Un hombre esencial, por Eduardo García de Enterría

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La muerte de Pedro Laín cierra un periodo de nuestra historia espiritual, en la que su nombre fue para muchos españoles una referencia ineludible. Yo tuve la fortuna de encontrarle en 1942, cuando ingresé, como joven estudiante, en el Colegio Mayor Cisneros, que entonces ocupaba los famosos edificios de la calle Pinar de la Residencia de Estudiantes promovida por la Institución Libre de Enseñanza. Desde entonces he mantenido con él una amistad profunda y viva. Ya entonces Laín quiso ser el puente que uniese a la intelectualidad liberal, que había resultado vencida en la Guerra Civil, después de haber sido víctima común de los dos bandos, con la nueva, que despegaba trabajosamente en el seno del franquismo. Laín, con sus amigos Dionisio Ridruejo, Luis Rosales, Luis Felipe Vivanco, Gonzalo Torrente Ballester, Antonio Tovar, habían ya iniciado con la revista «Escorial» y la resuelta estimación de Antonio Machado. Ortega, Zubiri, Marañón, la generación del 98, esa política cultural, la cual fue continuada y robustecida en la primera ocasión en que alcanzaron algún poder, el Ministerio Ruiz Giménez de Educación, 1951, con el que Laín pasó a ser rector de la Universidad de Madrid. Entonces se repatriaron muchos profesores exiliados, a quienes se restituyeron sus cátedras, y se abrió la Universidad, haciendo automáticos los Tribunales de cátedras, a quienes no teníamos amigos entre los imperantes. Esa corriente desapareció casi totalmente con la crisis política de 1956, como es sabido. La obra intelectual de Laín salió ganando. Sólo quienes deseaban perpetuar el enfrentamiento civil criticaron el espíritu admirable de Laín, que robusteció entonces su labor intelectual directa en los amplios espacios que su espíritu dominó (la Historia de la Medicina y de la Cultura, la Filosofía, la Antropología, la Ética). Ha sido un maestro ejemplar, de una generosidad y de una limpieza sin tacha, de quien hoy muchos españoles nos sentimos irremediablemente huérfanos.

Eduardo GARCÍA DE ENTERRÍA

de la Real Academia Española