El genio oculto de los famosos

El marxismo bien entendido empezaba en Groucho y acababa en Harpo. La vida, a veces, se antoja cosa de hermanos (Karamazov, los de las siete novias, los Matamoros...) y los Marx eran una familia como

ANTONIO M. FIGUERAS
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El marxismo bien entendido empezaba en Groucho y acababa en Harpo. La vida, a veces, se antoja cosa de hermanos (Karamazov, los de las siete novias, los Matamoros...) y los Marx eran una familia como tantas otras, con sorpresa, sorpresa. Zeppo, el menos conocido de la saga, parecía más dotado para la ingeniería que para seguir el método Stanislavski. Quizá por eso prefirió volcarse en fundar una empresa de diseño armamentístico, Marman Products, en 1941, en plena II Guerra Mundial. Zeppo, que sí intervino en «Sopa de ganso», desternillante comedia antimilitarista, inventó el sistema de argollas con las que se sujetó «Little Boy», la bomba atómica lanzada sobre Hiroshima, al «Enola Gay», el avión que la transportó. «Más madera, esto es la guerra», debió pensar Zeppo.

Y resulta que no es la única «celebridad» que dedicó su precioso tiempo a inventar artilugios, útiles o no. Google ha puesto a disposición de los mortales una nueva herramienta (todavía en fase de pruebas): la Google Patent. Gracias a esta aplicación, cualquier inter-nauta puede consultar todas las patentes de la Oficina de EE.UU. desde 1790 hasta la actualidad.

De vuelta al método. Marlon Brando, que tenía muchas pasiones (ocultas y no), sentía tal debilidad por la percusión que incluso tomó lecciones de Tito Puente. Dos años antes de la cita con el último tango de su vida, el actor patentó un dispositivo para tensar el bongo. El único consuelo que queda radica en que sus hijos y viudas no se han disputado los derechos de autor del artefacto.

La actriz Jamie Lee Curtis, protagonista en «Halloween» o «Mentiras arriesgadas», también ha contribuido al progreso de la humanidad, en este caso con una muda de tela para bebés, que incluye un pañal de quita y pon en su interior, y que cuenta con una abertura en uno de sus lados en la que se pueden guardar toallitas húmedas para limpiar al niño.

Buceando (que es gerundio) en Google Patent podemos descubrir que Michael Jackson (alguien que una vez fue cantante, hombre y negro) diseñó en 1993 unos zapatos que le permitían crear una «ilusión antigravitatoria» para el montaje de «Moonwalker», donde simulaba bailar al ritmo de la gravedad cero.

A Lincoln, Abraham, también le perdió la creatividad. Con el número 6.469, la Oficina de Marcas Registradas guarda su creación, un aparatejo en forma de cráneo que servía para liberar a los barcos cuando se quedaban atrapados en bancos de arena. Con todas estas novedades sólo queda preguntarse si hubo alguna vez vida antes de Google.