Los historiadores Enrique Krauze y Manuel Lucena Giraldo
Los historiadores Enrique Krauze y Manuel Lucena Giraldo - ABC

Hernán Cortés, visto desde las dos orillas del Atlántico: «Su hazaña está a la altura de la de Alejandro Magno»

La Real Academia de la Historia impulsa una revisión del mito del personaje. ABC sienta a conversar a dos de sus responsables

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Dicen que Hernán Cortés perpetró una suerte de globalización al unir el viejo mundo con el nuevo, estableciendo redes de contacto bidireccionales. Entonces (siglo XVI) aquello suponía un sinfín de barcos y cartas y, por qué no, de vidas perdidas en el mar. Hoy, en cambio, basta con un teléfono móvil o un ordenador portátil para conectar las dos orillas del Atlántico. Gracias a este artilugio impensable en tiempos del imperio da comienzo esta conversación entre los historiadores Enrique Krauze y Manuel Lucena Giraldo, que están en Ciudad México y en Madrid, respectivamente. Ellos son dos de los protagonistas del próximo ciclo de conferencias dedicados al conquistador, que tendrá lugar en la sede de la Real Academia de la Historia entre el 21 al 28 de junio.

El sarao cuenta con el apoyo y beneplácito del Ministerio de Cultura y Deporte, y precisamente por ahí empiezan los tiros. ¿Por qué? Porque hace unos meses, José Guirao, que dirige esta cartera, excusó la ausencia de conmemoraciones por los 500 años del encuentro entre España y México diciendo que el tema de Cortés era «complicado». ¿Por qué? ¿Es una figura complicada? ¿Se ve de forma tan distinta dependiendo del lugar? Dejamos hablar a los expertos…

—Enrique Krauze (EK): Es una respuesta de un político, no de un historiador. Es verdad que los mexicanos hemos tenido a lo largo de la historia una relación problemática con la conquista y, consecuentemente, con Hernán Cortés. Pero siempre ha habido en México una corriente de conocimiento histórico que ha estudiado cuidadosamente su extraordinaria hazaña. Una hazaña que, a mi juicio, no es inferior a la de Julio César o a la de Alejandro Magno. Esas prevenciones de los políticos para hablar de Cortés porque es «problemático»… Para los historiadores es al contrario, es un acicate para conocerlo mejor, para estudiarlo más. Es lo que estamos haciendo ahora.

—Manuel Lucena Giraldo (MLG): En España y en Europa Cortés es una metáfora perfecta de un pasado que es más grande que el presente, de un pasado imperial, colosal, emprendedor. Seguramente Cortés nos está interrogando desde el pasado sobre qué hemos hecho con toda esa escala del mundo en la cual ellos vivieron, con esas hazañas, con esa capacidad de riesgo que tenían en la Europa de finales siglo del siglo XV. Eso nos interpela y asusta. Y añadiría un elemento que es importante: México en mi opinión era el centro del imperio español y siempre lo fue. Y la centralidad mexicana también resulta difícil de entender desde la España actual.

—EK: Yo pienso que la complejidad de la compresión histórica de la conquista en el caso mexicano tiene que ver con que en México es muy fuerte la herencia indígena, y es muy fructífera y muy importante. Hay un famoso cuadro de José Clemente Orozco en donde están juntos La Malinche y Cortés, juntos, y a los pies de ambos yace un indio muerto... A lo largo de los siglos, y sobre todo a partir de la guerra de independencia de México en 1810, la conquista fue el tema central, la querella central sobre la identidad de México y su nacimiento. ¿Cuándo nació México: antes de la conquista, durante la conquista o con la independencia? ¿Quiénes somos los mexicanos: los indígenas, los españoles, los criollos, los mestizos? Estas preguntas culturales que tienen que ver con la identidad y con el origen atormentaron a muchas generaciones de pensadores, escritores, artistas e historiadores mexicanos. Pero yo creo que ha habido un progreso en curar esa herida original, y se debe a la gran labor de los historiadores.

La historiografía lleva mucho tiempo indagando en la figura de Cortés, descubriendo matices, reinterpretándola a la luz de cada época. ¿Pero qué es lo que nos interesa hoy de él? ¿Qué es lo que se está estudiando?

—MLG: Los estudios en España de los últimos 10 o 15 años tienen que ver con el interés en el personaje concreto, en el individuo, en la escala de la globalización que pone en marcha, en los orígenes familiares, en el sentido de la libertad que tenía… También nos está llamando muchísimo la atención el hecho de que la conquista fue una gigantesca negociación. Un imperio que era una monarquía compuesta o compacta fue capaz de atraerse la lealtad no solamente de las élites o milanesas, sino también de las élites mexicas. La explicación nacionalista del siglo XIX, venga de donde venga, nos cuenta cada vez menos cosas. Todos esos elementos que no son la historia épica militar son los que nos están llamando la atención.

—EK: Los mexicanos hemos ido teniendo distintas visiones de Cortés. Esa visión fue por muchos años claramente ideológica, un libreto hecho por las facciones político-ideológicas de México. Pero hay miradas nuevas y preguntas nuevas que desde el presente nos hacemos hacia el pasado. Estamos haciendo muchos avances en el conocimiento de Cortés, sobre todo del Cortés constructor, del Cortés explorador, del Cortés que tiene la visión, desde el principio, desde la fundación de Veracruz, de una geopolítica. También se están investigando cuestiones nuevas sobre cómo los pueblos tributarios del gran imperio de los mexicas se aliaron con Cortés. Ahora entendemos mejor por qué ese puñado de españoles, con una negociación que terminó siendo sangrienta, pero con una negociación finalmente, pudo abrir ese capítulo prodigioso y trágico de la historia.

Llega un momento inevitable, y es el de hablar de lo que ocurrió con el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, que exigió al Rey de España que pidiera perdón por la conquista. Parece haber un desfase entre la historia de los políticos y la historia de los historiadores...

—EK: Yo escribí un artículo criticando esa postura del gobierno, que me pareció fuera de lugar, fuera de tiempo y fuera de todo sentido común. Porque no es así. La relación entre México y España ha sido de extraordinaria concordia, al menos en los últimos 80 años. No debemos doblegarnos a la agenda de la política, y menos a la de política mexicana. Ni a la de la española, diría también. Debemos negarnos a la politización de la historia y reivindicar siempre la historia como un saber: la búsqueda de la verdad objetiva. Debemos utilizar los medios modernos que nos permiten llegar a la gente. Yo soy un historiador formado en la academia, pero también me dedico a hacer documentales de historia. Porque he visto que ese es el modo de llegar a centenares de miles de personas. Tenemos un gran desafío, y es este: Hollywood va hacer una miniserie de Hernán Cortés, y yo tengo mucha admiración por Spielberg y pienso que Javier Bardem es un gran actor, pero tengo temor de lo que Hollywood vaya a hacer con nuestra historia.

—MLG: Ahí me temo lo peor. Aunque hay un elemento historiográfico interesante: hasta el siglo XX hay una versión de Cortés, propia del mundo angloamericano, que es la de un héroe renacentista, de un hombre de fama, de un empresario con éxito. Es el que seguramente no van a coger Spielberg y Bardem y compañía. Va a ser más bien lo contrario. Porque lo que acabó ocurriendo en el XX es que se destruyó esa imagen de Cortés del siglo XIX.

—EK: Venga lo que venga de Hollywood, y hasta de Broadway, necesitamos unir esfuerzos para producir algunos proyectos audiovisuales. Tenemos que buscar la proyección a un público más amplio. Y no solo eso. Yo soy un gran admirador de la biografía de Cortés de José Luis Martínez, pero quiero decir algo: de este gran personaje todavía no existe una biografía definitiva. Hay que reconocer que España y México tienen una tradición de grandes historiadores, pero no de grandes biógrafos. Los ingleses sí tienen grandes biografías. Y nosotros necesitamos una biografía a la inglesa. Algo como lo que John Elliott hizo con el Conde-duque de Olivares.

—MLG: Es verdad que hemos perdido la tradición de la narrativa, y solo muy recientemente se está recuperando, y a veces por parte de novelistas históricos o gente que no tiene ni idea del límite entre la historia y la ficción. Pero necesitamos esos libros.

—EK: Yo no quisiera que se publicaran novelas históricas en torno a Cortés, aunque se van a publicar de cualquier modo. Creo que el libro de Hugh Thomas, «La conquista de México», es una narración apasionante, y tiene el aliento y el ritmo y la épica de la narración con la documentación de un historiador sólido. Pensaba en eso. Decía un maestro mío que hay historiadores del verbo y historiadores del sustantivo. Quisiera que viniera ahora un historiador del verbo.

—MLG: Ojalá. Creo que hay necesidad de contar esas cosas, hay una demanda de esos conocimientos. En los últimos años en España se va notando cada vez más. Hay interés por saber quiénes somos y de dónde venimos: para mí tiene que ver con la globalización, no con las identidades. Una figura como la de Cortés es una excusa fantástica para pensar la globalización, que es muy antigua. Al final, él fue, si se quiere ver, más mexicano y más novohispano que español.

—EK: Yo visité la casa donde murió Cortés. Me impresionaron algunas esculturas mexicas que tenía allí. Siempre le gustó tenerlas, por su curiosidad por lo otro, por lo distinto. Él tuvo el genio de preservar, por consejo de Moctezuma, muchas de las costumbres y formas de gobierno indígenas; pero se interesó también por los aspectos del arte indígena. Tenía esta curiosidad del hombre global. Ese carácter mexicano de Cortés nos corresponde a nosotros, los mexicanos, estudiar y reivindicar.