Gades y los Farruco ahondan la huella flamenca en Nueva York

JULIO BRAVO | NUEVA YORK
Actualizado:

El flamenco ha agrandado su huella en Nueva York, una ciudad donde este arte empieza a ser costumbre gracias al Flamenco Festival que dirige Miguel Marín. Estrella Morente ha sido, indudablemente, la gran luminaria de esta edición, que ha cerrado ya sus puertas en la Gran Manzana -el certamen sigue en Washington, Miami, Los Ángeles y San Francisco- con un éxito creciente y lleno en las últimas funciones; el hermoso City Center, un teatro situado en la calle 55, en pleno corazón de Manhattan y que cuenta con un aforo de 2.700 espectadores, ha albergado la «Carmen» de Antonio Gades y el espectáculo de Los Farruco. La respuesta del público ha sido, en ambos casos, excepcional, y prueba nuevamente el interés del público neoyorquino por un arte que es uno de los grandes embajadores de nuestra cultura.

La «Carmen» de Gades volvía al City Center, donde se presentó en 1985. La protagonista del espectáculo y directora artística de la compañía, Stella Araúzo, lo recordaba en su camerino al concluir la función, todavía con la respiración entrecortada. Ella y Adrián Galia coincidían en señalar la calidez de este teatro, uno de los templos de la danza neoyorquina. En él se aplaudió esta «Carmen» que guarda todavía muchos secretos y que respira frescura a pesar del cuarto de siglo transcurrido desde su estreno. La maestría de Gades, su inteligencia y dominio escénico se hacen patentes en esta coreografía sobre la cigarrera sevillana. La sabiduría de Stella Araúzo, la elegancia de Adrián Galia y la apostura de Jairo Rodríguez sobresalen en este todavía joven y emocionante montaje.

La última cita del festival neoyorquino lleva la firma de una de las sagas más representativas del flamenco: Los Farruco. El actual cabeza de familia, Farruquito, ha diseñado un espectáculo en el que actúan su madre, La Farruca; su tía La Faraona; su hermano Farru y su primo Barullo. El suyo es un flamenco rancio, apegado a la raíz, de gran simplicidad (dos guitarras y tres cantaores y palmeros) y totalmente directo. Le falta, sin embargo, un esqueleto teatral que además de continuidad le dé variedad al espectáculo, aunque el público del City Center, que salpicó con alaridos la actuación de los artistas, no pareció echarlo de menos.