Demara se hizo famoso tras salir en la revista «Life» y se llegó a hacer una película con Tony Curtis de protagonista
Demara se hizo famoso tras salir en la revista «Life» y se llegó a hacer una película con Tony Curtis de protagonista - ABC

El gran impostor, el héroe de guerra «triste e infeliz» que no podía dejar de ser otro

El estadounidense Ferdinand Demara suplantó sin levantar sospechas las personalidades de policía, abogado, profesor universitario, monje y director de prisiones tras desertar del Ejército

MadridActualizado:

Resulta muy difícil de imaginar lo que pasaba por la cabeza de Ferdinand Demara cuando suplantaba la identidad de otras personas. Pero lo cierto es que parece casi imposible encontrar un caso como el de este hombre, nacido en Lawrence (Massachusetts) en 1921, dotado de un coeficiente de inteligencia extraordinario, que se hizo pasar por policía, abogado, cirujano, oncólogo, monje, director de prisiones y maestro sin levantar sospecha alguna.

El episodio más extraordinario en la vida de Demara se produjo durante la Guerra de Corea, en 1953. Se había alistado en la Marina canadiense bajo el nombre de Joseph Cyr, el nombre de un cirujano al que había conocido en Harvard. Fue enviado al destructor Cayuga para prestar servicio.

Todo iba bien hasta que fueron trasladados de tierra al buque 16 soldados con graves heridas, algunos de los cuales tenían que ser intervenidos de inmediato. Demara mantuvo la sangre fría y, gracias a su increíble memoria, grabó en su mente las instrucciones de un manual quirúrgico para poder operar a sus pacientes. Ninguno de ellos murió y logró el milagro de salvar la vida a dos militares que fueron intervenidos a vida o muerte.

Demara fue condecorado y su hazaña fue amplificada por los periódicos canadienses, lo que le perdió porque la madre de Cyr sabía que su hijo estaba trabajando en un hospital de Boston. No hubo cargos contra el héroe, pero le expulsaron de la Marina.

Era hijo de un operador de cine que hizo una notable fortuna y sobrino de un conocido empresario teatral. Se escapó de casa a los 16 años e ingresó en un monasterio cisterciense de Rhode Island. Allí permaneció cuatro años hasta que decidió enrolarse en el Ejército en 1941. Desertó al cabo de muy poco tiempo y fingió un suicidio para borrar todo rastro. Unos meses después, reapareció con una falsa identidad como psicólogo de una institución religiosa. Ello le permitió encontrar trabajo en la universidad de Pennsylvania como profesor.

El puesto le duró muy poco, dada su necesidad compulsiva de mudar de personalidad. Fue celador en un hospital de Los Ángeles, ayudante de sheriff, abogado, pedagogo, editor y oncólogo hasta que el FBI logró atraparle y llevarle al banquillo por desertor. Fue condenado a 18 meses de cárcel.

Tras cumplir la pena, ingresó en una orden católica de Maine dedicada a la enseñanza. Su simulación fue tan perfecta que le nombraron director de un colegio. Fue en esa época cuando conoció a Joseph Cyr, al que robó sus datos personales tras prometerle que le iba a encontrar un nuevo trabajo.

Demara se hizo famoso tras aparecer en la portada de la revista «Life» en 1959, lo que provocó que se hiciera una película, titulada El gran impostor, sobre su vida. El actor que asumió el papel fue Tony Curtis.

Ello agudizó su popularidad, lo que le impidió seguir suplantando a otras personas ya que todo el mundo conocía su cara. A partir de ese momento, realizó varios trabajos con su verdadera identidad, entre ellos, actor de televisión, y se hizo muy amigo de Steve McQueen.

Murió en 1982 en Anaheim (California) de un ataque cardiaco a la edad de 61 años. Un amigo dijo de él: «Fue el hombre más triste e infeliz que he conocido». Quizás ésa era la razón que le impulsó a querer ser otro.