Goran Bregovic: «Soy viejo para el pop y joven para la musica cinematográfica»

Hace poco más de un lustro, las bandas sonoras de las películas «El tiempo de los gitanos» y «Underground» lanzaron a la popularidad al compositor yugoslavo Goran Bregovic. Ahora, cuando su relación con el realizador Emir Kusturika parece definitivamente rota, Bregovic afirma sentir un interés inusitado por la música para teatro. Esta noche actúa en Madrid.

MADRID. Luis Martín
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Algo de todo su trabajo, con el añadido de un generoso avance del que será su próximo disco, ofrece el músico esta noche en el Palacio de Congresos en un concierto que le sitúa al frente de una gran orquesta de cuarenta componentes.

—Con semejante alarde instrumental, ¿no teme que le acusen de pretencioso?

—Tal vez, pero es una formación muy equilibrada. En realidad, se trata de cuatro grupos diferentes: una orquesta de cuerda de Polonia, un septeto gitano de metales (La Banda de Bodas y Funerales), tres voces de Bulgaria y una coral de Belgrado. Entre todos ofrecen un espectáculo que reúne influencias de tres grandes religiones: ortodoxa, católica y musulmana. Todas ellas están enfrentadas en el plano real, pero en escena conviven con muchísima naturalidad. Es música fronteriza y también la más representativa de un mundo condenado a desaparecer.

—Entre la creación cinematográfica para Emir Kusturika y Patrick Serrault, y el universo sonoro de la música pop, ¿en qué estética le gusta situarse?

—Me siento demasiado joven para la estética del cine y demasiado viejo para la del pop. Puede decirse que, como crecí en la cultura rock, no me considero un buen compositor de bandas sonoras cinematográficas. He tenido oportunidad de trabajar en diferentes ocasiones para este medio, pero ahora deseo otras fórmulas narrativas. el teatro me interesa mucho más.

UNA SEPARACIÓN ANUNCIADA

—¿Eso quiere decir que ha finalizado su relación con su viejo amigo, el realizador cinematográfico Emir Kusturika?

—Desde el rodaje de «Underground», todo el mundo sabía que ya apenas quedaban objetivos conjuntos para el futuro. Después de varios años de trabajo, ambos estábamos cansados. Y no éramos los únicos; también otra parte fundamental del equipo se dispersó. Desconozco las razones, pero creo que Emir, como yo, busca ahora otra cosa.

—El guitarrista de jazz Django Reinhard destacó siempre en la música de los gitanos centroeuropeos su enorme libertad expresiva. ¿Su experiencia con este colectivo le merece la misma opinión?

—Sin duda. Debido a mi carácter ecléctico, trabajando con ellos me siento como en mi casa. El único problema cuando se colabora con gitanos, es que es necesario penetrar en su manera de crear, que, invariablemente, siempre es radicalmente distinta a la de Occidente. Trabajan a la manera antigua, todo sucede en las familias y penetrar en ellas es muy complicado. Particularmente, prefiero escoger a estos instrumentistas aisladamente, jamás en familia, porque el resultado es siempre más eficaz.

—¿Qué repertorio frecuentan los conciertos de su actual gira?

—Básicamente, el mismo que en otras ocasiones: producciones cinematográficas, rock y músicas de bodas y funerales. Avanzo algunas de las piezas de mi próximo disco, en el que he pensado reunir en el estudio a intérpretes que representen toda la música de los Balcanes. Habrá, en fin, músicos de todas las naciones balcánicas; por supuesto, albaneses y serbios, y, aun, el resto de enemigos que la guerra ha destapado.

—Escuchándole, se tiene la impresión de que no utiliza el término «enemigos» con ironía.

—Así es, no lo hago. Son enemigos en todos los sentidos. La nuestra es una experiencia muy dura; es la única frontera religiosa que se ha producido en la historia de un único país: musulmanes, ortodoxos y católicos. La guerra, por el momento, ha finalizado, pero no existen demasiados motivos para ser optimistas.