Hannover exhibe 300 obras de los más destacados artistas futuristas

HANNOVER. Emili J. Blasco, corresponsal
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Ironías de la vida. Lo que pretendía ser el arte del futuro sólo ha quedado redimido gracias al paso del tiempo; el movimiento que llamaba a destruir los museos únicamente se ha salvado por el empeño de éstos en preservarlo. Que Alemania, aún atormentada por el nazismo, dedique una gran exposición al futurismo es señal de que éste ha superado del todo el estigma del fascismo. La muestra «El bullicio de la calle», que se exhibe en Hannover, constituye la primera entrega de la completa exposición que Roma dedicará este otoño al futurismo italiano, casi cien años después de la aparición del manifiesto de Filippo Tommaso Marinetti de 1909. El paso de página que representa el cambio de siglo ha acabado por otorgar el distanciamiento que era necesario para valorar el arte de esta vanguardia italiana sin que pese en exceso el lastre de su vinculación con el fascismo de Mussolini.

Prueba de ello es que por primera vez después de la Segunda Guerra Mundial Alemania -país en el que no hay rehabilitación para el arte producido bajo el nazismo y el comunismo- ha organizado una completa exposición sobre este movimiento, concentrada en su primera década (1909-1918). Los años que van de la aparición del manifiesto futurista al final de la Gran Guerra constituyen la época de gestación teórica del grupo y de sus decisivas realizaciones.

El Museo Sprengel de Hannover reúne hasta el 24 de junio unas 300 obras de los más destacados artistas del futurismo. Especialmente representados están Umberto Boccioni, Giacomo Balla y Carlo Carrà, y también hay una buena selección de Gino Severeni y Luigi Russolo. Todos ellos, junto con Marinetti, constituyen el grupo fundador del nuevo gremio. El grueso de las piezas procede del Museso de Arte Contemporáneo de Milán, con aportaciones del MOMA de Nueva York y del propio Museo Sprengel, al que pertenece «El bullicio de la calle», la obra de Boccioni que da título a la exposición. Ésta comienza con el programático manifiesto aparecido en las páginas de «Le Figaro» el 20 de febrero de 1909. Aunque el futurismo entra en diálogo con otras vanguardias europeas, no se deja arrastrar por el excepticismo de esas corrientes.