Imagen de una postal del Hotel Florida, antes de la Guerra Civil
Imagen de una postal del Hotel Florida, antes de la Guerra Civil - ABC

Así era el hotel más famoso de la Guerra Civil: «Un ajetreo de periodistas, milicianos, espías y prostitutas»

Unas jornadas reivindican la importancia del mítico Hotel Florida, que reunió a los grandes nombres de la cultura internacional en el Madrid del siglo XX

Actualizado:

Entre 1924 y 1964, el espacio donde hoy se levanta el Corte Inglés de Callao fue ocupado por el mítico hotel Florida, que con su continuo ir y venir de artistas e intelectuales se convirtió en meca cultural de la capital y, durante la Guerra Civil, alojó a testigos clave de la contienda como Ernest Hemingway o Antoine de Saint-Exupéry.

Mientras España se desangraba, el Florida fue el corazón de Madrid y, también, en cierto modo, el del mundo, como reza el lema del programa de actividades con el que se rinde homenaje esta semana al establecimiento, de cuya apertura se cumplen 95 años el 31 de enero.

Una placa instalada por el Ayuntamiento recuerda desde hoy la historia de este hotel, que el periodista británico Sefton Delmer describió como el «más amigable, más divertido y más repleto de aventuras» en el que jamás se había alojado.

Antonio Palacios, el gran arquitecto del Madrid de la época, diseñó el edificio, construido en mármol y que pasó a ser el hotel más moderno de la ciudad, con 200 habitaciones con baño privado, ascensores, calefacción y el primer lavavajillas conocido en la capital.

«El Florida representaba el cambio que suponía la apertura de la Gran Vía», señala el director de Ámbito Cultural de El Corte Inglés, Gervasio Posadas, para quien el hotel encarnó un estilo de modernindad que le diferenció de los clásicos como el Ritz o el Palace.

Apenas había pasado un año desde su inauguración cuando recaló en el Florida, de incógnito, Charles Chaplin, cuya estancia fue descubierta por un reportero de «La Libertad».

Los banquetes y tertulias del Florida, cuyo café fue enormemente popular por su cercanía a los teatros de la zona, hicieron de él un lugar predilecto para los intelectuales de aquella generación, como Miguel de Unamuno, Pablo Neruda o Rafael Alberti, huéspedes recurrentes a lo largo de los años.

Otro hito cultural vivido en los salones del Florida ocurrió en 1934, cuando Federico García Lorca llevó allí su obra «El retablillo de don Cristóbal».

Pero sin duda fueron los años de la Guerra Civil los que más contribuyeron a erigir su la leyenda. A su ya boyante reputación se unió su cercanía al frente de Madrid, que podía incluso divisarse desde sus plantas superiores, por lo que la mayoría de corresponsales extranjeros que cubrían el conflicto se alojaron allí.

Ernest Hemingway, Antoine de Saint-Exupéry, John Dos Passos, André Malraux, Robert Capa, Martha Gellhorn, Virginia Cowles o Sefton Delmer firmaron sus reportajes de guerra desde el Florida, en cuyos pasillos convivían con soldados de las Brigadas Internacionales y otros personajes como Sidney Franklin, apodado 'el torero de Brooklyn', o Errol Flynn.

«Había idealistas y mercenarios, sinvergüenzas y mártires, aventureros y emboscados, fanáticos traidores y simples vagabundos. Eran como una colección de abalorios raros ensartados en un hilo común: la guerra», escribió Virginia Cowles.

Las crónicas hablan de un incesante «ajetreo de periodistas, milicianos, espías y prostitutas», y el escritor alemán Gustav Regler llegó a describir el hotel como «un burdel ruidoso».

Ubicado a escasos metros de las primeras barricadas de la Gran Vía, el Florida fue alcanzado por más de 30 obuses durante la guerra. Uno de los bombardeos, el 22 de abril de 1937, produjo un revuelo sin parangón, haciendo salir a los ilustres huéspedes a los pasillos en mitad de la noche, vestidos con batines y pijamas.

Mientras Saint-Exupéry repartía pomelos en la puerta de su habitación, aquella noche se desveló el «affaire» que mantenían Hemingway y Gellhorn, el más sonado de los romances que nacieron en el hotel aunque no el único, ya que también Robert Capa y Gerda Taro confirmaron su relación entonces.

La habitación 109 de Hemingway, famosa por sus reservas de whisky y conservas en tiempos de escasez (que el escritor guardaba con sumo celo), era el centro neurálgico de las noches del Florida, así como el escenario en el que el norteamericano ambientó su única gran obra de teatro, «La quinta columna», que escribió durante su estancia en el hotel.

La caída de Madrid dio pie al paulatino declive del Florida. Algunos de sus propietarios, vinculados a los gobiernos de la II República, se vieron forzados a exiliarse, y el dañado edificio no recuperaría su aspecto original hasta 1946.

Esfumado su esplendor cultural, el Florida fue demolido en 1964, y Galerías Preciados compró el solar donde construyó el centro comercial que ha perdurado hasta hoy.

Esta semana, una serie de actividades y conferencias (el calendario puede consultarse aquí) buscan, en palabras de Posadas, «recuperar el espíritu de todos aquellos grandes creadores» que, desde las habitaciones del Florida, contaron al mundo la resistencia de Madrid contra el avance del franquismo.