El Titanic, partiendo del puerto de Southampton el 10 de abril de 1912 con destino a Nueva York, cuatro días antes de la catástrofe, en la que murieron más de 1.500 personas
El Titanic, partiendo del puerto de Southampton el 10 de abril de 1912 con destino a Nueva York, cuatro días antes de la catástrofe, en la que murieron más de 1.500 personas - ABC

Las grandes curiosidades que esconde la tragedia del Titanic

ABC recogió infinidad de apuntes pintorescos relacionados con la catástrofe marítima

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ABC recogió infinidad de apuntes curiosos relacionados con la catástrofe marítima. He aquí alguno de ellos:

1. UNA ESPOSA DESESPERADA

París 18 de abril de 1912, 11 de la mañana. «Al enterarse en Nueva York del siniestro la esposa del multimillonario Guggenheim, que ha perecido en el siniestro se dirigió excitadísima a las oficinas de la White Star Line. Entró en el despacho del director de la Compañía y ofreció todos sus millones si se la facilitaba inmediatamente un vapor de máquinas poderosas para "ir en busca de su marido a toda velocidad". Costó mucho trabajo convencer a la atribulada esposa de lo estéril de su propósito».

2. EL LUGAR DEL NAUFRAGIO

«El lugar donde se ha perdido el Titanic estaba considerado desde hace días como sumamente peligroso. Había allí, en efecto, un verdadero campo de icebergs, de una extensión de cientos de kilómetros. Los pasajeros del Carmania, que atravesaron el jueves el paso peligroso, contaron más de 35 icebergs».

3. LAS CONSECUENCIAS ECONÓMICAS DEL NAUFRAGIO

«El Titanic ha costado, sin contar los muebles y las provisiones, 1.500.000 libras. Los seguros ascienden a la mitad de esta suma, así que la Compañía naviera sólo perderá. 750.000 libras, y aparte las cantidades que tenga que dar a las familias de las víctimas. A fines de 1910 tenía en reserva 3.700.000 libras, y sus obligaciones y deudas importaban 2.450.000».

4. EL OTRO NAUFRAGIO

París 18 de abril de 1912, 11 de la noche. «Según telegrafían de Londres al Petit Parisien, el vapor canadiense Carl Grey se ha ido a pique en un banco de Terreno va. Antes de hundirse expidió un despacho radiotelegráfico pidiendo auxilio. Llevaba a bordo 200 pasajeros. En ninguna de las estaciones radiotelegráficas de San Juan de Terranova se ha recibido despacho alguno sobre éste asunto. Por esta razón se da la noticia sin confirmación.

5. EL PRESAGIO DE LA CATÁSTROFE

París 19 de abril de 1912, 12 de la noche. «Entre los ahogados del Titanic figura el comandante Archibald Bult, ayudante del presidente Taft, que cuando vino a Europa, hace seis semanas, se despidió de sus amigos en Nueva York asegurándoles que no volvería vivo. De acuerdo con este triste presentimiento que se ha cumplido, hizo testamento y dejó arreglados todos sus asuntos».

6. EL TELEGRAFISTA

«Pocas veces se habrán dado en el mundo pruebas más admirables de abnegación y de heroísmo que las que se han visto a bordo del Titanic. (…) ¿Y qué decir del telegrafista, de ese hombre admirable y heroico, qué sin titubeo, sin una vacilación, sereno y firme, permanece impasible al pie de su aparato, transmitiendo sin interrupción, uno tras otro, los radiogramas de petición de auxilio?(…) se ahogó el telegrafista. Pudo tal vez salvarse y no se salvó. Quizá creyó en aquel momento que su vida, por ser solo una, bien podía sacrificarse sí con ella salvaba las de los demás».

7. EL RELATO DE LOS NÁUFRAGOS

París 21 de abril de 1919, 10 mañana. Llegan varios testimonios de la tragedia.

Me sorprendió encontrar al capitán, que nos dijo: “—Hemos chocado con un iceberg.” (…)

La cubierta estaba llena de gente. No oí reyertas; pero oí decir que las había habido. (…) El capitán entró en nuestra cámara y nos dijo: “Amigos míos, habéis cumplido perfectamente con vuestro deber. Podéis salir de esta cámara. Ha llegado la hora de que cada hombre cuide de su vida”.

A nuestro lado, en todas direcciones, se veían escenas terribles. Había cientos de hombres que nadaban y desaparecían bajo el agua. No podíamos socorrerlos, porque la embarcación estaba muy recargada y parecía que iba a hundirse. Las olas me pasaban por encima de la cabeza.

Mientras mirábamos a todos lados, buscando la luz de un barco, uno de los náufragos preguntó: “¿No creéis que debemos “rezar”?” El hombre que hizo esta proposición interrogó a los otros cuál era su religión. Uno dijo: Católico; otro, metodista; otro, presbiteriano. Se convino en que el Padrenuestro era la oración más apropiada, y lo rezamos a coro. Parecía que el corazón se nos había subido a la garganta.

Pocos minutos después vimos que se acercaban unas luces; ya no me ocupaba de nada. El Carpathia nos recogió. Cuando iba yo a subir por la escala observé que en el fondo de nuestra barca había un hombre muerto. Era Phillips. Debió morir de frío, de fatiga ó de asfixia. A pesar del dolor fortísimo que sentía en las piernas pude subir por la escala.