Hugo de Ana, ayer en el Teatro Real. Chema Barroso

Hugo de Ana: «El teatro se está convirtiendo en un partido de fútbol»

Uno de los directores de escena con más prestigio en el circuito internacional operístico, Hugo de Ana, se encuentra estos días últimando los detalles de la nueva producción de «Don Carlo», que ofrecerá el Teatro Real a partir del 30 de marzo. Este «neurótico de la perfección», como se define, ha realizado un escrupuloso estudio de la época en la que se desarrolla este título verdiano.

MADRID. Susana Gaviña
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Hay obras que son difíciles desde su propia gestación, y éste es el caso de la ópera «Don Carlo» de Verdi, como explicó ayer, en un encuentro con la prensa, el director de escena Hugo de Ana, que ya debutó —con gran éxito— en el Teatro Real con otro título verdiano, «Aida». Sin embargo, en el caso del director argentino, el hecho de abordar «Don Carlo» por sexta vez le ha pemitido llegar al coliseo madrileño con un largo bagaje al que han contribuido la información recopilada en las últimas exposiciones dedicadas a Carlos V tanto en España y en Viena. «Ahora tengo una visión más amplia de esta ópera, una obra muy rica de matices, de conflictos interiores».

La diferencia con sus trabajos anteriores estriba, según De Ana, «en el aspecto interpretativo». «En esta producción se acentúa la soledad y la decadencia del poder de los Habsburgo. La autodestrucción». Lo que ha llevado al director a subrayar, incluso, «algunos rasgos patológicos de los personajes». El director de escena y escenógrafo reconoció que el hecho de realizar este montaje en España sí ha influido en su enfoque. «Uno como artista se debe al público y al teatro que te pide la producción, lo que implica siempre factores de riesto», asegura. Por este motivo, el director argentino ha apostado en esta ocasión por una visión «más clásica del espacio, donde la idea está construida de una manera monolítica», traducida en el escenario en grandes columnas, «que representan la idea del poder».

El director argentino es el responble también de la escenografía y los figurines, para los que De Ana se ha documentado profundamente. Un trabajo que se verá reflejado en el montaje con un vestuario muy rico, tratándose en algunos casos de «reproducciones muy cercanas, aunque no exactas» de algunos trajes de la época, para los que se han usado «patrones originales».

Hugo de Ana, que se definió como un «neurótico de la perfección», defendió el estudio «en profundidad» tanto de la música como del texto con el que se trabaja. Al mismo tiempo que señaló su responsabilidad a la hora de presentar las obras de manera «entendible». «Nosotros somos el pasaje entre el legado que recibimos y la proyección de éste hacia el futuro. Soy consciente de que hay que educar a las nuevas generaciones y de que deben de ser los propios teatros porque sino desaparecerá la ópera».

Además de por la calidad de sus trabajos, De Ana es conocido por el alto presupuesto que requieren sus producciones. «Spielberg también gasta mucho dinero, pero sus películas son muy taquilleras. Si el espectáculo funciona, el dinero se recupera». A lo que añadió que «hay que intentar que las producciones viajen fuera y de que los teatros no tengan fronteras». En el caso de este «Don Carlo», realizado en coproducción con el Teatro Carlo Felice de Génova y el Teatro del Maggio Musicale Fiorentino, el montaje viajará después a la Ópera de Tel Aviv.

Para terminar, y en alusión a algunos montajes polémicos, De Ana defendió todas las opciones escénicas como «válidas». «Que se grite es bueno, demuestra que el público está vivo». Sin embargo, criticó esa especie de «circo» que se crea «porque se quite el Do de pecho de un tenor», como ocurrió recientemente también en Milán con su producción de «Il trovatore». «Me parece inmoral y una falta de respeto la penalización del trabajo de todo el equipo». En opinión del director argentino, en los últimos años «el teatro se está convirtiendo en un partido de fútbol».