Francisco Moreno Fernández
Francisco Moreno Fernández - ERNESTO AGUDO

El futuro del español en EE.UU. se juega entre los jóvenes hispanos

El Observatorio del Cervantes en Harvard cumple cinco años de seguimiento constante del estudio del idioma en Norteamérica

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Una nueva generación, la tercera, de jóvenes hispanos en Estados Unidos está en periodo de formación. Más de 1.500 profesores y cientos de programas de inmersión dual tratan de preservar en estos «billennials» el amor y el uso de la lengua familiar que sus abuelos llevaron al emigrar.

El Observatorio de la lengua española y las culturas hispánicas en los Estados Unidos que el Instituto Cervantes fundó en Harvard tiene ya cinco años. Su director, Francisco Moreno Fernández, relata a ABC cómo estudian la situación y qué revelan los datos de nuestro idioma en Estados Unidos.

Es un momento importante para estar atentos a la tecnología, porque los jóvenes la utilizan: «El desarrollo tecnológico debe ser del mayor alcance posible y debemos generar contenidos de calidad en español. Es importante que sean válidos para cualquier comunidad hispánica y para los EE.UU. Hay que contar con buenos contenidos en medios, redes sociales, en cualquier plataforma a nuestra disposición para que los hispanos sigan leyendo en español las cosas que les interesan», afirma Moreno Fernández.

¿Hace España sus deberes en el apoyo al idioma? El director del Observatorio del Cervantes cree que sí. «No hay que dejar de hacer todo lo que se hace, pero habría que diversificar la estrategia. No centrarla solo en recuperar la memoria histórica, que es un componente importante del pasado de Estados Unidos, pero no el único. Lo hispano es hoy algo más complejo que afecta a lo histórico, y también a lo sociológico, lo económico...».

Las cifras

El español sigue la dinámica de crecimiento demográfico marcada hace unos años. Según el estudio anual del Cervantes, más de 57 millones de hispanos viven en EE.UU. Hay 40 millones de hablantes en español según el censo, a los que hay que sumar los indocumentados y los 2,5 millones de estadounidenses que lo hablan de manera muy competente. «Pero no todo es demografía», apostilla Moreno Fernández.

Harvard ha integrado el Observatorio del Cervantes para «dar voz a intereses hispanos». Su objetivo de «generar conocimiento sobre el estado del español y las comunidades latinas en Estados Unidos» inspira «informes mensuales de temas muy variados, sobre traducción, legislación, medios de comunicación y aspectos muy diversos, que se leen cada vez más y sirven de referencia, junto con los informes del U Research, que son más conocidos y generales».

Moreno Fernández destaca a los compañeros de viaje del proyecto: la Fundación Rafael del Pino, que aporta investigadores, y el Santander «que nos da todo su apoyo, su aportación es incondicional y nos permite trabajar. Sin ese fondo no podríamos existir». Entre los proyectos de interés destacan estudios que van desde la lecto-escritura a programas de medicina en español, muy necesaria en amplias zonas del país. El Observatorio realiza también el mapa anual del español en los EE.UU. «Tratamos de hacer un retrato de la comunidad con énfasis en algún aspecto diferente cada año. En 2016, año electoral, el tema era político y en 2017 el centro está en la educación».

Entre los cambios más recientes figura la vuelta de la enseñanza bilingüe en California, después de unos años de «English only». Mientras se atacan estatuas de Colón y Fray Junípero Serra en el país, Moreno Fernández afirma que es una «corriente iconoclasta limitada, que alcanza también a figuras como el general Lee. Afecta a muchos ámbitos. Yo lo interpreto como algo pasajero, fruto de grupos ideológicos radicales. Pero Estados Unidos tiene una gran población formada que sabe interpretar bien esas situaciones».

Sobre la influencia de la era Trump afirma que «las actitudes de los gobernantes influyen en la población, pero es difícil de calibrar hasta qué punto. Lo español está muy bien asentado en EE.UU., es parte ya de la identidad de varios Estados». Eso sí, admite que el trabajo del Observatorio «puede ayudar a mejorar todo esto».