hacienda (camino del Cap de Sant Antoni). Y junto a los modernos y el famoseo (bastante repelente, por cierto, pero parece que inevitable), el patrimonio histórico que conserva la población es formidable: desde la Edad de Bronce, con los recientes descubrimientos de la Cova del Barranc del Migdia, en las espléndidas laderas del Montgó. Todas las Españas han dejado su huella. La sèquia de la noria romana en el Montanyar de tosca majestuosa, las torres de defensa ante la piratería berberisca, la Iglesia-Fortaleza de San Bartolomé en el casco viejo. Todo hace de Javea un lugar para soñar, para perderse, para vivir la vida a cada trago.

El cabo de San Antonio
El cabo de San Antonio - Juan Carlos Soler

Sorolla, cuyo paso por Jávea tuvo su historia, para contar otro día, porque la lió parda con la novia de un carabinero, pintó la Cala del Pope, bajo los acantilados del Cap de Sant Antoni y la dejó para los siglos como uno de los enclaves singulares poseedor de una belleza conmovedora, lugar en donde un exiliado pope de la Revolución Rusa acostumbraba a bañarse desnudo cada mañana, eligió Jávea para vivir y aquí tradujo la Biblia a varios idiomas. La cala de la Granadella, Parque Natural; la isla del Portixol en donde todavía se escucha el eco de la voz de Paco Rabal cuando allí se filmó «El hombre de la isla» de Vicente Escrivá. El cap Negre, majestuoso. La formidable contemplación de la costa desde el Cap de la Nau y toda la bahía envuelta entre la bruma de los días y la memoria. Con los años uno descubrirá una gastronomía popular y familiar a un tiempo que ha permanecido oculta para el visitante hasta casi anteayer, la variedad de arroces, los salazones, las gambas rojas de la bahía, el pulpo seco, los embutidos, las tapas. Jávea tiene tres lugares: el casco histórico, Aduanas del Mar (el puerto) y el Arenal (la playa), y un cuarto etéreo y magnifico: las calas. Una inmensa borrachera de paisajes de una belleza sin límite. En Jávea uno se siente, sí, a este lado del Paraíso.