Playa de San Lorenzo en Gijón
Playa de San Lorenzo en Gijón - Efe
Ciudades ilustradas

Gijón y Oviedo, las dos eternas rivales

Si Oviedo es la ciudad histórica y artística, Gijón es la ciudad moderna, abierta al mar, la cuna del eminente patriota Jovellanos

Andrés Amorós
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Si, en cualquier época del año, Asturias es una muy hermosa tierra, en verano se convierte en un pequeño paraíso verde: bosques, playas, preciosos pueblos y aldeas. Para los que amamos las ciudades, no se trata de elegir sino de sumar: Oviedo y Gijón, las dos «eternas rivales», de rasgos opuestos. Oviedo es la ciudad histórica, artística: la Vetusta de Clarín, la Pilares de Pérez de Ayala. Gijón es la ciudad moderna, abierta al mar, la cuna del eminente patriota Jovellanos.

Viajando desde el centro de España, entra por los ojos el contraste entre la sequedad de la meseta y la verde dulzura del paisaje asturiano. El puerto de Pajares es la puerta de entrada que une a Castilla y León con Asturias; antes, podía verse como la barrera que las separaba. «Tinieblas en las cumbres», la novela juvenil de Ramón Pérez de Ayala, cuenta la revolución que supuso, en 1905, la apertura de la nueva línea férrea; antes de eso, era fácil que Asturias quedara incomunicada, por la nieve, del resto de la Península: eso explica la cerrazón espiritual de la Vetusta de Clarín. Hoy en día, cruzar Pajares –en coche propio o en los excelentes autobuses de Alsa, la línea asturiana que se ha extendido hasta China– es bien fácil y supone disfrutar de unos panoramas maravillosos.

Cámara Santa de la Catedral de Oviedo
Cámara Santa de la Catedral de Oviedo

En las afueras de Oviedo, en la ladera del Naranco, están «los monumentos», esas joyas de la arquitectura prerrománica.

Recuerdo, hace muchos veranos, la impresión que le causaron al escritor Francisco Ayala, que acababa de publicar su gran obra «El jardín de las delicias», y lo delicioso que fue volver a la ciudad, paseando, con una pequeña parada en un chigre, para probar la sidra.

En verano, bastantes ovetenses se van al campo o a alguna playa próxima pero la ciudad no se queda vacía, lo compensan muchos visitantes. El casco histórico se centra en la catedral y en el Fontán. Además del tesoro que supone la Cámara Santa, con las cruces de la Victoria y de los Ángeles, símbolos asturianos, la Catedral de Oviedo va unida a «La Regenta», de Clarín, una de las más grandes novelas europeas del XIX. No hace muchos años, cuando la colección Penguin publicó la traducción al inglés que hizo John Rutherford, el «Times Literary Supplement» se asombró de una novela española que era comparable a las mejores de Dickens, Balzac, Tolstoi, Dostoiewski… Así es, por supuesto, lo que sucede es que los ingleses no la conocían. En realidad, «La Regenta» es muy cercana a «Madame Bovary», por su tema (Ana Ozores, insatisfecha como Emma Bovary) y por su estilo: la inteligente, implacable visión crítica de una sociedad provinciana. Desde lo alto de la única torre de la Catedral, el ambicioso clérigo don Fermín de Pas vigila, con su catalejo, a toda su grey. En la Plaza que hay delante, los turistas se hacen fotografías con la estatua de Ana Ozores.

Casa de Jovellanos
Casa de Jovellanos - Pablo de Blas

Un poco más allá se abre el Fontán, el viejo mercado y la preciosa Plaza porticada, donde sitúa Pérez de Ayala su novela «Tigre Juan» y «El curandero de su honra», en la que desmonta el mito del honor calderoniano: ahora, es refugio preferido por los turistas. De allí parte la Calle Mayor, la «Rúa Ruera» de Pérez de Ayala, donde vivían «Belarmino y Apolonio», el zapatero filósofo y el zapatero dramaturgo.

En verano, lógicamente, el protagonismo lo gana Gijón, con su larguísima playa de San Lorenzo, ideal para los paseantes. Es obligatorio visitar la casa natal de Jovellanos, modelo ejemplar de ilustrados, una de las figuras más nobles de toda nuestra historia. Aquí estableció su Instituto, para enseñar ciencias útiles. Su carta al general Sebastiani debía ser lectura obligatoria en todas nuestras escuelas: «Yo no sigo un partido sino la santa y justa causa que sigue mi Patria». También podrían tenerla en cuenta nuestros actuales políticos…

Plaza de toros del Bibio
Plaza de toros del Bibio

Gijón es una ciudad amable para el viajero, con gente muy cordial, amplios parques y una gastronomía que no necesita ponderación: comer mal en Asturias es casi imposible. Además, en verano, Gijón ofrece una amplísima programación de espectáculos: en música, se va a escuchar, entre otros muchos, a Ara Malikian, Amancio Prada, Raphael y Andrés Calamaro; en el Teatro Jovellanos, actuarán María Pagés, la Compañía Nacional de Teatro Clásico, La Cubana y «Divinas palabras», de Valle-Inclán. La Feria Taurina de Begoña, en la coqueta Plaza del Bibio, es una de las mejores del Norte y, sin duda, una de las más agradables.

El 15 de agosto concluirá la Semana Grande, con algo verdaderamente singular: en la playa de San Lorenzo, a las dos del mediodía, miles de gijoneses y de turistas formarán una larguísima hilera, para bailar, cogidos de los meñiques, mirando al mar, la «Danza Prima». Es una ceremonia de fraternidad y una viejísima tradición, que ya menciona Jovellanos, en su carta a Ponz. En una de sus versiones –existen muchas–, está relacionada con el precioso romance que estudió Menéndez Pidal: «Ay, un galán de esta villa,/ ay, un galán de esta casa…» Luego, desde el cerro de Santa Catalina, estallará el «Restallón», una estruendosa explosión pirotécnica de unos siete minutos, que cerrará «la semanona».

El último día de la Feria taurina, el 18, todo el público entonará, a coro, una canción popular, ingenua y sentimental, «Gijón del alma»: «Es el Gijón que quiero y que tanto adoro,/ es el Gijón que, en sueños, es un tesoro./ Lo llevaré muy dentro de mis entrañas,/ no te olvidaré nunca, Gijón del alma». Eso mismo sentiremos todos, hayamos nacido o no en la «patria querida» asturiana.